- Portada
- 17 de abril de 2026
- Sin Comentarios
- 12 minutos de lectura
No toméis el nombre de “institut escola” en vano

Profesores y alumnos de la primera promoción del Instituto-Escuela en Miguel Ángel, 8, junio de 1924.Residencia de Estudiantes, Madrid. / Foto: Exposición Laboratorios de la nueva educación

Felipe de Vicente
La Ley de Educación de Catalunya establece en su artículo 75 las diferentes denominaciones de los centros de enseñanza públicos catalanes, introduciendo un nuevo tipo de centro: los llamados “institut escola”. Parece que fue una aportación personal del Conseller Maragall, por algo su padre fue profesor de Filosofía del Institut Escola del Parque de la Ciudadela durante la Segunda República. La introducción de esta nueva denominación tenía además un buen pedigrí “progre”, ya que suponía recuperar unos trazos de republicanismo y catalanismo en el modelo educativo catalán.
Pero, el Institut Escola anterior a la Guerra Civil, ni era republicano ni una muestra de pedagogía catalana. Además, era algo muy distinto a lo que son ahora los centros que pomposamente ponen en su puerta el cartel con el nombre de “Institut Escola”.
El primer Instituto Escuela fue creado por decreto de 10 de mayo de 1918, llevando la firma del Rey Alfonso XIII y la de Santiago Alba, ministro de Instrucción Pública en el gobierno del conservador de Antonio Maura. Alba pertenecía al ala más izquierdista del partido liberal. En cierto modo, el Instituto Escuela será una creación de los dos grandes partidos de la Restauración. Eso dice el artículo 1 del decreto: “Con los elementos del profesorado oficial y bajo la inspección y dirección de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, se organizará en Madrid, con el carácter de ensayo pedagógico, un Instituto-Escuela de segunda enseñanza…”
Sus raíces hay que buscarlas en la Institución Libre de Enseñanza y en una de las grandes creaciones de los institucionalistas: la Junta de Ampliación de Estudios, que hoy es el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Por lo tanto, no fue una institución republicana, sino monárquica. El hecho que se estableciera una sucursal del Instituto Escuela en Barcelona en 1932 no obsta que su origen sea muy anterior, 13 años antes de la caía de la Monarquía. Fue, como dice el decreto, un “ensayo pedagógico”, o sea un centro experimental para aplicar nuevas metodologías y para la formación del profesorado. El Instituto Escuela era, legalmente, un instituto “de segunda enseñanza” como entonces se denominaba. La novedad residía en que albergaba tres cursos de enseñanza primaria, llamados “preparatorios”, pues el objetivo era concebir una primaria que preparara bien a los niños para empezar el Bachillerato a los 11 años. El eje era el Instituto y no la escuela, por eso no se denominó “Escuela Instituto”.
El primer Institut Escola de Barcelona, el del Parque de la Ciudadela, fue creado por decreto de 9 de octubre de 1931 firmado por el Presidente de la República Niceto Alcalá Zamora. Por virtud de este decreto, el nuevo centro pasaba a depender de la Generalitat de Catalunya, con la salvedad de que tendrá “la organización y facultades que se establecen y disponen en el decreto de 10 de mayo de 1918 creando el Instituto Escuela de Madrid”. Posteriormente, la Generalitat, mediante otro decreto, concretaba todos los extremos del nuevo centro, desde su ubicación hasta el profesorado, que se habría de nutrir del cuerpo estatal de catedráticos de Instituto, excepto los llamados profesores complementarios, equivalentes a los actuales interinos.
Es cierto que el Institut Escola adoptó el catalán como lengua vehicular y una atención más especial al entorno catalán en sus planes de estudio, sobre todo en Historia y Geografía, pero la dependencia del modelo madrileño fue prácticamente total. Su director, durante casi todo el tiempo de existencia (falleció unos meses antes de acabar la Guerra), fue el catalán doctor Josep Estalella, catedrático de Instituto en Girona y Tarragona pero que había estado en el cuerpo docente del Instituto Escuela de Madrid. En octubre de 1931, el Consell de Cultura de la Generalitat publicó unas normas o principios pedagógicos por los que se iba a regir el centro, antes incluso de su aprobación que estaba en trámite. Pues bien, dichas normas eran una traducción casi literal de las que se habían publicado en 1925 para el Instituto de Madrid. Alexandre Galí, uno de los máximos exponentes de la pedagogía catalana, escribía lo siguiente “los hombres que compusieron las Normas hicieron pasar como cosa de la Generalitat lo que no era, sin la elemental cortesía de decir de donde sacaron los elementos para componerlas” (Història de les Institucions i del Movimente Cultural a Catalunya, 1900-1936, llibre III, pág. 250). Así que no parece que el Institut Escola sea un gran exponente de la pedagogía catalana. Más bien era la versión catalana del modelo pedagógico que defendían los institucionalistas madrileños. Para que quedara más clara esta dependencia, la denominación oficial del Institut Escola del Parque de la Ciudadela fue: Institut Escola de Segon Ensenyament Giner de los Ríos, que fue el fundador de la Institución Libre de Enseñanza.
