- Portada
- 3 de junio de 2026
- Sin Comentarios
- 17 minutos de lectura
Sergi López: «Un actor, una actriz o cualquier persona deben estar implicados en el mundo donde viven»

Sergi López/ Foto: cortesía del autor
CARA A CARA CON
Sergi López, actor
Sergi López es uno de los actores catalanes con más proyección internacional del cine europeo contemporáneo. Nacido en Vilanova i la Geltrú se inició en el teatro amateur participando, entre otras experiencias, en representaciones de Els Pastorets. Después de empezar estudios teatrales en Barcelona, decidió marchar en Francia para formarse en la escuela de Jacques Lecoq, una etapa decisiva en su trayectoria artística y humana. Precisamente esta apuesta por la formación y el aprendizaje constante explica buena parte de la solidez interpretativa que ha demostrado a lo largo de los años.
En sus inicios teatrales compartió escenario con Toni Albà en montajes como BRAMS o La kumèdia de los herrors, obra que también escribieron y dirigieron juntos. Y es precisamente el mismo Toni Albà, amigo común y “culpable” de esta entrevista, quien hoy nos pone en contacto con Sergi López.
La carrera cinematográfica de Sergi empezó en Francia de la mano del director Manuel Poirier y obtuvo proyección internacional con Western y, especialmente, con Harry, un amigo que os quiere, film por el cual recibió el premio César al mejor actor, convirtiéndose en el primer intérprete no francés que obtenía este reconocimiento. Desde entonces ha combinado cine, teatro y televisión en catalán, castellano, francés e inglés, con interpretaciones memorables en films como El laberinto del fauno, Pan negro, Mapa de los sonidos de Tokyo o La boda de Rosa.
Empezaste haciendo teatro amateur en Vilanova i la Geltrú. ¿Cuándo supiste que la interpretación podía ser mucho más que una afición?
La es verdad que yo no cogí conciencia que la interpretación podía darme un trabajo estable hasta bastante tiempo después. De hecho el primer montaje con Toni Albà, BRAMS, nos compramos una furgoneta vieja e hicimos cuatro bolos o cinco, y lo que sí decidí enseguida era que aquello era lo primero que hacía con vocación profesional, pero no pensaba que durara mucho, no tenía conciencia de lo que hacía realmente. Después estuve haciendo teatro y empecé a hacer pelis, pero tampoco estaba seguro que la cosa durara mucho. Fue con el tiempo que poco a poco me di cuenta de lo que hacía. Y cuando vi en el año noventa y seis que los diarios de Cannes ponía Sergi López actor de cine vi que estaba considerado un actor profesional por la gente, pero yo lo decía con la boca pequeña pensando que quizás un día se me podía acabar el chollo.
Iniciaste estudios teatrales en Barcelona antes de marchar a Francia. ¿Por qué decidiste marchar allí y estudiar en la escuela de Jacques Lecoq? ¿Qué encontraste que no encontrabas aquí?
Bueno, pues conocí Toni Albà. Yo lo conocía de vista por Vilanova, lo había visto actuar y sabía que era un actor que vivía dos calles más abajo de mi casa. Lo había visto pasear con extranjeros, con actores amigos suyos y artistas. Así que un día lo fuimos a buscar al haber hecho un curso de payasos en Barcelona. De hecho con los cursos de teatro yo no tenía bastante y quería actuar en un teatro con gente y con público.
¿Y qué le dijiste a Toni?
Queremos hacer un número de payasos, ¿nos podrías ayudar? Y lo conocimos e hicimos BRAMS. Y allí Toni nos habló de la escuela de Jacques Lecoq en Francia, que era una escuela muy cara, pero que si podíamos ahorrar merecía la pena. Y cuando pude ahorrar pensé, tengo pasta, me voy allá y me lo gasto todo
El talento ¿llega o se trabaja? ¿Qué papel han tenido para ti el esfuerzo y la disciplina?
(Hace una pausa larga) Para mí el esfuerzo y la disciplina es un precio que se tiene que pagar, pero lo que a mí me ha salvado ha sido la pasión. Yo soy un manta, no me gusta trabajar y el esfuerzo y la disciplina son conceptos que me dan dolor de cabeza, que no me gustan nada, pero como tengo la pasión y la vocación por la profesión de actor, esto me puede y me hace trabajar con disciplina y esfuerzo…, porque lo necesitas. Al final te tienes que formar y tienes que ser racional con disciplina y rigor. Lo que es innegociable es la pasión.
«Como que tengo la pasión y la vocación por la profesión de actor, esto me puede y me hace trabajar con disciplina y esfuerzo…, porque lo necesitas. Al final te tienes que formar y tienes que ser racional con disciplina y rigor»
¿Y el talento?
