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  • 20 de mayo de 2026
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Eduardo Moga: «Rimbaud fue el mejor poeta de su tiempo»

Eduardo Moga: «Rimbaud fue el mejor poeta de su tiempo»

Eduardo Moga. Foto cedida por el autor

 

Licencia Creative Commons

 

Andreu Navarra

 

Eduardo Moga (Barcelona, 1962) es poeta, escritor, ensayista, licenciado en Derecho  y licenciado y  Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona. Imposible resumir aquí su obra, pero dejaremos consignado que reunió su poesía en los tres volúmenes de Ser de incertidumbre. 1994-2023 (Dilema). Acaba de publicar una edición de El barco ebrio y otros poemas, de Arthur Rimbaud, cuya obra ha estudiado y traducido, en las prensas de la Universidad de Extremadura.

 

Cubierta del último libro de Eduardo Moga

¿Cuántos libros llevas publicados en los dos últimos años?

No muchos: solo mi poesía reunida (Ser de incertidumbre, en tres volúmenes), mi tesis doctoral (El esplendor y la amargura. La poesía de Basilio Fernández), cinco traducciones (de Arthur Rimbaud, Sharon Olds, Edgar Lee Masters, Harold Norse y Jay Wright), dos reediciones (de sendos poemarios, Dices y Poemas enumerativos) y un libro de viajes (La vuelta al mundo en 80 museos).

¿Quién era Arthur Rimbaud? ¿Qué era?

Rimbaud era el hijo de una familia francesa —quizá debería decir solo madre, porque su padre, militar, los abandonó cuando el futuro poeta solo tenía seis años— católica y muy conservadora, dotado de una inteligencia, un talento verbal y una sensibilidad excepcionales, que se dio, a lo largo de corta vida, a la poesía, el vagabundaje, la absenta, las sustancias psicotrópicas, el esoterismo, los amores turbulentos con Verlaine, la vida en África y el tráfico de armas. Fue el mejor poeta de su tiempo —y aún sigue siéndolo del nuestro— y uno de los padres de la poesía contemporánea.

«Arthur Rimbaud sustenta la poesía contemporánea como el aire sustenta el vuelo de los pájaros: sin que se note, pero sin que pueda ser de otra manera. No hay lírica sin Rimbaud». ¿Esto es cierto?

Sí.

«Traducir a Rimbaud no es moco de pavo»…

En efecto, no lo es. En su caso, las dificultades se acentúan no solo por las referencias a realidades sociales y culturales ya considerablemente alejadas en el tiempo, sino también por el carácter visionario —y hasta cabría decir que alucinatorio— de muchas de sus composiciones, una condición propiciada, como he dicho, por el consumo de alcohol y diversas sustancias lisérgicas, y por el entendimiento mágico —o esotérico— de la realidad que tenía, o pretendía, el poeta. Rimbaud gustaba, además, de inventar neologismos. Como tantos otros poetas que han empujado más allá los límites del lenguaje, intentando con ello empujar asimismo los límites del mundo, las palabras comunes no le bastaban para fundamentar su aventura: tenía que crear otras nuevas que se adecuaran mejor a los vaivenes de su psique, a las exigencias de su expresión.

¿Con qué poema te quedarías de El barco ebrio y otros poemas?

Con «El barco ebrio».

Walt Whitman y tú…

Somos viejos amigos. Leí Hojas de hierba en la adolescencia, y lo traduje a lo largo de dos años y medio, hace quince. Eso nos ha hecho alcanzar un alto grado de intimidad. Me siento bien en su compañía: es enérgico, luminoso y compasivo, y tiene una amplia visión de las cosas.

Pablo Neruda y tú…

Somos viejos conocidos también. El Canto general fue mi primera gran experiencia poética, vivida con deslumbramiento —e incomprensión, pero eso no importa— a los quince años. He leído todo Neruda, con especial pasión y aprovechamiento su Residencia en la Tierra y sus Odas elementales, y he disfrutado como un guarro en una charca. Su influencia en mi poesía es manifiesta, sobre todo en el primer trecho de mi producción. Por eso he procurado distanciarme de él: no quería ser un epílogo ni un epígono nerudianos.

«Lo que une a Rimbaud con Gimferrer, y con la poesía contemporánea, está bien explicado en Rimbaud y nosotros»

Arthur Rimbaud y Pere Gimferrer…

Lo que une a Rimbaud con Gimferrer, y con la poesía contemporánea, está bien explicado en Rimbaud y nosotros, un librito estupendo que recoge una charla del maestro catalán sobre la personalidad creadora del francés y su influencia en la poesía actual.

Si me preguntas por mi relación con ellos, con Rimbaud me une el impacto que me produjo la lectura de su obra fastuosa y el conocimiento de su vida desgarrada, y con Gimferrer, haberme bebido con los ojos su Arde el mar y tantos libros posteriores suyos, llenos de fuerza y delicadeza, enjoyados pero carnales, sostenidos por una creencia absoluta en la literatura.

¿Qué libro tuyo consideras tu obra maestra o definitiva? 

Es una pregunta casi imposible de contestar. Nadie tiene obras definitivas, y muy pocos, obras maestras. Si me obligas a resaltar un solo libro, diría Insumisión, publicado en Vaso Roto en 2013. Aunque muy cerca de este, si no casi al mismo nivel, sitúo La luz oída, con el que gané el Premio Adonáis hace treinta años, Tú no morirás (Pre-Textos, 2021) y Hombre solo (Huerga & Fierro, 2022).

