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- 10 de junio de 2026
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Josep Santesmases i Ollé: «En casa me inculcaron la costumbre de leer»

Josep Santesmases y Ollé. / Foto: Cortesía del autor
CARA A CARA CON
Josep Santesmases i Ollé, presidente de la Coordinadora de Centres d’Estudis de Parla Catalana, del 2000 al 2024
En un país donde la cultura a menudo ha sobrevivido gracias al esfuerzo discreto pero persistente de personas comprometidas, el nombre de Josep Santesmases y Ollé ocupa un lugar destacado. Escritor, historiador, articulista y activista cultural, su trayectoria se ha construido al margen de los caminos académicos convencionales, pero con una constancia y una profundidad que lo han convertido en una voz respetada dentro de la cultura catalana. Josep Santesmases y Ollé (Vila-rodona, Alt Camp, 1951) es una figura destacada del panorama cultural y asociativo catalán, especialmente en el ámbito de la historiografía local, los estudios culturales y la dinamización de la cultura catalana.
Es autor de más de una veintena de libros que abrazan textos de investigación histórica, ensayo, prosa poética y narrativa, así como más de un centenar de artículos de investigación y más de ochocientos en prensa a lo largo de décadas de dedicación a la cultura escrita y a la reflexión crítica. No nos tiene que extrañar pues que Santesmases haya logrado ser presidente de la Coordinadora de Centres d’Estudis de Parla Catalana (CCEPC) entre los años 2000 y 2024. Sin duda Santesmases, a pesar de que su humildad y timidez no os lo querrá manifestar, ha liderado la expansión de las entidades adheridas a la Coordinadora promoviendo congresos, publicaciones, actividades de investigación y divulgación de la historia y cultura de las Tierras de Habla Catalana.
En este camino de activismo cultural también ha sido vicepresidente del Instituto Ramon Muntaner y miembro del consejo de redacción y dirección de publicaciones de la revista Frontissa, Plecs d’història local y del suplemento Canemàs. Al cabo de los años Santesmases ha evolucionado con el deseo de romper sus propias fronteras literarias. Así, y como escritor, ha pasado de la investigación histórica a diferentes géneros como la poesía y la prosa poética. Ejemplos han sido obras como Santes Creus i les terres del Gaià, Entre el cel i la terra o los dietarios y ensayos Els paisatges trobats, El temps viscut. Entre la història i la memòria y Més enllà de la teva mort, incluso ha trabajado la ciencia ficción con la novela Monverd, el primer planeta (2024). En conjunto su obra, que he leído profusamente, se ha caracterizado por una curiosidad intensa por la historia colectiva y la cultura local, así como por una sensibilidad hacia el patrimonio cultural de los Países Catalanes y la lengua propia. Este compromiso ha quedado reconocido con galardones como el premio Antoni Carné de l’Associacionisme Cultural Català, honor que lo distinguió por su trayectoria y dedicación en la promoción y defensa de la cultura catalana más allá del ámbito académico.
Lo más sorprendente de esta gigantesca mente es que nunca ha pasado por formación universitaria alguna por lo que su trayectoria ha sido consecuencia de un profundo y forjado autoaprendizaje que ha superado a grandes expertos nacionales en estudios culturales, historiografía y literatura. Su actividad editorial, de investigación y de asociacionismo lo testimonian. En fin, Santesmases ha construido una obra extensa y diversa, a la vez que ha ejercido un papel clave en instituciones como la Coordinadora de Centres d’Estudis de Parla Catalana, el Instituto Ramon Muntaner o diferentes espacios editoriales y asociativos. Hablamos pues con él sobre esfuerzo, autoformación, literatura, patrimonio, futuro y compromiso cultural.
¿Qué papel tuvo tu familia, el entorno y tu educación de joven y adolescente en la construcción de tu compromiso cultural e intelectual?