El talento es un concepto intangible, lo vas descubriendo con el tiempo, se alimenta, lo haces crecer. Incluso en el fútbol puedes tener talento, pero sin una pelota, cómo lo expresas. El talento necesita un terreno de juego donde ponerlo en práctica y en teatro no lo puedes hacer solo y te tienes que formar, te tienes que enriquecer. Incluso los autodidactas como Pepe Rubianes, han aprendido actuando ante el público.
¿Y en tu caso?
Pues cuando fui a Lecoq pensaba que no pasaría del segundo año y que me dirían, venga, vuélvete hacia Vilanova. Pero fui haciendo crecer el talento y lo que me salvó la vida fue encontrar una pasión en el oficio de actor. Con el tiempo me voy dando cuenta que debo de tener cierto talento para actuar, pero que cuando interpretas no siempre estás del todo inspirado y que no se acaba nunca. Siempre estás intentando buscar una naturalidad, una verdad que a veces no te sale bien.
En tus inicios compartiste proyectos teatrales con Toni Albà. ¿Cómo recuerdas aquella etapa y que ha significado su amistad a lo largo de los años?
Le debo todo. Es un tío que cuando yo lo conocí él salía del Lecoq, estaba muy motivado, bien, él siempre ha sido un tío muy motivado en general, y Toni nos abrió las puertas del Paraíso. El mismo día que lo conocimos nos dijo: quedamos en casa y mañana empezamos a improvisar. Y así Toni nos fue estirando y nos fue descubriendo que la improvisación es una herramienta brutal para crear teatro. Esto me cambió la vida, me abrió los ojos y me dio esperanza siendo yo una persona que no tenía buenos estudios, que era poco disciplinado y no muy amante del esfuerzo, pero que ahora veía que podía crear teatro.
«Cada vez me cuesta más diferenciar entre actuar e improvisar. Aunque no cambies el texto, lo haces como si fuera por primera vez y haces cambios»
¿Improvisas a menudo?
Sí, cada vez me cuesta más diferenciar entre actuar e improvisar. Aunque no cambies el texto, lo haces como si fuera por primera vez y haces cambios.
¿Qué papel tuvo en tu vida el director Manuel Poirier?
Pues tanto como Toni Albà. Han sido gente que tenían mucho que enseñarme y Poirier fue otro. Él buscaba un personaje para una película, La novia de Antonio (1992), pero no trabajaba de manera metódica buscando actores fiables, técnicos o profesionales, sino que buscaba personas. Buscaba un personaje de un joven de veinticinco con acento español y entré en el mundo del cine sin darme cuenta.
Y así hasta un buen puñado de películas con en Poirier
Sí, exacto. Pero es que yo no había hecho cine y los primeros pasos fueron con él con una manera de rodar muy particular. Poirier no quería personajes construidos. Él no quería ver actores, quería humanidad, quería ver personas. Con el tiempo me doy cuenta de la importancia de entrar al cine por la puerta de la actuación natural, de improvisar y de adaptarme a las situaciones gracias a este director. Esto fue una gran escuela para mí, una experiencia brutal.
Fuiste el primer actor no francés en ganar el César al mejor actor por Harry, un amigo que os quiere. Por cierto, tengo el DVD en casa. ¿Qué representó personal y profesionalmente aquel premio?
(Pausa larga otra vez) Pues todavía no lo sé, fue un poco extraño. No supe qué cara poner con un premio. Yo supongo que la gente que hace deporte o trabaja con competición les será más fácil entender un premio, pero en el trabajo artístico no se determina claramente quién es mejor para un premio. Con el César me quedé un poco sorprendido sin saber que me estaba pasando y con el tiempo fui siendo consciente.
«Mi fama se fue haciendo ella sola a partir de formarme en aquella escuela, Lecoq, en París»
¿Piensas que nadie es profeta en su tierra?
No, no pienso que nadie es profeta de su tierra. Mi fama se fue haciendo ella sola a partir de formarme en aquella escuela, Lecoq, en París. Yo no me fui para triunfar, solo me surgió un trabajo, pude ahorrar y me fui a Francia. El resto vino de retruque y en ningún momento me he sentido poco reconocido en mi casa. Soy extremadamente afortunado de cómo la vida me ha tratado.
¿Alguna vez has pensado que un premio de cine o de teatro se ha concedido a alguien que no lo merecía? ¿Por qué crees que, a veces, pasan estas situaciones en el mundo cultural?
