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  • 23 de junio de 2026
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Pablo Malo: «El grupo está por encima de la moral»

Pablo Malo: «El grupo está por encima de la moral»

El psiquiatra experto en psicología evolucionista Pablo Malo. /Foto: Cortesía del autor

 

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Eva Serra

 

En una época marcada por la cultura de la cancelación, el wokismo, la polarización y los cambios sociales amplificados en las redes sociales, la moral se ha convertido en uno de los grandes campos de debate de nuestro tiempo. Pablo Malo, psiquiatra y divulgador especializado en comportamiento humano, se ha consolidado en una de las voces más reconocidas en el análisis de la mente desde una perspectiva evolutiva. Experto en psicología evolucionista, Malo es autor del libro Los peligros de la moralidad, coautor de Psiquiatría Evolucionista: una introducción. Es coeditor del blog de biología evolucionista La Nueva Ilustración Evolucionista y editor del blog Evolución y neurociencias.

Autor de diversas publicaciones científicas, las más recientes centradas en el tema del suicidio y su prevención así como en la evolución del suicidio en la especie humana, es también miembro de la Txori-Herri Medical Association y de la banda de psico-rock The Beautiful Brains.

 

¿Cuándo se vuelve peligrosa la moral?

Cuando castiga. La mente moral humana es punitiva. Moral y castigo van de la mano, no puede existir una moral sin castigo, es decir, no puede ser que tengamos unas normas morales de no matar, no robar, etc., y que no pase nada cuando no las cumples. Y no puede ocurrir que no castiguemos a los enemigos que nos roban nuestro terreno y nuestros recursos y atacan nuestros valores sagrados.

Entonces, si sólo castigáramos a quien se lo merece pues no habría ningún problema. Si castigamos al psicópata que ha violado y matado a 40 chicas, correcto. Si castigamos a la tribu que nos ha invadido, ningún problema. Y esto es lo que ocurría cuando evolucionó -cuando surgió- la moralidad. En esos tiempos ancestrales, vivíamos en pequeñas bandas donde nos conocíamos todos y sabíamos quién era el matón egoísta que abusaba de todos. Y sabíamos quiénes eran los de la tribu enemiga que nos mataban.

Pero con el crecimiento de las sociedades se produce lo que se llama un desajuste evolutivo. Ya no nos conocemos todos y yo no veo todo lo que ocurre; y dependo de lo que me dicen los medios de prensa y los dirigentes políticos, los cuales tienen intereses que no coinciden del todo con los míos. Y esos intermediarios de los que dependemos ahora para entender el mundo nos pueden dar una visión deteriorada del mundo y nos pueden decir que los judíos son nuestros enemigos, o los tutsis, o Charlie Kirk, y que se merecen que los matemos.

«Esos intermediarios de los que dependemos ahora para entender el mundo nos pueden dar una visión deteriorada del mundo y nos pueden decir que los judíos son nuestros enemigos, o los tutsis, o Charlie Kirk, y que se merecen que los matemos»

Ahí es cuando se vuelve peligrosa la moralidad, cuando nos ponemos a castigar convencidos de hacer el bien, porque la persona que vamos a castigar es un malvado o un demonio. Pero la historia nos dice que muchas veces no eran tales malvados o demonios. 

Desde la psicología evolucionista, ¿cómo se explica el fenómeno de polarización actual?  

La explicación básica es que la mente moral humana es tribal. Los seres humanos dividimos el mundo en ‘Ellos y Nosotros’ y no aplicamos la misma moral a Ellos y a Nosotros. Si los políticos del bando opuesto son corruptos, es inadmisible. Pero la misma cosa hecha por los nuestros en realidad no es tan grave. Además, lo nuestro es diferente, no compares, nosotros hacemos las cosas por amor, mientras que ellos siempre las hacen por odio. La raíz última es que la moral es un instrumento para la supervivencia de nuestro grupo y siempre va a servir a ese fin: el grupo está por encima de la moral, no la moral por encima del grupo.

