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  • 27 de abril de 2026
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Oliver Hochadel sobre Atapuerca: «Ellos vieron a los periodistas como «amigos»»

Oliver Hochadel sobre Atapuerca: «Ellos vieron a los periodistas como «amigos»»

 

 

CARA A CARA CON

Oliver Hochadel, historiador de la ciencia e Investigador Científico en la Institución Milá y Fontanals del CSIC

Licencia Creative Commons

 

David Rabadà

 

Oliver Hochadel (Bruchsal, Alemania, 1968) es historiador de la ciencia e Investigador Científico en la Institución Milá y Fontanals del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) en Barcelona. Su investigación enfoca sobre la interacción entre la ciencia y sus públicos a lo largo de la historia. Su carrera académica se ha desarrollado en varios países, incluidos Alemania, Austria, Suiza, Estados Unidos y España, lo que le ha permitido abordar temas diversos desde múltiples perspectivas culturales y científicas. Hochadel ha trabajado sobre la electricidad pública en la Ilustración alemana, la historia de los zoológicos del siglo XIX, la investigación sobre los orígenes humanos en el siglo XX y la historia urbana de la ciencia alrededor de 1900.

Entre sus publicaciones destaca El mito de Atapuerca: Orígenes, ciencia, divulgación (2013), una obra que analiza cómo el proyecto de Atapuerca, uno de los más importantes en la investigación de los orígenes humanos en España, se ha convertido en un fenómeno de divulgación científica y en un caso paradigmático de la relación entre la ciencia y la sociedad. Además de su labor investigadora, Hochadel ha ejercido casi veinte años como periodista científico, participando activamente en debates sobre la comunicación pública del conocimiento y la formación de públicos críticos y bien informados.

 

¿Qué le motivó inicialmente a dedicarse a la historia de la ciencia y a la investigación en el CSIC?

Mi formación es de historiador. Buscando un tema atractivo para mi tesis a mediados de los años 90 encontré un tema sobre conferenciantes itinerantes de la electricidad en el siglo XVIII. Estos “scientific showmen” convirtieron la divulgación de la ciencia en un negocio. Desde entonces nunca perdí la fascinación por la historia de la ciencia, por intentar entender cómo se produce el conocimiento científico y como la ciencia interactúa con la sociedad.

¿Cómo describiría la evolución de su carrera desde sus estudios hasta convertirse en Investigador Científico en la Institución Milà i Fontanals?

Mi carrera académica ha estado llena de sorpresas y de giros inesperados. Vine a España en 2007 para para estudiar el caso de Atapuerca con una beca postdoctoral de la Universitat Autònoma de Barcelona. La beca era para 18 meses, pero ya llevo más 18 años aquí.

¿Y cómo fue eso?

Tuve la gran suerte de ganar una oposición para una plaza en el CSIC en 2011. La comunidad de historia de la ciencia en Cataluña ha crecido mucho en estos últimos 18 años y es un gran placer intelectual y un enorme privilegio trabajar en este “hotspot” de investigación a nivel internacional.

«Haber trabajado durante mucho tiempo en periodismo científico fue crucial para mi investigación sobre Atapuerca»

¿Qué papel ha jugado su formación multidisciplinaria (historia, comunicación, periodismo) en su enfoque sobre la ciencia?

Haber trabajado durante mucho tiempo en periodismo científico fue crucial para mi investigación sobre Atapuerca. Comprender, y desde dentro, cómo «funcionan» los medios de comunicación, cómo piensan los periodistas y también cómo los investigadores ven los medios de comunicación, me permitió ver la industria de la divulgación que había creado el equipo de Atapuerca.

¿Cuándo se interesó por la evolución humana?

Me interesé por primera vez en la investigación sobre los orígenes del ser humano cuando trabajaba como periodista en Austria. Un antropólogo austriaco intentó afianzarse en la depresión de Afar en Etiopía, pero se encontró con una serie de problemas. Se le acusó de «neocolonialista», de «quitarle» un prometedor yacimiento a un joven investigador etíope. Así que rápidamente aprendí lo tensa que es la paleoantropología y que los propios científicos suelen recurrir a los medios de comunicación, ya sea para que se celebren sus descubrimientos o para atacar a sus oponentes y a sus interpretaciones. Los medios de comunicación se convirtieron así en un campo de batalla para las controversias científicas. 

Desde su experiencia, ¿cuáles son los mayores desafíos para transmitir conocimiento científico veraz a audiencias no especializadas?

El primer reto, y en el periodismo en general, es generar atención por los temas que quieres presentar a tus lectores. La pregunta es, ¿por qué deberían leer tus textos cuando la oferta de “contenidos” es infinita? ¿Qué botones hay que pulsar para captar su atención? Sin comprometer tus propios estándares de trabajo periodístico adecuado, este es un problema general del periodismo.

¿Y por qué la gente lee más la sección de deportes que la de ciencia?

Escribir sobre ciencia añade una dificultad adicional, porque la gente da por sentado que es «difícil» y puede ser reacia a leer sobre ello.

En cambio, usted ha dedicado su vida al periodismo científico.

Mi agenda como periodista científico ha estado muy marcada por mi formación como historiador de la ciencia. Esta es y siempre ha sido una práctica social y cultural. Este enfoque constructivista es minoritario en el periodismo científico, que generalmente se centra en los «hechos» y a menudo presenta la ciencia como una maquinaria infalible que produce conocimientos fiables con la frase, “los científicos han descubierto que…”, pero para que los ciudadanos estén informados es necesario que comprendan que este proceso es más complejo. Solo entonces podrán tomar decisiones informadas sobre la ciencia y su financiación, de lo que se puede esperar de ella y de lo que no.