Hacia la segunda mitad de los años sesenta, culturalmente cambiaron las cosas. Cuando menos lo que nos llegaba. Había un espíritu de crecimiento cultural esperanzado fuera de las estructuras y la carcasa del régimen franquista. En casa me inculcaron la costumbre de leer. Siempre tuvimos periódico y hacia los 12 años me subscribieron a Cavall Fort que lo esperaba y lo leía con deleite. De la escuela y del maestro que tuve durante más de cinco años —Francesc Cortiella y Òdena—, valoro sobre todo las actividades: hacer una revista, un museo, teatro, exposiciones, el pesebre, las excursiones… Un poco más mayor, a finales de los sesenta, me subscribí a la revista Oriflama. Un hecho importante para los jóvenes sensibilizados de aquella época fue la Nova Cançó: sentir canciones del presente comprometidas y en catalán a través de los discos, un poco en la radio y yendo a recitales…
Tu obra y actividad muestran una sensibilidad muy afinada hacia el patrimonio cultural catalán. ¿De dónde crees que nace esta curiosidad y esta mirada tan atenta en el territorio y a la memoria?
Hay un factor en la educación recibida, en casa, en la escuela también, que te infunden la curiosidad por la cultura y el patrimonio. De buen inicio combino el ámbito más local con los inputs que llegan de fuera, leyendo y escuchando. La curiosidad genera preguntas que nunca te dejas de hacer y las ganas de conocer el mundo que te rodea. Conocer bien el ámbito local, el territorio que confluye, es una medida para interpretar el mundo. El lugar donde vives es, como todas partes, un ámbito humanizado, por lo tanto con memoria. Muy pronto me cautivó conocer cosas del pasado, dar valor a la historia y la memoria.
«Conocer bien el ámbito local, el territorio que confluye, es una medida para interpretar el mundo»
¿Cuándo nace tu interés profundo por las obras literarias y la escritura? ¿Recuerdas algún momento o lectura que te marcara especialmente?
Toda mi etapa escolar la hice en castellano, a pesar de que en el pueblo todo el mundo hablaba catalán. Y con el maestro nos debíamos de relacionar en catalán. A pesar de que no nos enseñaron la lengua propia, bien pronto empecé a escribirla. Y hacia los 19 años empecé a escribir poesía, evidentemente en catalán. Y empecé a comprar libros. Iba a menudo a una librería de Valls—la librería Alt Camp regentada por Ignasi Moncunill— y me pasaba mucho tiempo allí. En parte, a través de la Nova Cançó conocí a poetas de los cuales después compraba sus libros. Nunca he dejado de leer literatura. No podría concretar ninguna obra literaria en especial que me haya influido especialmente: es el conjunto de cuanto he leído lo que conforma el poso acumulado, el que de alguna manera enriquece el pensamiento personal. Pero de joven, en aquella primera poesía que no he publicado nunca, creo que me influyó la “Pell de brau” de Salvador Espriu.
Sobre tu esfuerzo personal y profesional, ¿cómo fue tu camino hacia la cultura catalana y qué te impulsó a dedicar tu vida profesionalmente?
Profesionalmente hasta hace 20 años me gané las algarrobas en una actividad artesanal.
¿De carpintero, verdad?
Sí —la carpintería familiar—, y al margen de la dedicación e implicación en proyectos culturales diversos y continuados que me ocupaban el tiempo libre, a pesar de que a menudo y a a razón de mis responsabilidades en la presidencia de la Coordinadora de Centres de’Estudis de Parla Catalana (CCEPC) y la vicepresidencia del Instituto Ramon Muntaner (IRMU), cada vez más tenía que dejar mi ocupación profesional para asistir a actas o reuniones. Hará cosa de unos veinte años coincidieron en el tiempo problemas de visión con una necesidad creciente de implicación en las responsabilidades a la CCEPC y la IRMU, que pedían estar presente en lugares de todos los territorios de habla catalana. Y aquí empezó mi dedicación exclusiva al ámbito de la cultura.
Muchos reconocen tu trayectoria como una formación a partir del autoaprendizaje y la constancia. ¿Cómo viviste esta manera de aprender fuera de los estudios universitarios formales?
