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  • 9 de junio de 2026
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¿Es cristiano o socialista usar la IA?

¿Es cristiano o socialista usar la IA?

Imagen generada por IA.

 

Licencia Creative Commons

 

Antoni Hernández-Fernández

 

Ni la ciencia ni la tecnología están libres de ideología. La reciente encíclica Magnifica Humanitas, promulgada por el papa León XIV, introduce una postura que, lejos de ser tecnófoba, debería resultar incómoda y exigente, al menos a los católicos: la inteligencia artificial (IA) no es intrínsecamente contraria al cristianismo, pero su uso sin discernimiento moral sí lo es (León XIV, 2026). La reflexión de León XIV plantea que la IA puede amplificar tanto la dignidad humana como su degradación potencial. Para el Papa la tecnología no es el problema, sino la conducta implícita que guía su desarrollo, uso y aplicación, así como los riesgos de babelización de la sociedad.

León XIV ha articulado una crítica que establece un vínculo histórico profundo y de gran calado ecuménico al alinearse con las preocupaciones de su predecesor, León XIII. Ya en el siglo XIX, a través de la encíclica Rerum Novarum, León XIII analizó el impacto de la tecnología industrial sobre la dignidad del trabajo. En aquel contexto, marcado por el auge del socialismo y una creciente acumulación de poder en manos de los patronos, la Iglesia sentó las bases de su doctrina social frente a los desafíos de la modernidad y el capitalismo en auge (León XIII, 1891). La mecanización, entonces, amenazaba con reducir al trabajador a una mera pieza del sistema productivo. Y quizá ya la Revolución Industrial empezó a fusionar la fuerza de trabajo con los medios de producción, deshumanizando al obrero.

Hoy, la tecnología prosigue erosionando ese límite entre el obrero y la máquina, pero ahora a escala cognitiva: no se trata solo ya de sustituir manos, de robotizar el trabajo, sino también se ha empezado a automatizar lo que antaño fue exclusivamente humano, diluyéndose los reductos de la toma de decisiones, la creatividad e incluso, apunta ahora el Papa León XIV, el juicio moral. De hecho, León XIII adoptó —implícitamente, como es lógico— una de las tesis centrales de Marx sobre la técnica, la cual ha sido redescubierta recientemente con cierto adanismo por algunos filósofos y expertos en IA: la no neutralidad de la máquina. Según esta visión, el impacto social de la tecnología no reside en el artefacto en sí, sino en las relaciones sociales de producción que lo enmarcan. Bajo la lógica del capital, aquello que posee el potencial de liberar al trabajador termina mutando en una herramienta de explotación e, incluso, en una nueva forma de esclavitud. Eso sin considerar el impacto medioambiental global, alejado de las reflexiones decimonónicas, y también arrumbado en muchas argumentaciones actuales.

La analogía y la alerta de León XIV es clara pero inquietante. Si la revolución industrial deshumanizó el trabajo físico, la revolución digital podría deshumanizar el pensamiento y la fe. León XIV advierte que delegar decisiones éticas en algoritmos constituye una forma de abdicación moral (León XIV, 2026). En este sentido, el uso acrítico de la IA se convierte en una nueva forma de idolatría tecnológica: se confía en sistemas opacos como si fueran moralmente neutrales o, incluso, superiores al juicio y a los valores humanos. En una lectura muy contemporánea del primer mandamiento (“No tendrás dioses ajenos delante de mí”, Éxodo 20:3), permítanme interpretar la encíclica papal como una advertencia contra la absolutización de las nuevas formas de idolatría, donde la IA, el nuevo bellocino de oro, en una suerte de lo que Yuval Noah Harari denominó “dataísmo” (Harari, 2016). La IA se erige como principio rector de verdad y autoridad por encima de toda trascendencia, desplazando simbólicamente la centralidad de lo divino en los designios humanos, en favor del resultado del cálculo y la optimización de los grandes modelos de lenguaje (LLM), que generan palabras más allá de la Palabra de Dios, y reorganizan la experiencia humana bajo lógicas informacionales. Paradójicamente, me pregunto cuántos textos religiosos estarán en los sistemas de entrenamiento de los LLM.

Ahora bien, proclamar que usar IA no es cristiano sería una simplificación muy reduccionista, que tampoco se ajustaría al cauteloso mensaje de León XIV. La tradición cristiana no condena la técnica per se; más bien exige su subordinación al bien común y a la dignidad humana. También, por supuesto, a sus intereses. En términos teológicos, la IA podría interpretarse como la expresión más ambiciosa de la capacidad subcreadora del ser humano, esa dimensión de la imago Dei que lo impulsa a engendrar mundos y formas nuevas. Pero no como sustitutiva de la responsabilidad moral humana, que es lo que advierte el Papa León XIV.

La preocupación de León XIV no es nueva dentro del pensamiento cristiano contemporáneo. De hecho, la encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco ya denunció hace más de diez años un “paradigma tecnocrático”, donde la eficiencia técnica estaba sustituyendo a los valores humanos y la deliberación ética (Francisco, 2015). Asimismo, bajo una perspectiva más teológica, la anterior Caritas in Veritate de Benedicto XVI subrayó que el progreso tecnológico debía estar subordinado al desarrollo integral de la persona, y no al revés (Benedicto XVI, 2009). La Iglesia usa la tecnología, pero teme ya hace tiempo el contrapeso ideológico que representa, y su fuerza en la secularización social. Aunque lo mismo sucede con los partidos políticos y los movimientos sociales.

