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  • 10 de septiembre de 2026
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150 años de la Institución Libre de Enseñanza (I). Los orígenes

150 años de la Institución Libre de Enseñanza (I). Los orígenes

Fachada sur de la casa de Giner y Cossío, en el n.º 8 del antiguo paseo del Obelisco de Madrid. / Fotografía: Luis García, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=63287023

Siguientes fotografías: Archivo fotográfico ILE, Fundación Giner de los Ríos.

 

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Felipe de Vicente

 

El 29 de octubre de 1876 abría sus puertas un modesto centro privado de enseñanza en la calle Esparteros de Madrid: la Institución Libre de Enseñanza. El acto académico inaugural fue presidido por su primer rector Laureano Figuerola, catalán asentado en Madrid, liberal progresista, que fue ministro durante el Sexenio Democrático (1868-1874). Unos meses antes, en junio, se había aprobado la Constitución de 1876, cuyo artículo 11 reconocía la libertad de enseñanza. Pero el inspirador de la Institución fue Francisco Giner de los Ríos (1839-1915). Los creadores de la Institución quisieron fundar una universidad libre, en donde el profesorado gozaba de total libertad de cátedra e investigación. Fracasaron en su intento y la Institución se convirtió en un colegio de primera y segunda enseñanza, abriendo las puertas a un modelo educativo con el que se pretendía renovar no solo la educación española si no también formar las élites regeneradoras de España.

Para entender los orígenes de la Institución hay que remontarse a Julián Sanz del Río (1814-1869) introductor del krausismo en España. Krause (1781-1832) era un filósofo alemán poco relevante pero llamado a ser el filósofo de referencia de varias generaciones de intelectuales españoles. Sanz del Río se formó inicialmente en el seminario de Córdoba, aunque no siguió la vocación sacerdotal. Cursó la carrera de Derecho, doctorándose en 1836. Pero su verdadera vocación era la Filosofía. Don Julián había sido becado por el gobierno liberal en 1843 para que perfeccionara en Alemania sus conocimientos filosóficos que había adquirido precisamente en el seminario. El encargo iba también por otros derroteros: encontrar en la filosofía europea una base intelectual sólida para el progresismo liberal español. Sanz no fue discípulo directo de Krause, ya que había muerto cuando él llegó a Alemania, pero siguió la senda del maestro gracias a los primeros y más aventajados discípulos del alemán. En Bélgica (en donde se detuvo antes de ir a Alemania) conoció y trabó relación con Henrich Ahrens (1808-1874) de quien recibirá uno de los aspectos más destacados del krausismo: la Filosofía del Derecho.

Hasta 1854 no es nombrado catedrático de Filosofía de la Universidad de Madrid, convirtiéndose en el jefe de un reducido pero activo grupo de seguidores de su filosofía: los krausistas. Entre los primeros influidos por las ideas krausistas estarán algunos economistas liberales como Eusebio María Del Valle y Laureano Figuerola. Entre los intelectuales influidos por Sanz – y por Krause—estarán desde el primer momento Francisco de Paula Canalejas, tío del político liberal José Canalejas; y políticos del partido demócrata como Nicolás Salmerón. Pero el círculo más próximo a Sanz del Río, además de Salmerón, lo formarán jóvenes profesores como Fernando de Castro, Gumersindo de Azcárate y, sobre todo, Francisco Giner de los Ríos, sacerdote el primero, y católicos convencidos los dos posteriores, hasta que el krausismo cambió su trayectoria religiosa.

¿Cuáles eran las ideas de los krausistas españoles? En 1860, Sanz del Río publicó el Ideal de la Humanidad para la vida, una obra breve que pretendía ser una adaptación de las ideas de Krause y, en realidad, no pasó de ser una traducción de unos artículos del filósofo alemán. El librito se convirtió en manual de cabecera de los krausistas y en la base filosófica de un liberalismo hispánico que se desvinculaba, al menos parcialmente, de la tradición católica, tan presente, por ejemplo, en las Cortes de Cádiz.  Está inspirado en Krause, pero también en las ideas de Heinrich Ahrens más inclinado a la Filosofía del Derecho. El famoso Ideal pretendía ofrecer una moral racionalista, natural, vagamente cristiana, pero desvinculada de la moral católica. Otro de los grandes krausistas fue Gumersindo de Azcárate, autor de Minuta de un testamento que se convirtió en otro de los libros canónicos de los krausistas. Si algún lector está interesado puede leer al final del artículo un breve texto de la Minuta que resume las convicciones religiosas de los krausistas.