¿De dónde nace y por qué triunfan la hipermoralización y el tribalismo ideológico?

Como decía en la pregunta anterior, surge de la tendencia humana a dividir el mundo en ‘Ellos y Nosotros’. También de la necesidad humana de sentir que somos buenos moralmente y de señalar esa virtud a los demás. Esas necesidades humanas se habían canalizado previamente por medio de la religión. Por medio de la religión señalábamos y sentíamos que éramos buenos y decentes. Al desaparecer la religión tradicional, o perder fuerza, algo tiene que ocupar su lugar. Es mi visión que esa función la cumple ahora la ideología política, por ejemplo, el wokismo.

«Las redes sociales son lo que en biología evolucionista se llama un estímulo supernormal, es decidir un estímulo artificial y falso que estimula nuestros instintos»

¿Cómo favorece el despliegue tecnológico, redes sociales e IA fundamentalmente, a esta situación de tribus tan pasionales?

Las redes sociales son lo que en biología evolucionista se llama un estímulo supernormal, es decidir un estímulo artificial y falso que estimula nuestros instintos de forma más potente que los estímulos naturales normales. La idea es de Niko Tinbergen, premio Nobel, que ponía a ciertas aves unos huevos más azules y más grandes que sus propios huevos y las hembras incubaban los huevos artificiales en lugar de los suyos porque les atraían más. Un donut de chocolate, las bebidas azucaradas, unos pechos de silicona, etc., son todos ellos estímulos supernormales.

Por tanto, lo que hacen las redes es potenciar nuestros instintos morales y nuestra indignación moral. No inventan nada, pero lo llevan a otra dimensión. Y las plataformas saben que la indignación moral es una mina y la explotan lo mismo que las webs porno explotan nuestra sexualidad (otro estímulo supernormal).

¿Cómo interfiere el contexto político internacional? ¿Y el nacional? 

Bueno, toda esta dinámica tribal que describo la podemos ver sin mucho esfuerzo en el panorama político nacional e internacional. Tenemos que ser conscientes de que la moral es un poder, un arma de control social, y los partidos políticos lo saben. Por eso intentan conseguir la supremacía moral para cerrar el debate y expulsar del ring a los oponentes. Si tienes la supremacía moral ya no necesitas debatir ni explicar tus ideas, ni convencer, ni nada. Simplemente sueltas contra del enemigo las etiquetas morales apropiadas (nazi, machista, islamófobo, etc.) y se acabó el debate. Fin de la discusión. 

«Si tienes la supremacía moral ya no necesitas debatir ni explicar tus ideas, ni convencer, ni nada»

¿Qué opina sobre la cultura de la cancelación? ¿Es rentable para quienes la impulsan?

Los que inician campañas de cancelación moral no buscan normalmente la verdad, el bien o lo bueno. Lo que persiguen es el estatus, es decir, subir en la jerarquía social. Ser el bueno y ser el que desenmascara a los malvados da muchos puntos y sus objetivos son mucho más egoístas de lo que ellos mismos venden. 

¿Estamos alejándonos de lo colectivo en favor de lo individual?

Hay que matizar. En cuestiones sociales es verdad que está aumentando la soledad, el aislamiento y el individualismo.

Es verdad también que la historia en Occidente, desde la Ilustración, hace un hincapié en los derechos individuales y ahí tenemos las distintas declaraciones de derechos humanos de las revoluciones políticas en Inglaterra, Francia (siglos XVII y XVIII) y por fin los Derechos Humanos de la ONU de 1948.

