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- 9 de septiembre de 2026
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La gallina, la aspirina y PISA

Imagen creada mediante IA.

Miguel Ángel Tirado
La LOMLOE se aprobó en diciembre de 2020. Aquella ley debía, según su preámbulo, lograr «la mejora de los resultados educativos del alumnado». Ahora vuelve PISA a decirnos cómo vamos. Y con ella, vuelven las noticias sobre el estado de nuestra educación, vuelven las reflexiones sobre los porqués y vuelve el reparto de culpas. Durará unos días. Quizá semanas. Y después, si sucede lo habitual, también volverán la inacción (o la hiperacción sin rumbo consensuado), la falta de autocrítica y el «aquí no ha pasado nada». Hasta dentro de unos pocos años, cuando el ciclo vuelva a empezar, pero con la educación, si no se hace nada, probablemente peor.
No espere el lector un análisis de las causas, de las consecuencias o de las posibles soluciones. El propósito de este artículo es mucho más modesto: hacernos una idea de qué significa que un alumno de quince años no alcance el nivel que PISA considera mínimo.
Entendamos el drama. Según PISA, un 32 % de nuestros alumnos de quince años no alcanza el nivel 2. El dato, por sí solo, nos dice poco. ¿Qué sabe hacer un alumno que lo consigue? Pero, sobre todo, ¿qué no sabe hacer? Conviene aclarar algo: PISA llega hasta el nivel 6. El nivel 2 no es, por tanto, una meta demasiado ambiciosa, sino el umbral mínimo que se espera que haya alcanzado un alumno de quince años para desenvolverse plenamente en la sociedad.
Pongámonos a prueba. Inma tiene una gallina que se ha hecho daño en una pata. El animal parece tener mucho dolor, pero Inma no puede llevarla al veterinario hasta el lunes. Así que entra en un foro de Internet y pregunta si puede darle aspirina. Recibe varias respuestas:
Nuria explica que ella siempre consulta al veterinario antes de dar cualquier medicamento a sus aves, porque algunos medicamentos seguros para las personas pueden ser peligrosos para ellas. Mónica cuenta que una vez dio una aspirina a una de sus gallinas sin ningún problema, aunque advierte de que puede resultar peligroso superar la dosis. Entre las respuestas aparece también un anuncio de productos para aves: «¡Hola! No os olvidéis de echar un vistazo a mis superofertas en todos los productos para aves. ¡En este momento hay grandes rebajas!». Bruno aprovecha para preguntar cómo puede saber si un ave está enferma y, finalmente, Francisco, que se presenta como veterinario especializado en aves, explica que se puede administrar aspirina a las aves cuando estas presentan signos de dolor e indica la dosis adecuada. ¿Cuáles de esas publicaciones son relevantes para el problema de Inma y cuáles no?
Este es un ejemplo de lectura de nivel 2 en PISA. Como vemos, no requiere comprender oraciones sintácticamente complejas, interpretar metáforas ni conocer palabras menos habituales. Tampoco exige leer mucho. Basta con comprender una situación sencilla, expresada con un vocabulario muy básico (diría que incluso demasiado), mantener presente qué información se busca y distinguir qué partes del texto son relevantes para responder.
Ahí está el drama. Y, además, estos resultados no se reparten por igual. El propio informe PISA vuelve a mostrar una asociación clara entre el nivel socioeconómico y el rendimiento: los alumnos de entornos más desfavorecidos obtienen, en promedio, peores resultados. Detrás de esos porcentajes hay, por tanto, una cuestión de equidad.
Veamos ahora qué sucede en matemáticas, donde el 34 % de estudiantes no alcanza el nivel 2. Intente resolver este problema de este nivel: Tania quiere comprarse un coche y desea saber cuánto le costará comprarlo y utilizarlo durante el primer año. Calcula que recorrerá 20.000 kilómetros, que el combustible costará 1,54 zeds por litro y que gastará 250 zeds en mantenimiento. Tiene cuatro opciones, expresadas en una tabla. El coche A cuesta 8.000 y consume 18,9 litros cada 100 kilómetros. El B cuesta 8.700 y consume 15,7. El C cuesta 9.900 y consume 12,4. Y el D cuesta 10.500 y consume 14,1.