Julian Sanz del Río

La España del siglo XIX era una sociedad impregnada de la religión y el ateísmo o el agnosticismo eran extraños a la tradición cultural del país. Además, la mayoría de krausistas se habían formado en el catolicismo: Sanz del Río iba para cura y Fernando de Castro fue sacerdote. En todos los krausistas de primera hora late un profundo sentimiento religioso y una gran inquietud espiritual que deseaban hacer compatibles con su liberalismo y su racionalismo extremos. El krausismo les daba los instrumentos intelectuales para superar los dilemas de su conciencia y encontrar la armonía entre su creencia en Dios y en la Ciencia.

El krausismo proporcionó a la izquierda liberal española un fundamento filosófico o ideológico del que carecía. Como la formación básica de todos los españoles del siglo XIX era la católica, el krausismo ofreció una especie de catolicismo liberal, componenda entre una religiosidad de base fundamentalmente cristiana y la idea de progreso y predominio de la razón. Así la conciencia seguía tranquila: no se perdía la fe en Dios, al contrario, se fortalecía racionalmente. Y el cristianismo aparecía reformado, racionalmente aceptable, se había hecho “liberal”, no en sentido político sino filosófico, porque en España hubo políticos liberales y católicos, pero no krausistas.

El liberalismo krausista se manifiesta también en su concepción orgánica de la sociedad (algunos krausistas como Gumersindo de Azcárate eran partidarios del sufragio orgánico). Para ellos, en la sociedad hay diversas “esferas”: la Familia, la Ciencia, la Religión, el Arte, el Estado, son un ejemplo. Cada esfera ha de ser independiente, ninguna esfera ha de pretender y invadir el ámbito propio de otra esfera. La esfera de la Ciencia es sobre todo la Universidad y la educación que han de ser totalmente libres de injerencia alguna. El Estado ha de respetar todas las esferas. No ha de inmiscuirse en la Religión (ha de ser “neutral”) y viceversa. Los krausistas fueron grandes defensores de la libertad de la Ciencia y de la separación entre la Iglesia y el Estado. No fueron anticatólicos, ni tan siquiera laicistas y mucho menos antirreligiosos. Más bien al contrario.

El gran momento del krausismo español fue la revolución de 1868. En 1865 se produjo la llamada “primera cuestión universitaria” motivada por el decreto del ministro Alcalá Galiano, titular de Fomento (de quien dependía la educación), exigiendo la adhesión del profesorado a la Monarquía y la religión oficial del Estado, esto último en clara alusión al krausismo que ya tenía bastantes seguidores en la Universidad. El ministro era un superviviente de las Cortes de Cádiz, tan feo como dotado de gran elocuencia. El asunto se agravó con la publicación de un artículo contra Isabel II por parte de Emilio Castelar, apoyado por los krausistas. Castelar fue expedientado lo que motivó una importante manifestación de estudiantes duramente reprimida por la Guardia Civil con una docena de muertos (Noche de San Daniel,10 de abril) y vivida en primera persona por Galdós que simpatizará con el krausismo. El suceso provocó una crisis de gobierno. El propio Alcalá Galiano, que ya tenía 80 años, sufrió un infarto en pleno consejo de ministros que le provocó la muerte.

Los últimos años del reinado de Isabel II fueron muy convulsos. El ministro de Fomento, marqués de Orovio, continuó apretando las teclas contra los profesores krausistas. Instigado por el ministro, el rector de la Universidad de Madrid exigió a los profesores una adhesión formal a la Monarquía mediante la firma de un escrito. Sanz del Río se negó, mediante una serie de dilaciones vestidas de lenguaje administrativo. Finalmente, la paciencia del ministro se acabó y varios profesores perdieron sus cátedras, entre ellos Sanz del Río, Fernando de Castro, Nicolás Salmerón y un joven Francisco Giner que empezaba a despuntar entre los discípulos amados por Don Julián.