Es difícil concretarlo, aun así lo más importante son las ganas, el interés por aprender lo que no te han enseñado, hacerte continuamente preguntas, tener curiosidad de profundizar y no quedar satisfecho con las distracciones que en cada época te ofrecen. Ganas de leer, de conocer, por ejemplo, la obra literaria de autores de tu cultura y también universales. Por otra parte, creo que en el transcurso de mi vida han sido importantes las ganas, casi innatas, de participar, de crear, de comprometerme, de aceptar propuestas y de conocer otras realidades culturales. De este modo, sin dejar nunca el compromiso local, entre 1987 y 1998 ocupo la vicepresidencia y la presidencia del Instituto de Estudios Vallencs y más adelante doy el salto a ámbitos de alcance nacional, como he expresado. Nunca me ha dado pereza participar en actividades y lugares muy distantes de mi villa natal. Casi puedo afirmar que más bien me he alegrado cuando me han invitado a participar, porque entre otras cosas, sabía y sé que el contacto con otras realidades culturales y territoriales enriquece mucho.
«En el transcurso de mi vida han sido importantes las ganas, casi innatas, de participar, de crear, de comprometerme, de aceptar propuestas y de conocer otras realidades culturales»
Respecto de tu obra literaria inicial, ¿qué especialidad dirías que es principal para ti en el mundo de la historia y por qué te introdujiste?
Aparte de aquel periodo juvenil en el que escribo poesía, a principios de los año ochenta empiezo a hacer investigación y a publicar en el ámbito de la historia local. Durante años formo parte del equipo de trabajo del Museo de mi pueblo, empiezo a consultar documentación parroquial y municipal y todo ello me atrae mucho. Resumiendo podría decir que he publicado varios libros y muchos artículos de historia circunscritos en la época contemporánea y también en la parte final de la época moderna, y que mi interés primero ha sido contemplar cómo nacía, cómo vivía y cómo moría la gente normal y corriente. Cómo se organizaba familiar y socialmente, a qué se dedicaba laboralmente y en muchos casos cómo asumía y cómo sufría las decisiones de los poderes superiores.
Durante los últimos años has escrito prosa poética y poesía, ¿qué te llevó a pasar de la investigación histórica y los ensayos a la poesía e incluso a la novela de ciencia ficción con Monverd, el primer planeta?
Dicen que los escritores siempre escriben el mismo libro. La investigación histórica, el conocimiento geográfico e histórico de mi entorno inicialmente me lleva a escribir poesía, prosa poética y prosa ligada a espacios territoriales de mi entorno, que conozco bien. Hacerlo literariamente me permite profundizar en las percepciones del que conozco, a expresar sentimientos, pensamientos y reflexiones, a formular mis convicciones, a crear “belleza” a través de las palabras encadenadas, algo que en el ámbito de la historia no es posible hacer del mismo modo porque te debes a la interpretación de las fuentes documentales. Aun así, no he dejado nunca la investigación histórica. Una disciplina alimenta la otra. También es a través de los artículos de opinión cómo reflejo mi experiencia vital y mi observación del mundo en el que me ha tocado vivir, no desde el juego político partidista, sino desde un compromiso sereno que intenta expresarse libremente desde la austeridad y la profundización. Hasta llegar, como dices, a formular literariamente en forma de novela una utopía en una ficción que tiene por escenario hipotético otro planeta.
«He entendido que vivir austeramente, sin que te falte nada necesario, te proporciona tiempo, lucidez y humildad, bienes todos ellos muy preciados»
Hay un hilo conductor en todos tus libros que hablan de cultura, memoria e identidad. ¿Cómo lo definirías?
Supongo que es el hilo conductor implícito en mi vida, en mis convicciones. Cada vez más creo que la vida es un don precioso y que cada vida es única. Solo vivimos una vez y por tanto creo que lo más importante, a partir de las circunstancias personales y temporales de cada cual, es profundizar en las calidades de nuestra condición humana, que solo se puede obtener a través del compromiso contigo mismo y con la sociedad. El sistema predica lo contrario: entender la vida como una aspiración insaciable de consumo y distracción de todo tipo. A las alturas de la vida en las que me encuentro, he entendido que vivir austeramente, sin que te falte nada necesario, te proporciona tiempo, lucidez y humildad, bienes todos ellos muy preciados.