Pero mi visión es muy pesimista. Creo que en cuestiones morales el grupo es el norte moral y no creo que eso vaya a cambiar. Me parece que los derechos individuales quedan muy bien sobre el papel, pero la historia nos dice que, a la hora de la verdad, lo que predomina es el bien del grupo. Un ejemplo es lo que pasó con la pandemia: los derechos individuales se fueron por el desagüe. Lo mismo con la guerra de Ucrania: los hombres no pueden salir del país y a la trinchera sí o sí. Dice el psicólogo Roy Baumeister que la necesidad de pertenencia es una necesidad básica del ser humano, la necesidad de pertenecer a algo más grande que uno mismo, un grupo, en definitiva. No veo datos de que esa necesidad haya disminuido sino más bien todo lo contrario. Aunque es verdad que surgen diferentes grupos a los que pertenecer.

¿La identidad es una cuestión moral?

Como decía antes, en buena medida, sí. Lo que valoramos en una pareja o un amigo es su catadura moral, que sea sincero, honesto, altruista, colaborador, etc. Y nosotros necesitamos sentirnos buenos. No podemos vivir con la sensación de que somos malos o estamos en el lado equivocado de la moral. Por eso, la moralidad es una parte muy importante de nuestra identidad.

¿La indignación moral es una postura rentable?

Como decía antes, para las plataformas dueñas de las redes sociales desde luego que lo es. Todas las cosas que triunfan en la TV o en redes normalmente tocan teclas de la naturaleza humana: El fútbol apela a nuestro instintos coalicionales y al universal Ellos/Nosotros; la pornografía a nuestro instinto sexual; Los programas “basura” de la TV a nuestros “instintos cotillas”, somos criaturas ávidas por la información social y el cotillero es un universal humano; y las redes sociales promueven y viven de enfrentarnos y de nuestra indignación moral, porque saben que es un gran factor de motivación.

¿Por qué ha triunfado el wokismo?

Según mi forma de verlo, es un sustituto de la religión. Como vengo diciendo necesitamos sentirnos buenos y señalar esa bondad a los demás. El wokismo muestra una cara que atrae a mucha gente porque aparentemente se preocupa de los débiles y marginados (como el cristianismo primigenio) y todos queremos ayudar a los pobres y a los que menos tienen.

Pero la otra cara es que es una ideología antiliberal que destruye la libertad de expresión, juzga a las personas por el grupo al que pertenecen (política de identidades), pone la moral por encima de la verdad en la ciencia, impide el diálogo democrático al considerar a los oponentes como demonios con los que no se puede ni hablar. En una palabra, es un sistema incompatible con las democracias liberales occidentales y más similar a un totalitarismo.

«Si la religión deja de decirnos qué es lo bueno y lo malo, vendrán los woke, u otra ideología, a cumplir esa función y llenar ese vacío como muy bien anticipó Chesterton»

Usted compara las ideologías modernas a las religiones… Recuerda a aquella frase apócrifa atribuida a Chesterton “Cuando se deja de creer en Dios, se cree en cualquier cosa”. ¿Actúa la religión como un péndulo entre la fragilidad del individuo y su consistencia como ser social?

Decía Jorge Wagensberg que un individuo puede muy bien vivir sin religión, pero que una sociedad o una comunidad no puede. Si la religión deja de decirnos qué es lo bueno y lo malo, vendrán los woke, u otra ideología, a cumplir esa función y llenar ese vacío como muy bien anticipó Chesterton.

¿En nombre del bien se pueden justificar barbaridades?

He hecho referencia más arriba al hablar de la mente moral punitiva humana esta cuestión. Y este lado peligroso de la moral lo han comentado muchos pensadores a lo largo de la historia. Os pongo algunas citas que expresan muy bien esta idea:

«Poder destruir con la conciencia tranquila, poder comportarte mal y llamar a tu comportamiento ‘indignación justa’ — esto es el colmo del lujo psicológico, el más delicioso de los placeres morales”.

Aldous Huxley

 

«Es mucho más fácil matar a un hombre si crees que es el mal, y que tú eres bueno”.

-Hans Georg Moeller en The Moral fool

 

“Para hacer el mal, el ser humano debe en primer lugar, creer que lo que está haciendo es bueno”.