La revolución del 68 y el Sexenio fueron la eclosión del krausismo en la vida pública española. Sanz del Río fue nombrado rector de la Universidad de Madrid, pero renunció por su precaria salud, aceptando solo el Decanato de Filosofía. El cargo lo desempeñó Fernando de Castro, otro eximio krausista, que había sido sacerdote y capellán de la Corte, abandonando el estado clerical, aunque siguió vistiendo con sotana como si nada hubiera pasado. Desde el rectorado de Madrid, crea escuelas gratuitas para niños y adultos, clases nocturnas para obreros y organiza las Conferencias Dominicales para la educación de la mujer, germen de la Escuela de Institutrices, institución educativa inspirada en el krausismo y en su preocupación por la educación. En 1871, después de dejar el rectorado, se fundó la Asociación para la Enseñanza de la Mujer, la primera institución educativa claramente krausista y presidida por el propio Castro. Estas fueron las primeras incursiones del krausismo en la educación, sin contar la inspiración de no pocas normas emanadas por los gobiernos del Sexenio.

La Institución en su tercera y definitiva sede en el Paseo del Obelisco (hoy Martínez Campos). El piso superior era la vivienda de los Cosío y de Giner. Su habitación daba al patio interior, desde donde podía observar a los niños. Su despacho estaba en la planta baja.

 

En 1869 muere Sanz del Río y su entierro es una ceremonia civil, algo insólito en aquellos tiempos. Fernando de Castro muere en 1874 y su cortejo fúnebre desfila en Madrid el mismo día en que hace su entrada triunfal el Duque de la Torre tras sus victorias en el Norte.  Ha llegado el momento de Giner. Aunque inicialmente no era de los más íntimos de Sanz del Río, Don Francisco se hizo con el liderazgo del grupo krausista, a pesar de su juventud. Pero su momento llegaría más tarde, tras la Restauración. En el primer gobierno Cánovas, después de la proclamación de Alfonso XII, el marqués de Orovio volvió al ministerio de Fomento y a la carga (febrero 1875). Su intransigencia motivó más medidas disciplinarias contra profesores krausistas, entre ellos Giner, que fue desterrado a Cádiz. Otros profesores renunciaron a sus cátedras por solidaridad, entre ellos Laureano Figerola, Eugenio Montero Díaz o Segismundo Moret, todos ellos estarán ligados a la Institución y ocuparán cargos relevantes, aunque alguno no fuera krausista como Montero Díaz, que se declaraba católico. Todos ellos y, muchos más, encontraran cobijo en el partido liberal de Sagasta.

Levantado el confinamiento, Giner ya está en Madrid en septiembre de 1875. Este período es clave en la vida de Giner. Ha empezado con María Machado, parienta de los poetas, una relación sentimental un tanto peculiar porque básicamente era epistolar. Ella vive en Bilbao. La pobre María llega a ilusionarse con el joven catedrático, pero, al final, le da calabazas. Giner será soltero toda su vida: su familia será la Institución. En eso no sigue al maestro Krause que tuvo 14 hijos, o a Salmerón, cuya mujer llegó a tener 23 embarazos. Sanz del Río sí se casó, pero no tuvo descendencia.

En el confinamiento de Cádiz, Giner ya tiene perfilado su proyecto de universidad libre, reducto de libertad de la Ciencia. Con un grupo de amigos, entre ellos varios de los expulsados de la Universidad, constituye el núcleo fundador. La Institución toma la forma de sociedad anónima. En el momento de abrir sus puertas tiene 359 accionistas. La mayoría son profesionales liberales, pero no faltan banqueros, militares y hasta aristócratas como el marqués de Salamanca. La Institución mantendrá siempre esta fórmula jurídica.