Uno de los aspectos más impresionantes de tu trabajo es tu extenso archivo fotográfico y documental. ¿Cómo nació esta pasión por conservar imágenes y materiales del pasado y qué te ha impulsado a preservarlo con tanta constancia?
Es algo, la fotografía, que en parte va ligada a aficiones juveniles y en parte al ámbito de la investigación histórica. Hace casi 58 años que hago fotografías y desde siempre he fotografiado el mundo que me rodea, sea el paisaje, mi entorno local, las actividades que se desarrollan y todo aquello más relevante que ocurre. Y siempre he considerado a las fotografías como documentos únicos. Ahora, cuando presento alguna exposición con imágenes que rondan el medio siglo, acabas de entender el valor que tiene haber conservado todos los negativos. Aparte hay toda la documentación que hemos conservado familiarmente y toda la que hemos guardado, casi como hacen las hormigas. Cosas que en el momento de recogerlas no darías importancia pero que con el paso de los años acaban siendo documentos únicos que definen la actividad de una época.
¿Qué ha sido el papel de la Coordinadora de Centres d’Estudis de Parla Catalana en el impulso de la cultura local y cómo valoras tu aportación durante más de dos décadas como presidente?
Sobre todo a partir de principios de la transición se crean muchos centros de estudios locales y comarcales, siguiendo inquietudes anteriores a la guerra civil de conocimiento del país y también a partir de modelos creados en la posguerra que miran de rehacer, en la medida de lo que es posible, un asociacionismo que tiene como objetivo fundamentar los valores del conocimiento histórico, geográfico… del entorno local o comarcal y de preservar su patrimonio. Hacia finales del años ochenta existían muchos centros de estudios constituidos con inquietudes y problemáticas parecidas. Y a principios de los años noventa, a partir de un congreso celebrado en Lleida, se ponen las bases de la constitución de una entidad federativa que hoy ya aglutina más de 150 centros de todos los territorios del ámbito lingüístico, desde Elna en Guardamar y desde Fraga en Maó.
Desde la fundación de la CCEPC y más adelante de la constitución del Instituto Ramon Muntaner, en 2003, fundación creada por la Generalitat de Cataluña y la CCEPC —actualmente también con la participación de la Federación de Ateneos de Cataluña— ha comportado un crecimiento impresionante de creación de entidades, de actividades, de investigaciones publicadas, de muchas formas de difundir la cultura, el conocimiento, el patrimonio, de sensibilización, etc. Y se han articulado muchos proyectos colectivos en jornadas, congresos, publicaciones, exposiciones, investigaciones, con convenios y complicidades con universidades, administraciones públicas y con instituciones culturales, de un valor ingente, impensable sin las estructuras creadas en 1992 y 2023. Personalmente formo parte de la primera junta de la CCEPC, y tras un paréntesis me piden que vuelva a entrar y en un determinado momento me preguntan si quiero optar a la presidencia, cosa que nunca había, ni hipotéticamente, imaginado. Y cada cuatro años en las asambleas correspondientes renuevo el cargo. Ahora que ya hace dos años que dejé la presidencia, pienso que personalmente me ha enriquecido muchísimo, he conocido a mucha gente de muchos lugares diferentes y por otra parte, seguramente he procurado ejercer el cargo con responsabilidad, mirando de asimilar propuestas e inquietudes que llegaban u observaba y de promover proyectos comunitarios, consensuados que aportaran beneficio local, nacional, cultural y patrimonial.
También has estado vinculado al Instituto Ramon Muntaner y a otras publicaciones como Frontissa. ¿Cómo ha influido esta tarea editorial en tu compromiso cultural?
