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- 5 de mayo de 2026
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La desaparición de las ciencias y su solución

Imagen creada mediante IA.
Los profesionales y la sociedad están cada vez menos formados en ciencias. En nuestros centros educativos se puede constatar que los conocimientos científicos están cada vez menos presentes en sus programas curriculares. La Geología, por ejemplo, sólo es posible enseñarla, si se imparte, en un solo trimestre durante los cuatro años de la ESO. En consecuencia, los indicadores internacionales muestran como nuestros alumnos cada vez ostentan menos conocimientos científicos. Resulta pues sorprendente que la política educativa esté borrando las ciencias de los currículos escolares. Al final creeremos que la Tierra es plana o que el Creacionismo es una ciencia.
Las ciencias llevan décadas perdiendo horas de clase y de contenidos curriculares en nuestro sistema educativo. Desde la LOGSE de los noventa hasta la LOMLOE vigente, y ciencia tras ciencia, se va perdiendo presencia ante educaciones emocionales, optativas de dudoso calado o simplemente pedagogismos de eficacia no demostrada. Ejemplo de ello ha sido la fusión de las ciencias en bachillerato y a la casi reducción de horas de estas. En Cataluña ya se ha acordado reducir las horas ciencias, algo que en breve otras comunidades seguirán para dejar más espacio a optativas a elegir por los alumnos, y todo ello ante la perplejidad y el enojo de muchos profesores de secundaria y universidades porque algunos expertos creen que hay que priorizar las optativas a escoger por los alumnos en detrimento de las especialidades troncales obligadas. Hay quienes dicen que se quiere enseñar menos y divertir más a nuestros hijos, pero convendremos que la escuela no debería ser un parque de atracciones.
Además, el aumento de optativas a escoger en detrimento de troncales a lograr, ya se aplicó durante la década de los noventa con una ley de igual índole y madre de la LOMLOE, la LOGSE. En esta última los resultados devinieron nefastos al anularse los conocimientos generales entre nuestros alumnos en matemáticas, lenguas, ciencias y humanidades. Cabe añadir que, desde la LOGSE, pasando por la LOCE, la LOE, la LOMCE y hasta llegar a la LOMLOE, los males resultados ibéricos en ciencias han ido incrementando en indicadores internacionales como PISA o TIMMS, estas últimas específicas de matemáticas. A pesar de ello el Gobierno insiste en reducir las materias troncales para ampliar más las optativas. Es decir, las asignaturas científicas se han ido reduciendo cada vez más en nuestros currículos educativos.
Pongamos por ejemplo la cuarta ciencia experimental, la geología, que ostenta el mismo rango que la física, la química o la biología, pero que ha sido prácticamente erradicada de nuestros planes educativos en pro de las llamadas pedagogías competenciales y por ámbitos. Estas, y desde la LOGSE de los noventa, pasando por la LOCE de 2003 hasta la LOMLOE vigente, promueven el exterminio de las especialidades científicas y humanísticas de los docentes. Ello se justifica al creer que los alumnos, y por sí mismos, pueden aprender sin la necesidad de profesores doctos en su materia.
Ahora todo está en Internet, dicen algunos pedagogistas, y en un solo clic sin docente especialista se llega a la información, pero convendremos que no al conocimiento y al dominio de este, sino a mucha basura por las redes sin filtrar. La misma LOCE de 2003, y sus más de cincuenta planas del Boletín Oficial del Estado, estaban llenas de esta titánica retórica en defensa, como también la LOGSE de los noventa, de la capacidad innata de los alumnos de aprender por sí mismos sin la necesidad de profesores especialistas, el llamado alumnocentrismo bajo el constructivismo y el aprendizaje basado en competencias, algo falaz y jamás demostrado científicamente.