El primer rector es Laureano Figuerola. Giner prefiere quedarse en la sombra, como animador, referente y hasta profesor; no será rector hasta 1880. La Institución nace con vocación de centro universitario, pero incorporando también los estudios de Bachillerato. Los cursos universitarios eran los llamados entonces preparatorios de Letras y Ciencias y una Escuela de Doctorado de Derecho. La mayoría de alumnos simultaneaban las clases en la Universidad oficial con las de la Institución. Se impartían también cursos libres como materias complementarias para la cultura de los universitarios.

Francisco Giner de los Ríos y Manuel Bartolomé Cossío.

 

La matrícula de los cursos universitarios fue bajando peligrosamente lo que obligó a la junta de accionistas a orientar la Institución como un colegio: desde la educación primaria hasta lo que se llamaba entonces segunda enseñanza. Así ha quedado la Institución como referente en la Historia de la Educación española.

Giner animaba al equipo de profesores a formarse y conocer el sistema educativo de otros países. Fueron los krausistas los que introdujeron en España las ideas de Fröbel, pedagogo alemán creador del “jardín de infancia”. Las ideas pedagógicas de Montessori, Decroly y, sobre todo, Dewey, impregnaron los métodos de la Institución. No faltaron institucionistas en todos los congresos pedagógicos que se celebraron en Europa.

La Institución adoptó una metodología claramente opuesta a la tradicional en los institutos públicos, basada en la clase magistral. Su método se llamó “intuitivo”. Se fomentaba la observación, los talleres prácticos, las actividades de laboratorio… Pero todo ello orientado al conocimiento científico. Una de las grandes características de la Institución fueron las excursiones y salidas a museos o monumentos artísticos. Como buen krausista, Giner amaba el contacto con la naturaleza, en donde se manifiesta la omnipotencia divina y la persona puede elevarse a su Creador. Las salidas a la Sierra se hicieron frecuentes, incluso la Institución adquirió una casa para facilitar las excursiones. Fueron famosas las colonias veraniegas, sobre todo en San Vicente de la Barquera. Y casi desde sus inicios la institución tuvo su revista, el Boletín de la Institución Libre de Enseñanza, en la que se publicaban noticias del colegio, así como artículos de carácter científico y pedagógico. Giner fue un asiduo articulista.

Por supuesto no había exámenes, aunque los alumnos tuvieron que revalidar sus enseñanzas a través de exámenes oficiales en el Instituto de San Isidro de Madrid, en donde, por cierto, salían bien parados. Bastaba la observación de cada alumno para valorar su progreso académico. Todos llevaban un cuaderno de cada materia en donde anotaban sus conocimientos y resolvían cuestiones. Tampoco había libros de texto, sustituidos por apuntes de los profesores. La Institución tuvo muchos aprietos económicos, recurriendo a buscar más accionistas. Los profesores no cobraban bien, pero Giner siempre les recordaba que su trabajo era una vocación y eso compensaba las estrecheces.

Después de Giner, la figura central de la Institución fue Manuel Bartolomé Cosío, discípulo modelado por Giner desde que lo conoció en la Universidad. El maestro le procuró una buena carrera académica y consiguió, gracias a la red de krausistas bien colocada en la Administración, que le hicieran director de Museo Pedagógico y, posteriormente, fue el titular de la primera cátedra de Pedagogía de la Universidad de Madrid. A diferencia de Giner, Cosío sí se casó con una gallega de alcurnia que idolatraba a Don Francisco. Lástima que fuera desarrollando una enfermedad psiquiátrica que obligó a internarla. Cuando la Institución se trasladó al chalet del Paseo del Obelisco (hoy Martínez Campos), en el primer piso se instaló la familia Cosío junto con Giner. Los Cosío fueron la familia de Giner hasta su muerte.

El autor ante la puerta de la Fundación Giner de los Ríos, última sede de la Institución Libre de Enseñanza en la calle Martínez Campos de Madrid.

