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  • 24 de abril de 2026
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«No compren flores, compren libros»: un adiós a Ian Watson

«No compren flores, compren libros»: un adiós a Ian Watson

Ian Watson en su discurso en el premio UPC de Ciencia Ficción Miquel Barceló, el 17 de septiembre de 2025. / Fotografía del autor

 

Licencia Creative Commons

 

Antoni Hernández-Fernández

 

El pasado 13 de abril de 2026, diez días antes de Sant Jordi, día del libro y de la rosa, y de los enamorados en Catalunya, el mundo de la ciencia ficción y la literatura perdió a una de sus mentes más brillantes, audaces y originales. Ian Watson, el maestro británico que durante sus últimos quince años eligió Gijón como su hogar, falleció a los 82 años de edad.

Watson fue mucho más que un prolífico escritor de género; fue un antropólogo de mundos posibles, un explorador de las fronteras de la mente, del lenguaje y de nuestra relación con la tecnología. Tuve la suerte de conocerle el año pasado, en el acto de entrega del premio Barceló de Ciencia Ficción de la UPC. Ian Watson fue un escritor extraordinario que utilizó la ciencia ficción para hacer las grandes preguntas sobre quiénes somos, un hombre de una vitalidad y un sentido del humor contagiosos, enamorado de la vida, de la ciencia y de la literatura. En su despedida, en lugar de un adiós o un epitafio tradicional, la familia compartió su último y genial deseo: «A expreso deseo del fallecido: no compren flores, compren libros«.

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Incrustados y el lenguaje

Supongo es imprescindible para mí, como físico y lingüista, volver a su primera novela, Incrustados (The Embedding, 1973). Pero la recomiendo a todo el mundo. Fue una obra maestra del género que lo consagró al instante y que hoy, en nuestra era digital, resulta más relevante que nunca. Incrustados es un relato fascinante que explora cómo la estructura del lenguaje define la realidad.

Cubierta del libro de Ian Watson

La novela entrelaza tres tramas, magistralmente tejidas. Por un lado, conocemos a Chris Sole, un investigador de lingüística en un hospital británico que lleva a cabo un experimento tan revolucionario como éticamente oscuro. Sole aísla a un grupo de niños huérfanos, en un entorno controlado, para enseñarles un lenguaje artificial altamente complejo («incrustado»), buscando forzar sus cerebros a percibir la realidad de una manera completamente nueva. De forma paralela, su antiguo colega y amigo, el antropólogo Pierre, se encuentra en lo profundo de la selva amazónica estudiando a los Xemahoas, una tribu aislada al borde de la extinción. Esta tribu utiliza un hongo psicodélico para acceder a un segundo lenguaje, sagrado y místico, que les permite comunicarse con la esencia del mundo.

Finalmente, la historia adquiere proporciones cósmicas con la llegada a la Tierra de los Spthra, una especie alienígena. Los Spthra viajan por el cosmos no en busca de recursos naturales, sino de lenguajes. Están desesperados por recolectar todas las formas de comunicación del universo, con la esperanza de superponerlas y descifrar, por fin, el código fuente de la realidad misma para poder escapar de ella. Como para no enamorar a cualquiera interesado en desentrañar los misterios del lenguaje.

 

Pantallas, algoritmos y el niño robot: el legado tecnológico de Watson

Si leemos Incrustados bajo la lupa del presente, la obra se revela como una poderosa metáfora de nuestros días. La investigación de Sole con los huérfanos, muy en la línea de los experimentos conductistas de Skinner, dialoga directamente con nuestros debates actuales sobre la educación tecnológica y la (mal llamada) adicción a las pantallas. Así como aquellos niños eran programados mediante un lenguaje sintético, que alteraba su cerebro, y los desconectaba de la experiencia humana natural, hoy vivimos «incrustados» en los ergosistemas generados por las grandes tecnológicas, en la hibridación humano-máquina, en la recreación del centauro ontológico orteguiano.

Porque las redes sociales y los algoritmos de la Inteligencia Artificial (IA) son el nuevo lenguaje impuesto. Nuestros cerebros, y en especial los de las nuevas generaciones que no han vivido otra cosa, están siendo reentrenados bajo el yugo de la dopamina inmediata, el scroll infinito y las notificaciones de mensajería instantánea. Somos sujetos pasivos de un inmenso experimento global de incrustación, donde la atención (y, peor, la forma de percibir el mundo) ha sido hackeada por códigos que no logramos comprender del todo. Y no vendrán Spthra a ayudarnos.

La preocupación de Watson por cómo la tecnología puede programar los sentimientos humanos, y alterar nuestra esencia, fue crucial en otro hito de su carrera: su labor como guionista junto al legendario Stanley Kubrick para la película A.I. Inteligencia Artificial (proyecto que posteriormente finalizaría Steven Spielberg, no sin críticas, tras la muerte de Kubrick). Durante casi un año de intensa colaboración, Watson y Kubrick exploraron lo que significaba crear una máquina en la que «incrustar»  emociones reales.  E idearon a David, el niño robot programado para amar, incondicionalmente, a una madre humana. Porque, tanto en A.I. como en Incrustados, Watson nos advirtió sobre la responsabilidad y las cicatrices que dejamos cuando jugamos a ser creadores de conciencias, ya sean sintéticas, humanas o híbridas.

Hoy, mientras pululamos hipnotizados en algún scroll infinito, atrapados en su lenguaje algorítmico alienante, la mejor manera de honrar a Ian Watson es hacerle caso. Al menos por un día, el del libro. Sumerjámonos en algunas páginas, en mi caso releeré Incrustados, también vale en pantalla, y dejemos que nuestra mente nos lleve a explorar los infinitos lenguajes del Universo. El de fuera, y el de nuestros adentros. Descansa en paz, maestro.


Referencias:

Illarregui Gárate, I. (22 de marzo de 2017). Sobre Incrustados, de Ian Watson, y por qué merece la pena reemplazar nuestro ejemplar de Empotrados. Ccyberdark.net. https://www.ccyberdark.net/3547/sobre-incrustados-de-ian-watson-y-por-que-merece-la-pena-reemplazar-nuestro-ejemplar-de-empotrados/

Tamargo, C. (13 de abril de 2026). La última petición del escritor Ian Watson, afincado en Gijón, tras su muerte: «No compren flores, compren libros». La Nueva España. https://www.lne.es/gijon/2026/04/13/ultima-peticion-escritor-ian-watson-129045804.html

Watson, I. (2019). Incrustados. Barcelona: Ediciones Gigamesh. (Original publicado en 1973).

Ian Watson – Official Website: https://www.ianwatson.info/


Fuente: educational EVIDENCE

Derechos: Creative Commons

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