- Cara a cara
- 17 de junio de 2026
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Carles Lalueza‑Fox: «¿Quizás veremos la aparición del transhumanismo?»

Carles Lalueza. / Foto: Cortesía del autor
CARA A CARA CON
Carles Lalueza-Fox, experto internacional en paleogenética
Ya había leído sus trabajos antes de encontrarnos para esta entrevista. Fue el lunes 23 de febrero de 2026 que lo pude escuchar durante una conferencia en la Biblioteca de la Sagrada Familia, en un salón de actos lleno a rebosar con más de un centenar de personas. Su capacidad de transmitir la complejidad de la genética evolutiva con claridad y pasión confirmó el prestigio científico y divulgativo que ya le conocía a través de sus libros y artículos.
Carles Lalueza‑Fox (Barcelona, 1965) es uno de los investigadores más reconocidos internacionalmente en el ámbito de la biología evolutiva y la paleogenética, disciplina que estudia el ADN antiguo para comprender la evolución humana y la relación entre las poblaciones del pasado y las del presente. Su investigación ha sido clave para abrir nuevas perspectivas sobre los neandertales, la historia genética de nuestra especie y la de otros parientes nuestros extinguidos. Desde joven mostró un interés profundo por el mundo natural, los fósiles y la evolución, una curiosidad que lo llevó a elaborar una colección propia de materiales paleontológicos y a desarrollar una sensibilidad muy temprana hacia la historia profunda de la humanidad. Este interés inicial se convirtió con el tiempo en una vocación científica sólida.
El año 1983 inició su formación universitaria en un contexto en que la influencia familiar y el entorno intelectual tuvieron un peso relevante en su orientación hacia las ciencias naturales y la investigación. Se doctoró en Biología y bien pronto se especializó en genética evolutiva, un campo que en aquel momento todavía era incipiente en cuanto al estudio de ADN antiguo. Una etapa clave de su trayectoria fue la estancia en la Universidad de Oxford, donde amplió su formación y entró en contacto con grupos líderes en genética y evolución humana. Esta experiencia consolidó su orientación hacia la paleogenética y marcó el inicio de una carrera científica con una fuerte proyección internacional donde ha sido investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y donde ha desarrollado algunas de las líneas de investigación más influyentes sobre genomas antiguos.
Sus trabajos han tenido una gran repercusión mediática, especialmente aquellos relacionados con el genoma de los neandertales, la hibridación con humanos modernos y la interpretación genética de fósiles emblemáticos. Actualmente está vinculado al Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, donde ejerce tareas de dirección y de investigación, a la vez que impulsa la divulgación científica y el diálogo entre ciencia, historia y sociedad. Además de su actividad investigadora, Lalueza-Fox es autor de varios libros de divulgación científica, donde reflexiona sobre la evolución humana, la genética, la identidad y las implicaciones éticas del conocimiento científico. Su obra escrita ha contribuido a acercar al gran público cuestiones complejas de la biología evolutiva con un lenguaje claro y riguroso.
Mirando hacia atrás, ¿cómo valoras el esfuerzo sostenido que te ha permitido lograr el actual reconocimiento internacional en el campo de la biología evolutiva?
Bien, establecer una línea de investigación que en aquel tiempo era nueva, y construir un laboratorio de paleogenómica en un país como el nuestro, donde todo se improvisa, puede ser agotador. Cuando empecé, honestamente, no pensaba que habría una revolución tecnológica que permitiría que el campo del ADN antiguo se convirtiera en el fenómeno de masas que es actualmente. Los jóvenes que trabajan no tienen ni idea de las dificultades técnicas a las cuales nos enfrentábamos a finales del siglo pasado, ni tampoco de lo desconocido que era todo. Ahora toda la investigación se hace de manera industrial, y hace tres décadas era puramente artesanal. El año pasado sobrepasamos los 13.000 genomas humanos antiguos recuperados, que incluyen, como sabéis, varios parientes extinguidos, como neandertales y denisovanos. A pesar de que el campo ha avanzado de forma extraordinaria, a veces pienso que se ha perdido un poco el sentido de la aventura, de adentrarse en lo desconocido que tenía cuando empezaba.
«Ahora toda la investigación se hace de manera industrial, y hace tres décadas era puramente artesanal»
¿De dónde nace tu interés temprano por recolectar fósiles y qué sentías ante tu propia colección?
Mi padre era un coleccionista vocacional, aunque caótico. Yo creo que heredé esta vocación de él, a pesar de que la he dirigido hacia cosas específicas, como los denarios imperiales romanos o los fósiles. Me interesaban especialmente aquellos fósiles -tengo predilección por los trilobites- que mostraban planes funcionales que ya no existen. Esta fascinación entroncó con la que sentí para estudiar el proceso evolutivo.
¿Qué papel tuvo tu familia y tu entorno durante la infancia y la adolescencia en la construcción de tu vocación científica?
A mi padre le gustaba mucho la Historia, y tenía muchos libros -pocas veces lo veía leyendo dado que antes se trabajaba muchas más horas que ahora-. Recuerdo especialmente un libro de la editorial Life que se titulaba “Evolución”; en el capítulo de la selección natural se decía, si lo recuerdo bien: “La teoría que estremeció al mundo”, un título que, curiosamente, todavía podría funcionar. Yo era el pequeño de cuatro y supongo que esto también te hace madurar antes, puesto que vas heredando todo lo que tus hermanos ya han descubierto antes. También tenía una curiosidad natural por conocer cosas que creo que la nueva generación en general ha perdido, porque tienen demasiada información y demasiado fácil.