La Institución no fue nunca un colegio laico y mucho menos laicista. Giner criticó la escuela laicista francesa que se impuso durante la Tercera República por considerarla otra manera de ser confesional. La escuela debería ser “neutra”, respetando la conciencia religiosa de cada alumno. La Religión se enseñaba en la Institución porque la dimensión religiosa era parte fundamental de la formación, pero no de forma confesional. Incluso se animaba a los alumnos a que cumplieran con las obligaciones religiosas de la confesión a la que pertenecían (obviamente sería la católica en muchos) El propio Giner impartía clases de Historia de las Religiones. Para las escuelas estatales pedía Giner que la enseñanza de la Religión católica fuera optativa.

Los alumnos eran muy homogéneos, de familias con buen nivel cultural y de clase media. Entonces la segunda enseñanza era muy restrictiva y estaba orientada a la Universidad. Es decir, había una selección indirecta del alumnado, entre otras razones porque la Institución era un colegio privado y de pago. En el congreso pedagógico de 1882, en Madrid, un maestro nacional se encaró con los representantes de la Institución lo que obligó a intervenir a Giner. El maestro vino a decir que eso de la “educación intuitiva” podía ir bien a los de la Institución pero que, en las escuelas nacionales, sobre todo las de barrio, bastante tenían con enseñar a leer y escribir con grandes dificultades.

La Institución como colegio perduró hasta la guerra civil. Tras la muerte de Giner, estuvo al frente Cosío hasta su fallecimiento en 1935, tras ser proclamado Ciudadano de Honor de la República. En el cementerio civil de Madrid está enterrado junto a Julián Sanz del Río, Francisco Giner de los Ríos, Fernando de Castro y Gumersindo de Azcárate.  En su entierro, este último quiso que se leyeran fragmentos del Ideal, así como del Sermón de la Montaña y el Padrenuestro.

Tras la guerra, la Institución fue saqueada por un grupo de falangistas encabezados por un antiguo alumno. Incluso cortaron árboles del patio, dejando un arbolillo en pie que hoy allí sigue, ya crecido. Sus instalaciones se convirtieron en colegio público hasta que en la Transición fueron devueltas a la Fundación Giner de los Ríos que tiene allí su sede. Jimena Menéndez Pidal y otras compañeras fundaron en la dura postguerra el Colegio Estudio que pretende continuar el espíritu de la Institución y aún perdura.  Pero de la Institución pendieron otras obras que tuvieron más repercusión en la Historia de la Educación española. Lo veremos en el próximo artículo.

 

 

GUMERSINDO DE AZCÁRATE: MINUTA DE UN TESTAMENTO

Creo en un Dios personal y providente, al que me considero íntimamente unido para la obra de la vida, que por esta consideración debe revestir el carácter de piadosa, y respecto del cual me reconozco dependiente y subordinado como ser finito; siendo esta intimidad y esta dependencia el doble fundamento en que se asienta la Religión, la cual es a la vez forma de la vida toda, en cuanto nuestros actos han de llevarse a cabo en vista del destino universal y en acatamiento a las leyes y voluntad de Dios, y fin sustantivo y propio, teniendo en este sentido como manifestación exterior el culto, del cual es el elemento esencial y primordial la oración; creo en la vida futura, y por tanto en la inmortalidad de nuestro ser, de nuestro espíritu con un cuerpo, habiendo de conservar siempre el hombre su individualidad esencial, no la pasajera y temporal, debida a las circunstancias de la vida terrena; y habiendo de encontrar todos, más pronto o más tarde, según sus merecimientos, un momento en el infinito tiempo en que se regeneren y salven; creo que la providencia de Dios alcanza, como su amor, a todos los pueblos y a todas las épocas, que en toda la historia se muestra igualmente, y que preside por tanto a todas las revelaciones religiosas verificadas en la conciencia humana a través de los siglos, en las que por lo mismo hay siempre un elemento divino y eterno al lado del temporal y transitorio; creo que la manifestación más alta y más divina de la vida religiosa hasta hoy es la cristiana, en cuanto ofrece al hombre como ideal eterno el Ser absoluto e infinito, como ideal práctico la vida santa de Jesús, como regla de conducta una moral pura y desinteresada, como ley social el amor y la caridad, como dogma el Sermón de la Montaña, como culto la Oración dominical.


Fuente: educational EVIDENCE

Derechos: Creative Commons

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