Pasan porque es imposible ser justo con los premios artísticos. Todos los premios son injustos. Dar un premio al mejor actor o a la mejor actriz es ponerse en camisa de once varas. Por ejemplo, a mí me dieron el premio César al mejor actor europeo por la peli Harry, pero recuerdo que también estaba nominado un gran actor alemán, Bruno Ganz, quien tenía un recorrido mucho más largo que el mío, pero me dieron el premio a mí. ¿Qué pasó? Pues que la película Harry la habían visto dos millones de espectadores y la suya cien mil, y es así de cruel. Los premios son lo que son, es promoción, es marketing. Por lo tanto el mejor actor, y como concepto, no existe. Todos es muy voluble y muy intangible.
¿Alguna vez te ha venerado alguien importante de la profesión?
Una vez me encontré a Michel Piccoli y se me pone de rodillas por mi papel en Harry y le dije: ‘no, no, por favor, levántese’. Y te diré que cuando te encuentras trabajando con alguna estrella importante, al cabo de diez segundos te das cuenta de que es una persona como tú, una persona normal. Sí que me hubiera impresionado conocer a Dario Fo, pero nunca he tenido ídolos concretos.
¿Ni con el fútbol?
No, ni con el fútbol tampoco.
Has interpretado papeles muy diferentes: personajes inquietantes como Harry, un amigo que os quiere, autoritarios como El laberinto del fauno, o registros más íntimos y humanos como Pan negro o La boda de Rosa. ¿Hay algún personaje o género que todavía no hayas interpretado y que te gustaría explorar?
No, no. Sí que me doy cuenta que en teatro, siempre de creación propia, quiero decir, cosas que hemos escrito, siempre acaba saliendo mi yo cómico. En cambio en cine no he hecho demasiadas comedias, pero tampoco es que tenga un deseo de hacer papeles cómicos en este género, tampoco lo pido. Mientras pueda continuar haciendo películas y teatro en papeles donde me guste implicarme, este oficio lo encuentro un «chollo».
«Mientras pueda continuar haciendo películas y teatro en papeles donde me guste implicarme, este oficio lo encuentro un «chollo»»
En una trayectoria tan larga debe de haber éxitos, pero también decepciones y frustraciones. ¿Qué momento ha sido el más difícil para crecer profesionalmente y personalmente?
No, no me ha pasado nunca porque justamente, y volvemos a Toni Albà, con él descubrí mi capacidad de inventar teatro. Y así me ha ido, siempre he podido hacer teatro y no me han faltado papeles que representar. Hasta el punto de ir a alguna prueba de papel de cine y ver que no me encajaba y con la directora decirnos, esto no nos va bien. Ya sé que doy un poco de rabia, soy un mal ejemplo y siempre me ha ido todo bien.
La familia, los amigos y los compañeros de profesión a menudo son determinantes en una carrera artística. ¿Hasta qué punto tu entorno ha sido clave para que hayas podido mantenerte fiel a ti mismo?
Pues quienes nombras han tenido un papel determinante, pero tampoco esencial dado que me ha venido de fábrica gran parte de las cosas. Mi madre, mi pareja, mi hermano, mis hijos y mis amigos más íntimos, les ha hecho ilusión cuando me han ido bien las cosas, pero tampoco me han idolatrado nunca. El hecho de vivir rodeado de personas que valoran quién eres y no el éxito profesional, me ha hecho tener los pies en el suelo lo cual siempre me ha ido bastante bien. También muchas de las películas que he hecho han sido en francés o de autor, y tampoco les han gustado mucho a mis entornos próximos. El teatro es diferente y cuando la gente ríe, esto va a misa y queda claro que gusta.
Además de tu trabajo artístico, has mantenido compromiso con varias causas sociales. ¿Crees que los actores tienen una responsabilidad pública más allá del escenario o de la pantalla?
Sí, sí, así es, con la idea que cualquier ciudadano, todo el mundo, tiene una responsabilidad política respecto de la gente que lo rodea. Y es verdad que los actores y las actrices se nos otorga como un poder, una megafonía donde eres una referencia de alguna manera y esto es una responsabilidad. Un actor, una actriz o cualquier persona tienen que estar implicados en el mundo donde viven.
Para acabar: ¿cuál es el último proyecto, obra, película o iniciativa que ahora te ilusiona?
Pues mira, precisamente ahora un amigo mío y yo estamos intentando escribir un guion para un largometraje de cine.
¿Alguna pista?
Bien, es un proyecto donde la ambición no está. Primero hay que escribir el guion e ir paso a paso. La intención es escribirlo, dirigirlo, protagonizarlo, hacerlo todo. La pista que te puedo dar es que será una comedia en la que salen personajes vestidos de demonios de Els Pastorets.
Como cuando empezaste haciendo teatro amateur en Vilanova con Els Pastorets.
Sí, y espero que no sea la última actuación. Que te vaya bien, «Rabadà2«.
___
2 Rabadà es uno de los dos pastores cómicos protagonistas de Els Pastorets, y el apellido del entrevistador.
Fuente: educational EVIDENCE
Derechos: Creative Commons