El inicio de tu formación universitaria en 1983 ¿estuvo influenciado por familiares o hermanos, o fue una decisión plenamente personal?
No sabía qué quería estudiar; es algo que también les pasa ahora a los jóvenes cuando acaban bachillerato. Empecé Biología un poco dudoso, porque mi hermano mediano también lo estaba cursando. Al comienzo no me gustó mucho, pero perseveré hasta descubrir asignaturas de evolución que me fascinaron. Cuando entiendes la evolución, ves el mundo natural de forma diferente. Todo cobra un nuevo sentido.
«Cuando entiendes la evolución, ves el mundo natural de forma diferente. Todo cobra un nuevo sentido»
¿Cuándo y cómo surge tu sensibilidad especial por la conjunción entre historia humana, fósiles y genética?
Siempre he estado interesado por el pasado. No sé porque, me resulta más fascinante incluso que el futuro. Cuando empezaron a llegar noticias, en el último año de carrera, que se había inventado la PCR, una técnica que permitía recuperar fácilmente pequeños fragmentos de ADN, y quizás se podría aplicar a restos antiguos, me tiré de cabeza. De hecho, acabé haciendo la primera tesis doctoral de ADN antiguo del estado español, en 1995.
¿Qué te llevó a Oxford y qué aprendiste que consideres determinante para tu trayectoria científica?
De hecho, fui primero a Cambridge, en 1997. Allá había una pionera del ADN antiguo, Erika Hagelberg. la Generalitat me concedió una beca postdoctoral por dos años. Cuando llevaba un año, oí que se estaba construyendo un laboratorio nuevo en Oxford de paleogenética y entonces me trasladé, en 1998. Creo que para cualquier investigador es fundamental conocer otros laboratorios, y otras formas de hacer, y además conoces gente muy interesante. Mi estancia en Oxford, que acabó con una publicación en Nature, cimentó mi voluntad de hacer una carrera científica.
De toda tu investigación en genética, ¿cuál crees que ha sido la que ha tenido más repercusión mediática, y por qué?
Sigo viendo que se me conoce más por mis trabajos en genética neandertal, que culminaron en la participación en el Genoma Neandertal. Pero desde entonces, he publicado muchísimo en poblaciones humanas del pasado más reciente, desde la prehistoria hasta la Edad Media. Y también, últimamente, en especies no humanas extintas y también en patógenos. Pero es difícil luchar contra la fascinación -por otro lado, comprensible- que provocan los neandertales.
«Es difícil luchar contra la fascinación -por otro lado, comprensible- que provocan los neandertales»
El año 2010, ¿cuántos paleogenomas estaban publicados? Y actualmente, ¿cuántos hay? ¿Cómo valoras esta evolución tan rápida del campo?
El año 2010 se publicaron los tres primeros paleogenomas: el neandertal, el denisovano (¡la última semana del año!) y un paleoeskimo de hace unos 5.000 años. El año pasado se sobrepasaron los 13.000 genomas humanos antiguos. Hemos llegado a una fase industrial, gracias a la revolución de las técnicas de secuenciación que empezó en 2008. Pero ahora gran parte de lo que se publica es “mainstream” [corriente principal aceptada por la mayoría].
¿Por qué has pasado del estudio de genomas muy antiguos a genomas cada vez más recientes dentro de la historia humana?
Hay mucha competición y muy pocas muestras disponibles. Diría, por ejemplo, que casi se deben de haber analizado la mayoría de muestras neandertales que hay en el mundo (la mayoría de ellas, hay que recordar, no tienen ADN conservado). Puesto que sigo interesado en la historia más reciente, no es extraño que me haya movido hacia la actualidad. Encuentro fascinante lo que estoy investigando ahora, por ejemplo: el impacto genético de las grandes migraciones que tienen lugar en la caída del imperio romano. Es una fuente de información totalmente diferente a la histórica y arqueológica.
«Encuentro fascinante lo que estoy investigando ahora, por ejemplo: el impacto genético de las grandes migraciones que tienen lugar en la caída del imperio romano»
¿Cómo ves el futuro de la genética ante los grandes poderes económicos y políticos?
Ah, esto es un tema que daría para un libro. Por un lado, tenemos ahora tecnologías que permiten modificar el ADN (o su expresión, modificando el ARN). Esto se puede usar para curar enfermedades hasta ahora terribles, y todo el mundo estará de acuerdo que esto es lícito. Pero los mil-millonarios tecnológicos han descubierto que no se pueden llevar la riqueza a la tumba, y han decidido que no quieren morirse. Si consideramos el envejecimiento como una especie de enfermedad, entonces quizás ¿estaríamos legitimados para usar estas técnicas? ¿Quizás veremos la aparición del transhumanismo?
¡Caramba! Bien, qué proyecto futuro es el que te genera más ilusión?
Me gustaría seguir investigando en temas que fueran originales. Para hacer lo que hace todo el mundo, seguro que los jóvenes y los grandes laboratorios lo harán mejor.
¿Por lo tanto?
Hay que buscar ideas que nadie haya pensado antes, o muestras que no parezca que puedan funcionar. Ahora estoy estudiando mosquitos antiguos, algunos de más de cien años, y encuentro fascinante poder recuperar virus y otros patógenos que quizás son diferentes de los actuales. También quisiera ayudar a la gente joven para que no tenga que sufrir las incertidumbres que sufrimos los de nuestra edad. Luchar por construir una sociedad científicamente informada y socialmente crítica. Es una tarea enorme, pero se tiene que luchar.
Fuente: educational EVIDENCE
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