Cómo he explicado, la CCEPC y la IRMU funcionan coordinadamente, cada cual desde su estructuración propia, para apoyar a los centros de estudios. Haber contribuido en la constitución de la IRMU, mirado en perspectiva, es de las cosas que valoro más de mi vida, en el ámbito de la cultura. Cuando llego a la presidencia de la CCEPC recupero la edición de la revista Frontissa como boletín de la cual ya se han publicado cincuenta números, pero a partir de 2021, realizamos una apuesta por una versión digital más amplia, con nuevas secciones y con la participación de centenares de personas que han escrito desde lugares muy diferentes, opinando o dando a conocer contenidos patrimoniales, geográficos, literarios, promoviendo reconocimiento a personas de gran valía que ya no están con nosotros, de una a punta a la otra del país. Y en 2007 me proponen codirigir Plecs d’història local, suplemento de la revista L’Avenç a partir del número 124. Hemos llegado ya al 200 y la experiencia ha sido muy positiva y creo que muy bien valorada. A nivel personal solo puedo decir que he aprendido mucho y que es un placer haber contribuido a hacerlo posible.
«Me pregunto en el libro: ¿qué hacíamos seis o setecientos novios en la isla de Lanzarote?»
Tu último libro, Servir a què?, ¿qué aporta de nuevo a tu obra y qué mensaje o reflexión quieres compartir con los lectores de este texto?
Servir a què? es un libro basado en la correspondencia que escribí a mi familia durante el servicio militar que me tocó hacer en las islas Canarias, entre 1973 y 1974. Estuve once meses sin poder ir a casa. Son las transcripciones de las cartas, debidamente revisadas y corregidas, con unos comentarios escritos desde el presente en los cual utilizo también fragmentos de las cartas que yo recibí, como un tipo de diálogo entre el mundo que había dejar forzadamente y las experiencias que me tocaron vivir. Como explico, se trata de mirar de poner uno de los muchos ejemplos posibles de cómo y de qué manera te robaban una parte de tu vida, cómo te rompían la actividad juvenil que te llenaba y cómo tenías que dejar la actividad laboral que ejercías. Y también se trata de mostrar la inutilidad en la que vivíamos. Me pregunto en el libro: ¿qué hacíamos seis o setecientos novios en la isla de Lanzarote? Todo ello, ya desde entonces, me llevó a creer en los valores de la paz y no de la guerra, de la cultura y no del militarismo, para resolver los problemas de la humanidad.
La cultura catalana y su patrimonio son tu trasfondo inspirativo, ¿cómo ves el futuro de la cultura catalana en un contexto dominado por los grandes poderes económicos, mediáticos y políticos? ¿Qué papel puede jugar la cultura de base?
Creo que la cultura de base, desde todos los ámbitos temáticos y territoriales juega ya un papel importante. Es cierto que siempre podría ser más potente, sobre todo si se considerara más desde los medios de comunicación y se valorara más y mejor desde algunos estamentos políticos y administraciones públicas, pero la pregunta que a veces he hecho es esta: ¿y si no existiéramos como colectivos humanos que conforman una inmensa red asociativa cultural?
Josep, muchas gracias por compartir con nosotros tu experiencia, tu pensamiento y este compromiso sostenido con la cultura catalana, construido desde la perseverancia, la curiosidad y el aprecio por el país. ¿Qué te preocupa de este?
Hay cosas que preocupan, ciertamente. Una es la legislación estatal que nunca favorece la cultura y la lengua propia de este país, las actitudes políticas que creen que el anticatalanismo fácilmente rinde réditos electorales, y todo un sistema judicial obsesionado, no solo en la unidad territorial del estado, casi de inspiración divina, sino también en la uniformidad de sus ciudadanos, a partir de las cuales interpretan y aplican las leyes, las cuales tampoco en muchos casos son favorables para promover la riqueza de todas las lenguas y culturas.
Aparte de esto hay otras cosas que también me preocupan, que podríamos entender como frivolización de la cultura. Pondré solo un ejemplo en el ámbito literario. Y es comprobar cómo poco a poco, y ya muy descaradamente, cada vez se habla menos de literatura y más de los libros más vendidos, de los más mediáticos. Cada vez más aparecen libros de autores que han cogido fama en las pantallas y en determinados medios, los cuales responden a apuestas económicas. Libros que acostumbran a ser premiados e infinitamente más publicitados en los medios públicos, diría que incluso gratuitamente. Todo esto va ligado a una disminución de las humanidades en el ámbito educativo, hecho que creo, y quisiera equivocarme, que como sociedad lo pagaremos caro, si es que ya no lo estamos pagando.
Fuente: educational EVIDENCE
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