La pregunta es: ¿cuál de los cuatro coches le costará menos durante el primer año? Para facilitar la tarea, no hace falta calcular nada a mano ni decidir qué operaciones aplicar: PISA proporciona una calculadora de costes en la que solo hay que introducir, para cada coche, su precio y su consumo de combustible, y pulsar «Calcular» (como esos sitios web que comparan seguros o hipotecas con solo introducir un par de datos). De nuevo, no estamos ante álgebra avanzada ni ante una de esas preguntas que justificamos diciendo que «las matemáticas son muy difíciles». Ni siquiera hay que llegar al resultado: solo interpretarlo.
Ahora los porcentajes empiezan a significar algo. Casi uno de cada tres estudiantes españoles se sitúa por debajo del nivel mínimo en lectura y algo más de uno de cada tres, en matemáticas. Ya podemos imaginar mejor de qué estamos hablando. No significa simplemente que nuestro país haya perdido unos puntos, que una comunidad autónoma esté unas posiciones por encima de otra o que nos alejemos de Finlandia, Estonia o cualquier otro país que toque citar ese año.
Lo paradójico es que este dato convive con otro mucho más positivo: más del 80 % de nuestros estudiantes obtiene el título de la ESO. Es decir, mientras PISA nos advierte de que una parte importante de los alumnos tiene dificultades ante tareas tan básicas como las que acabamos de ver, nuestro sistema educativo certifica que la inmensa mayoría ha alcanzado el Perfil de Salida previsto al finalizar la enseñanza básica.
PISA tiene muchas limitaciones. Por supuesto que no mide todo aquello que importa en educación, ni una prueba internacional puede resumir por sí sola la calidad de un sistema educativo. Pero que PISA no mida todo lo que importa no significa que lo que mide importe poco. ¿Cómo es posible que, después de una década de escolarización obligatoria, tantos alumnos todavía no hayan consolidado aprendizajes como estos?
Llegados a este punto comienza el habitual reparto de explicaciones y responsabilidades. El propio preámbulo de la LOMLOE ya dejó preparada una posible explicación para un escenario como este: «los resultados no cambiarán si no se cambia profundamente la práctica educativa». No faltará, por tanto, quien sostenga que el problema no está en la ley, sino en que sus principios no han llegado realmente a las aulas; que falta formación, acompañamiento o preparación del profesorado para llevar a la práctica su propuesta pedagógica.
Una ley educativa no debería juzgarse únicamente por la bondad de sus propósitos ni por lo bien que suenan sus principios. También deberíamos preguntarnos si las decisiones que adopta ayudan realmente a que los alumnos aprendan más y mejor. Y, sobre todo, si después de años de escolarización conseguimos que todos ellos alcancen, al menos, esos aprendizajes que consideramos básicos y eso que llamamos cultura general. Esa que permite comprender el mundo y pensar por uno mismo. Esa que compartimos en sociedad, a la que la escuela no puede renunciar si quiere seguir llamándose escuela.
Mientras tanto, la gallina lesionada sigue esperando una aspirina.
Notas:
- Los datos de PISA 2025 proceden del Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE), Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, PISA 2025, donde puede consultarse el Informe español y el resto de documentación del estudio: https://www.educacionfpydeportes.gob.es/inee/ca/evaluaciones-internacionales/pisa/pisa-2025.html
- Los ejemplos «Foro sobre aves» y «La compra de un coche» proceden de los ítems liberados de PISA publicados por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa (INEE), Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, en la sección «Ítems liberados interactivos de PISA»: https://www.educacionfpydeportes.gob.es/inee/publicaciones/items-liberados/items-liberados-interactivos-pisa.html
Fuente: educational EVIDENCE
Derechos: Creative Commons