En parte cada nueva ley de educación durante la democracia ha sido un circo electoralista sin un compromiso social férreo, sólo una propaganda del alumnocentrismo y la promesa que la educación por competencias será lo más moderno y mejor a aplicar, algo por cierto falso ya que procede de ideas economicistas de décadas anteriores, es decir, que nada de innovación educativa, sino plagio ancestral. Ha resultado de lógica previsible que muchos docentes se hayan opuesto a estas creencias pedagogistas desde la reforma de la LOGSE hasta su actual hermana LOMLOE. Ejemplos de ello son entidades y asociaciones como el colectivo Geología en Lucha, la Fundación Episteme, la Asociación de Catedráticos de Catalunya, la plataforma Ciencias en Peligro, el sindicato Profesores de Secundaria, la Asociación OCRE, la Plataforma per l’Educació de Qualitat o la sociedad geológica SIGMADOT.
Para mejorar la presencia de disciplinas científicas como la geología o la biología en nuestra enseñanza secundaria hay que desarrollar una estrategia que trascienda el aula y conecte la ciencia con la sociedad. Para ello, se propone un plan basado en tres líneas de acción complementarias.
En primer lugar, se sugiere que una entidad o conjunto de entidades científicas de reconocido prestigio —como el Colegio de Geólogos u otras sociedades científicas— creen un departamento de prensa especializado. Su función sería establecer relaciones sólidas y de confianza con los medios de comunicación, periodistas y divulgadores. Este departamento se encargaría de difundir notas de prensa claras, atractivas y adaptadas al gran público cada vez que exista un descubrimiento científico de relevancia nacional o se ponga en valor un espacio destacado del patrimonio geológico o mineralógico del país. La profesionalización de este vínculo con los medios garantizaría una presencia constante de contenidos científicos en la agenda pública a través de sus ruedas de prensa.
En segundo lugar, dichas entidades deberían impulsar un programa televisivo o radiofónico atractivo, moderno y familiar que combine rigor científico con entretenimiento. Este formato debe alejarse de modelos más académicos como El Escarabajo Verde, Órbita Laika o Què, Qui, Com, para centrarse en un lenguaje dinámico, accesible y emocional. El programa podría contar con un científico singular y carismático, acompañado cada semana por un personaje famoso, un niño o niña que represente la curiosidad estudiantil y personas de la calle que aporten preguntas y reacciones espontáneas. El eje central serían los descubrimientos científicos nacionales y los lugares relevantes del patrimonio natural, convertidos en historias cercanas.
Finalmente, sería necesario diseñar protocolos de marketing científico eficaces, siguiendo el modelo exitoso del Equipo de Investigación de Atapuerca. Esto incluiría avisar con antelación a la prensa para preparar artículos más completos, emplear nombres comunes para fósiles o minerales que faciliten su recuerdo por el público —como el Cid para un nuevo cráneo en Atapuerca o Catalanita para un nuevo mineral en los Pirineos— y vincular los hallazgos a identidades regionales o nacionales reforzando el orgullo social y colectivo. Asimismo, puede anunciarse el descubrimiento de forma progresiva, generando expectación social y educativa. En todo ello el Equipo de Investigación de Atapuerca nos puede brindar una amplia experiencia y eficacia.
En resumen, este conjunto de acciones fortalecerá la percepción social de las ciencias, más el valor y recuperación de estas en nuestro sistema educativo, mejorando con ello la motivación de los estudiantes por las ciencias básicas desde edades tempranas. Ahora cabe esperar que alguien se ponga a ello. Sin cultura científica en nuestra sociedad y política aumenta exponencialmente el riesgo de catástrofes como los más de doscientos muertos durante la DANA de Valencia, los cientos de casas arrasadas por la erupción del volcán Tajogaite en La Palma, o el hundimiento del barrio del Carmel en Barcelona por una tuneladora sin suficiente información. Estos hechos anteriores han sido desastres que bajo una mayor prevención y cultura científica hubieran reducido su impacto en destrucción y gasto público. Hay que preguntarse pues si eliminar la Geología de nuestros currículums educativos sale a cuenta dado que la cultura científica salva vidas, protege propiedades y ahorra impuestos. En caso contrario les daremos la razón a los terraplanistas y confundiremos un dinosaurio con una excavación medieval, algo que, por cierto, ya ocurre. El terraplanismo solo ha sido el inicio de esta hipocresía política.
Fuente: educational EVIDENCE
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