¿Qué son el amor y la muerte?

Los motores de mi poesía, junto con la experiencia del lenguaje. Y los motores de la vida humana.

¿Qué es la poesía?

El arte del lenguaje en su grado más extremo. El lenguaje tratado de tal modo que produzca la más intensa emoción estética.

¿Qué es un «poema enumerativo»?

Un poema constituido exclusivamente por una enumeración, esto es —y sigo al DRAE—, la enunciación rápida y animada de varias ideas o de distintas partes de un concepto o pensamiento general.

¿Quién es Eduardo Moga?

Eso mismo vengo preguntándome yo desde niño. Y lo hago aún cada mañana cuando me miro al espejo. No he llegado todavía a ninguna conclusión. Sé, eso sí, que le gustan las mujeres, leer y escribir, disfrutar de los amigos y gozar de los placeres materiales de la vida: la comida, el arte, la naturaleza.

¿Cuál es tu filósofo de cabecera?

Como la pregunta sobre mi libro preferido, también esta es muy difícil de contestar. He estado tentado de responder Chiquito de la Calzada, y quedarme ahí. Y lo voy a citar, sí, pero acompañado de Lucrecio, Séneca, Spinoza, Schopenhauer, Heidegger, Wittgenstein, Cioran y los dos Marx, Karl y Groucho.

¿Por qué Proust?

Porque es el mejor analista de la psique humana de la literatura occidental y el escritor que mejor ha sabido reproducir estilísticamente ese análisis, con una prosa infinita, que fluye como un río sobre un lecho pedregoso, arborescente y multiplicativa, sin miedo al, o más bien con pasión por, el excurso y la subordinación.

¿Cuántos artículos has escrito en tus blogs? Háblanos de ese Imperio literario…

No los he contado, pero serán unos 1.200 o 1.300. Inauguré mi primer blog, Corónicas de Ingalaterra, al llegar a Londres, en septiembre de 2013, y durante su primer año de vida colgué una entrada al día. Luego, tanto en ese blog como en el que abrí al volver a España, en febrero de 2016, Corónicas de Españia, he mantenido una frecuencia de una entrada cada cinco o seis días. Mi blog es mi diario de viaje. Del viaje de la vida. Me da toda la libertad que necesito y me hace sentir menos solo. Cuando escribo los artículos que cuelgo en él, pienso siempre que un puñado de gente (que a veces son varios centenares de lectores y, en alguna rara ocasión, varios miles) me va a leer, es decir, va a estar ahí conmigo. Y esa compañía me consuela y me basta.

«Camba decía que toda civilización no es más que una lucha desesperada por no tener que trabajar»

¿Sigues siendo socialista?

Si por socialista entiendes estar a favor de la justicia social, las libertades públicas y los derechos humanos, el respeto por el planeta y la igualdad entre hombres y mujeres, lo sigo siendo, por supuesto. Más aún, sigo considerando necesario trabajar por la abolición del capitalismo, que nos somete a leyes inhumanas y a injusticias sin cuento, y su reemplazo por alguna forma de organización comunitaria que respete la libertad individual y, a la vez, promueva la equidad social. Quizá lo más urgente sea acabar con el trabajo y con la cultura —por llamarla algo— asociada a él. Julio Camba decía que toda civilización no es más que una lucha desesperada por no tener que trabajar. Luchemos, pues, por un mundo en el que subvengamos a nuestras necesidades sin tener que enajenarnos, que prostituirnos para vivir.

¿Qué autores jóvenes estás leyendo ahora mismo? ¿Qué te interesa últimamente?

No leo a muchos jóvenes, lamentablemente. Como los jóvenes tampoco me leen a mí, ni, en general, a sus mayores. No obstante, tengo en mucho la obra de Mario Martín Gijón, Julio César Galán, Marta Agudo, José Luis Gómez Toré y Christian T. Arjona. Y me da gusto releer a los clásicos —de San Juan de la Cruz a Gamoneda— y a los miembros más destacados de mi propia generación (los nacidos entre mediados de los 50 y finales de los 60): Juan Carlos Mestre, Jordi Doce, Agustín Fernández Mallo, Ramón Andrés, Jesús Aguado, José Ángel Cilleruelo, María Ángeles Pérez López, José María Micó, Miguel Ángel Curiel, José Antonio Llera, Jordi Virallonga, Vicente Valero, Miren Agur Meabe, Diego Doncel, Mariano Peyrou, Enrique Falcón, Antonio Orihuela, José Luis Rey, Juan Antonio González Fuentes y Ada Salas, entre otros.

¿Qué estás escribiendo? ¿Sabes quién era El Tostado?

Estoy acabando un libro de poemas, todavía sin título (aunque este dato no aporta demasiada información: yo siempre estoy acabando un libro de poemas), en el que reflexiono, una vez más —e intento que con verdad: que la retórica no gane la batalla— sobre el yo, pero también sobre el nosotros.

No sabía quién era El Tostado hasta que me lo has preguntado. He consultado la Wikipedia y he resuelto mi ignorancia.

¿Por qué vivimos?

Vivimos porque hubo un Big Bang y luego han pasado algunas cosas que nos han traído hasta aquí, hasta nuestro cuerpo y nuestra conciencia. La naturaleza lo ha decidido así. No hay que darle más vueltas.


Fuente: educational EVIDENCE

Derechos: Creative Commons

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