-Alexander Solzhenitsyn

 

« Infligir crueldad con buena conciencia es un deleite para los moralistas, por eso inventaron el infierno ».

-Bertrand Russell

 

“El mal nunca se hace tan a fondo ni tan bien como cuando se hace con buena conciencia”.

-Blaise Pascal

 

“La violencia se considera moral, no inmoral: por todo el mundo y a lo largo de toda la historia, se ha asesinado a más personas para imponer la justicia que para satisfacer la codicia”.

-Steven Pinker

 

“Quizá no haya ningún fenómeno que contenga tantos sentimientos destructivos como la “indignación moral”, que permite actuar a la envidia o el odio bajo la apariencia de la virtud. El “indignado” tiene por una vez la satisfacción de despreciar y tratar a una criatura como “inferior”, unida al sentimiento de su propia superioridad y rectitud”.

-Erich Fromm

 

¿Cómo definiría las justificaciones morales que se implantan en los actuales sistemas educativos?  (Que los niños sean felices, que mejor no memoricen; que se hagan clases inclusivas con diferentes ritmos de aprendizajes, desbancar la autoridad moral del profesor, etc.) 

No he dedicado tiempo a estudiar o pensar sobre la moral y la educación, una carencia que tendré que solucionar. Dicho eso, mi impresión general es que tal vez en los sistemas educativos actuales se están introduciendo justificaciones morales de forma cada vez más intensa y explícita.

Estas justificaciones suelen presentarse con buena intención: priorizar que el niño sea feliz antes que exigirle esfuerzo memorístico, adaptar las clases a “distintos ritmos de aprendizaje”, promover la inclusión por encima de todo, cuestionar la autoridad moral del profesor, o evitar cualquier forma de “jerarquía” o “juicio”. El problema no está en querer que los niños estén bien o sean respetados, sino en convertir la escuela en un espacio principalmente terapéutico y moralizador, en lugar de un lugar centrado en la transmisión de conocimiento y el desarrollo del pensamiento crítico.

«Convertir la educación en una herramienta de ingeniería moral me parece un error profundo y, a la larga, perjudicial tanto para los alumnos como para la sociedad»

Mi posición básica es que no conviene meter moral (o ideología) en más instituciones de las estrictamente necesarias. La hipermoralización tiende a ser contraproducente. Un ejemplo claro es la ciencia: su código propio es verdadero/falso. Si lo sustituimos por bueno/malo, perdemos la capacidad de conocer objetivamente la realidad. Algo similar ocurre con la educación. Su función principal no debería ser formar personas moralmente “correctas” según los criterios de la época, sino transmitir conocimientos sólidos, habilidades intelectuales y una mente capaz de pensar por sí misma. Dicho de otra manera, no creo que la función de la escuela sea adoctrinar a los alumnos.

Creo que la educación moral corresponde fundamentalmente a las familias, que son quienes mejor conocen el contexto, valores y circunstancias de sus hijos. La escuela, por su parte, debe enseñar a comportarse con civismo, respeto y honestidad (eso es parte de cualquier convivencia ordenada), pero no debe convertirse en un espacio de adoctrinamiento ideológico.

Enseñar ideología de género, activismo climático, teorías sobre identidades o cualquier otra cosmovisión moral como si fueran verdades incuestionables no forma parte de la misión educativa. Eso no significa que estos temas no puedan mencionarse, pero sí que deben presentarse con rigor, pluralidad de perspectivas y sin pretender moldear la conciencia moral de los alumnos.

En definitiva, la escuela debe formar mentes libres y competentes, no creyentes de una determinada moral secular. Las normas de convivencia y el respeto a la ley son obligatorios, por supuesto. Pero convertir la educación en una herramienta de ingeniería moral me parece un error profundo y, a la larga, perjudicial tanto para los alumnos como para la sociedad.

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Enlace a webinar con Pablo Malo: La moral en la era de las redes sociales


Fuente: educational EVIDENCE

Derechos: Creative Commons

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