«La ciencia es la mejor respuesta que tenemos para muchos problemas, pero debemos comprender sus límites y sus dificultades»

Esto me recuerda a los negacionistas de las vacunas durante la pandemia.

La pandemia fue un ejemplo instructivo en ello. Al principio el conocimiento sobre el virus y de cómo combatirlo fue escaso, incierto e incluso contradictorio. La gente se impacientó o incluso se volvió anticientífica. La ciencia es la mejor respuesta que tenemos para muchos problemas, pero debemos comprender sus límites y sus dificultades. 

¿Qué le llevó a escribir El mito de Atapuerca?

Un día contactó conmigo el editor Gonzalo Pontón. Él sabía de mis investigaciones sobre Atapuerca y me propuso de escribir un libro sobre ello para la colección “El espejo y la lámpara” de la editorial de la Universitat Autònoma de Barcelona. La idea era hacer “alta divulgación” y con ello me ofreció una oportunidad de oro. Con este libro, escrito en castellano, pude llegar a un público mucho más amplio aquí en España al ser muy diferente a mis artículos académicos en inglés dirigidos a un público más restringido y especializado.

¿Considera que Atapuerca es el yacimiento de fósiles humanos más importante de Europa?

Está claro que mucha gente piensa así, y se pueden dar razones. Pero la pregunta no es una pregunta relevante para un historiador de la ciencia. No evaluamos la calidad de un yacimiento, no somos ni jueces ni aficionados. A nosotros nos interesa responder a preguntas como, ¿quién hace este tipo de alegaciones? ¿Con que motivación? ¿Con que argumentos? ¿Por qué el discurso de los superlativos es tan potente? ¿Tienen que ver con los medios de comunicación estos superlativos? A menudo escuchamos el fósil más antiguo, el más completo, el número de fósiles más grande, etc. Pero si preguntas a los paleoantropólogos y arqueólogos te dicen: lo que importa es que los hallazgos aporten entendimiento sobre nuestros antepasados de cómo vivían, de cómo funcionaban, etc. Pero la tentación de hablar con superlativos siempre está, sobre todo si tienes un micrófono por delante. Esta dinámica ha convertido Atapuerca en el nuevo inicio de la historia de España.

«Los antiguos directores de Atapuerca tenían muy claro que una cobertura mediática positiva era clave para el éxito del proyecto»

¿Cree que los antiguos directores del equipo de Atapuerca exageraron algunos descubrimientos para obtener mayor atención mediática y fondos públicos?

Si un arqueólogo o paleoantropólogo, sea de Atapuerca o de cualquier otro yacimiento relevante, interactúa con los medios de comunicación, casi siempre intenta alabar su yacimiento, así como la calidad y la relevancia de sus hallazgos juntamente con los méritos de su equipo de investigación. Es lo que requiere el contexto comunicativo. Y lo cierto es que los antiguos directores de Atapuerca tenían muy claro que una cobertura mediática positiva era clave para el éxito del proyecto. Lo dijeron siempre y desde el inicio. Ellos vieron a los periodistas como “amigos”, como altavoces de su mensaje. Atapuerca es un yacimiento con hallazgos extraordinarios, con investigadores de mucho talento, pero también con ansias en los medios de comunicación dispuestos a impulsar una historia de “éxito nacional”. Y eso mismo es lo que sucedió con Atapuerca a partir de mediados de los años 90 cuando España tenía un “complejo de inferioridad” a nivel de logros científicos. Por eso los medios de comunicación fueron tan entusiastas con los hallazgos de la Sierra de Atapuerca. 

¿Está trabajando actualmente en algún proyecto de investigación o libro relacionado con la divulgación científica o la historia de la ciencia?

Últimamente no he trabajado mucho sobre la historia de la paleoantropología, pero sí que hace años que estoy investigando la historia de los zoológicos desde el siglo XIX a inicios del siglo XX. Tanto a nivel local, como la historia del Zoo de Barcelona, como a nivel global. Me interesa como alrededor de 1900 se creó el “zoo global”, una red de zoológicos que compartieron animales considerados exóticos, pero también conocimiento de cómo cuidar a los animales y de cómo exhibirlos. En el caso de Barcelona estoy escribiendo la biografía de un elefante que vivió en el zoo durante más que 20 años y que se convirtió en una estrella mediática allá por 1900. Creo que son temas de gran interés para públicos muy distintos.

¿Qué objetivos o temas le gustaría explorar profesionalmente en los próximos años?

A parte de seguir con la historia de los zoológicos, mi interés si dirige cada vez más al tema de la “convivencia” entre los seres humanos y los animales en perspectiva histórica, sobre todo en el ámbito urbano. Asociamos la ciudad moderna con casas, coches y hormigón, pero también es, y siempre ha sido, un ecosistema. Los seres humanos compartimos el espacio urbano con palomas, perros y gatos, pero también con jabalíes, ratas y mosquitos, así como leones y elefantes en el zoológico. Si retrocedemos en el tiempo, nos encontramos con caballos, ganado y aves de corral en las calles, patios traseros e incluso pisos. Ante el cambio climático y las especies invasoras, la amenaza de pandemias provocadas por animales, como la COVID-19, y la acelerada pérdida de biodiversidad, debemos preguntarnos cuál es la mejor manera de compartir este espacio común.


Fuente: educational EVIDENCE

Derechos: Creative Commons

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