Desde el ámbito académico, pensadores como Jacques Ellul (1964) en The Technological Society, o Neil Postman (1992) en Technopoly,  ya habían argumentado en el siglo XX que la tecnología tiende a autonomizarse culturalmente, imponiendo sus propios valores. Más recientemente, Innerarity (2025) también reflexionó sobre los riesgos y las implicaciones de la automatización en la sociedad, con la IA como intermediaria. Esta crítica aconfesional converge con la doctrina social de la Iglesia: cuando la técnica deja de ser medio y se convierte en fin, se produce una inversión moral problemática.

Desde una lectura inspirada en la economía política marxista (Marx, 1867), podría sostenerse que la IA contemporánea está reconfigurando la relación clásica entre el trabajador y los medios de producción, hasta el punto de erosionar su separación conceptual y física, en una suerte de ciborgismo laboral. Si en el capitalismo industrial del siglo XIX el trabajador era el portador de la fuerza de trabajo frente a unos medios de producción externos (máquinas, fábricas, herramientas…), la progresiva integración de la informática y los sistemas de IA en los procesos productivos ha añadido funciones cognitivas, decisionales y creativas dentro del entramado técnico, diluyendo la frontera entre sujeto y dispositivo. Porque la IA no es una mera herramienta: actúa como agente.

En este marco, la educación juega un papel decisivo. Al orientarse crecientemente la formación hacia competencias (instrumentales, adaptativas y algorítmicamente mediadas), las escuelas que no fomenten el pensamiento crítico y social, así como una buena educación tecnológica, contribuirán a producir trabajadores adocenados, cuya actividad estará ya preconfigurada por sistemas técnicos, lo que podría interpretarse como una forma de subsunción más profunda del trabajo en el capital. Así, la subjetividad laboral se integra, funcionalmente, en los propios medios de producción, en lugar de enfrentarse a ellos como exterioridad. Al final, nadie se resiste. Nadie resiste.

Parafraseando a Marx (1867), la maquinaria, como ahora la IA, considerada en sí misma, acorta el tiempo de trabajo, mientras que, utilizada como capital, prolonga la jornada de trabajo; en sí misma, facilita el trabajo, pero utilizada como capital, aumenta su intensidad; en sí misma, es una victoria del ser humano sobre las fuerzas de la naturaleza, pero utilizada como capital, somete a las personas bajo el yugo de las fuerzas naturales, y también de esas fuerzas artificiales (de)generadas; en sí misma, aumenta la riqueza, pero utilizada como capital (ambiental, cognitivo, cultural, social…), nos empobrece.

La posición verdaderamente polémica, y quizá la más honesta, es ésta, desligada de ideologías políticas o de creencias religiosas: usar IA puede ser cristiano, o marxista, pero usarla sin conciencia crítica probablemente no lo sea. Automatizar decisiones que afectan a la justicia, la verdad o la dignidad humana, sin supervisión ética constituye, desde esta perspectiva, una forma de negligencia moral. Y también es ilegal, según el ámbito de actuación, al menos en la Unión Europea.

En definitiva, León XIV no prohíbe la IA a los católicos: la desmitifica. Los que la idolatren, pecan. Y, al hacerlo, nos obliga a una pregunta más incómoda: no se trata de si usar la IA es o no cristiano, sino si quienes la usan lo son, en su forma de hacerlo. Y, como lo polos opuestos se atraen, la misma reflexión sería aplicable al socialismo. ¿Tú con quién vas, con la máquina o con el obrero?


Referencias:

Benedicto XVI. (2009). Caritas in Veritate. Vaticano. https://www.vatican.va/content/benedict-xvi/es/encyclicals/documents/hf_ben-xvi_enc_20090629_caritas-in-veritate.html

Ellul, J. (1964). The technological society. Vintage Books.

Francisco. (2015). Laudato Si’. Vaticano. https://www.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

Harari, Y. N. (2016). Homo Deus: A brief history of tomorrow. Random House.

Innerarity, D. (2025). Una teoría crítica de la inteligencia artificial. Galaxia Gutenberg.

León XIII. (1891). Rerum Novarum. Vaticano. https://www.vatican.va/content/leo-xiii/es/encyclicals/documents/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html
León XIV. (2026). Magnifica Humanitas. Vaticano. https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/encyclicals/documents/20260515-magnifica-humanitas.html
Marx, K. (1867/1975). El capital: Crítica de la economía política. Libro I: El proceso de producción de capital. Siglo XXI Editores.  https://ia902808.us.archive.org/12/items/ElCapital.LibroPrimerovol.1K.Marx/El%20Capital.%20Libro%20primero%20%28vol.%201%29%20-%20K.%20Marx.pdf

Postman, N. (1992). Technopoly: The surrender of culture to technology. Vintage Books.


Fuente: educational EVIDENCE

Derechos: Creative Commons

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