Como el de Madrid, el Institut Escola era un centro de segunda enseñanza. No era en absoluto una Escola Institut. En los bajos del edificio del antiguo Palacio del Gobernador del Parque de la Ciudadela, donde se ubicó, estaba la sección de enseñanza primaria, pero, a diferencia del de Madrid (que legalmente formaba parte del Instituto Escuela), era en realidad parte de un grupo escolar de los creados por el Ayuntamiento de Barcelona. El decreto de 26 de octubre de 1931 de la Generalitat que concreta la organización del Institut Escola dice que este funcionará “acoblat” (ensamblado) a un centro de enseñanza primaria, que, por supuesto, tiene su propio profesorado, o sea, maestros. Tan sólo se pretende que exista una buena coordinación entre ambos. Pero, en la práctica, se podía ingresar en el Institut Escola desde el centro de primaria dependiente o desde cualquier otro de Barcelona. La admisión no era automática, ya que se exigía a los directores de los centros de primaria un detallado informe de los candidatos a iniciar el Bachillerato y sólo los que reunían cualidades intelectuales para seguir la segunda enseñanza podían iniciar a los 11 años el Bachillerato en el Institut Escola.
El profesorado del Institut Escola poco tiene que ver con los estándares que la Generalitat actual utiliza en sus Instituts Escola. El eje fundamental del claustro lo formaban los catedráticos que provenían del cuerpo estatal. Se incorporaban mediante comisión de servicio, tras un proceso de selección. Pero, tanto en Madrid como en Barcelona, se buscaron siempre a los mejores en su especialidad. A todos los catedráticos se les exigía dedicación completa, identificación con el modelo pedagógico y formación permanente. Pero en este último caso se priorizaba la de su especialidad. Se buscaron catedráticos que fueran, en primer lugar, buenos especialistas en su materia. Idénticos criterios se aplicaban para contratar a los profesores complementarios.
Veamos un ejemplo en el director del Institut Escola: Josep Estalella. Era catedrático de Física y Química. Su especialidad era la Física, siendo doctor desde 1902, con una tesis sobre los rayos X, una novedad entonces que él contribuyó a difundir en España, a través de un buen número de publicaciones científicas. Fue pensionado por la Junta de Ampliación de Estudios, lo cual favoreció que le ofrecieran la cátedra de Física y Química en el Instituto Escuela, en donde estuvo dos cursos académicos antes de aceptar la dirección de recién creado Institut Escola. Fue Presidente de la Sociedad Catalana de Ciencias Físicas, Químicas y Matemáticas. Unía su prestigio profesional de especialista con un gran interés por la didáctica de su materia, de la que fue también un gran maestro.
No fue el único. Manuel Mateo, también catedrático de Física y Química era miembro de la Sociedad Catalana de Ciencias Físicas, Químicas y Matemáticas y autor de buenos libros de texto. Juan Nogués Aragonés, catedrático de Francés que con tan sólo 22 años marchó como lector de español a Montpellier a propuesta de la Junta para Ampliación de Estudios y con la consideración de pensionado del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes. Joan Ras Claravalls fue catedrático de Matemáticas, luego sería el primer director del segundo Institut Escola creado por la Generalitat, el Ausias March; era un reputado científico que se exilió tras la Guerra. Josep Vergés y Fàbregas, catedrático de Latín, como editor y traductor de clásicos, estuvo muy vinculado a la Fundació Bernat Metge. En 1928 tradujo los poemas de Catulo, en 1930 los Discursos de Iseo de Atenas. Y así, un largo etcétera. Un lujo para los alumnos tener tan buenos especialistas en su centro. Que el profesor sea un buen especialista en su materia, eso sí es defender la enseñanza pública.
Por lo que respecta a la metodología, los Institutos Escuela adoptaron las novedades del momento, muy influidas por el filósofo norteamericano John Dewey del cual he tratado en otro artículo. No había exámenes, ni libros de texto que eran sustituidos por cuadernos del profesor, se estimulaba la lectura, las manualidades y lo que llamamos ahora actividades extraescolares y el contacto con la naturaleza, los ejercicios prácticos, p.e. de laboratorio, la música y el teatro. Los alumnos pasaban de curso sin que existiera la repetición. Pero hay que tener en cuenta que no había necesidad de atención a la diversidad, la gran mayoría de alumnos eran de clases medias profesionales y el acceso era rigurosamente seleccionado. No olvidemos que fueron siempre centros experimentales y no se pretendía imponer su metodología. Los profesores que allí se formaban podían tomar lo que consideraran más oportuno para sus futuros destinos. El plan de estudios era el oficial, y el currículum se organizaba siempre en materias. El fundamento de todas era la transmisión de conocimientos, aunque con unas didácticas muy renovadas. Algunas de las innovaciones entraron en los institutos posteriormente, mucho tiempo antes de la LOGSE, sin necesidad de grandes discursos pedagógicos.
El corto tiempo de existencia del Institut Escola hace difícil un balance global de su experiencia. Pero del Instituto Escuela, que funcionó más de 20 años, sí se puede hacer una valoración. La ha hecho un buen conocedor del tema, Salvador Doménech (“L’Institut Escola de la Generalitat i el Doctor Josep Estadella”, Barcelona, 1998). Reconoce que con los años hubo desmotivación por parte de algunos alumnos, ya que pasaban siempre de curso y obtenían siempre el certificado. Hubo entre el profesorado un progresivo abandono de algunas metodologías innovadoras por considerarse ineficaces, no había incentivos laborales para el profesorado que terminaba compaginando su trabajo con la docencia en otros centros y el plan de estudios terminó cada vez más estereotipado.
Ya se ve que el invento del Institut Escola de la LEC no tiene nada que ver con sus antecesores. En realidad, estos centros son simplemente Escoles Institut, en los que la enseñanza secundaria es subsidiaria de la primaria, al revés que en los históricos. Es una auténtica profanación llamar Institut Escola a estos centros y sería mejor no engañar a nadie y cambiarles el nombre por lo que verdad son: Escoles Instituts.
Fuente: educational EVIDENCE
Derechos: Creative Commons