- Portada
- 18 de septiembre de 2026
- Sin Comentarios
- 21 minutos de lectura
150 años de la Institución Libre de Enseñanza (II). El proyecto regeneracionista del liberalismo español

Residencia de Estudiantes, Madrid. / Fotografía: Luis García, CC BY-SA 3.0 es, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=36701368
Fotografías: Fundación Ortega Marañón, Instituto Norteamericano de Madrid, Residencia de Estudiantes.

Felipe de Vicente
El período que se inicia tras el desastre del 98 va a ser el más fecundo del institucionismo. El propio krausismo ha mutado. La imagen del krausista adusto y seco desaparece. Galdós, simpatizante de los krausistas, retrató a uno de ellos en La familia de León Roch (1876) como un hombre atormentado por conflictos de conciencia. Más crítico, Juan Valera dedica una novela al krausismo: Asclepigenia (1878), mujer que estuvo enamorada de Proclo, prototipo de krausista triste, enjuto y mal vestido.
Ahora triunfa el positivismo que influye en la filosofía krausista: los grandes temas metafísicos y religiosos pasan a un segundo plano. La Ciencia ocupa el primer lugar y, con ella, la educación. Hay también un elemento nuevo: la fascinación por el mundo anglosajón, especialmente la educación inglesa. Giner toma contacto con este mundo a través de su amigo Gumersindo de Azcárate, cuya segunda mujer es de ascendencia británica. Pero quienes más le familiarizan con las costumbres british son los Riaño, Juan Francisco y Emilia, amigos de los Azcárate. Esta mujer es la que introduce a Giner en la admiración por la cultura inglesa. Los Riaño, en sus casas de Toledo y Madrid viven a la inglesa. A Giner le encanta compartir estancias con ellos y es asiduo al salón de doña Emilia. El prosaico, mediocre y hasta chabacano ambiente de la sociedad madrileña sucumbe ante los encantos del refinado way of life de los Riaño. Giner acabó hablando y escribiendo correctamente en inglés.
Decía Giner que en Alemania se forman los sabios y en Inglaterra los caballeros. Por eso no deja de animar a los suyos a que viajen a Inglaterra, sobre todo para conocer el modelo educativo inglés y no precisamente el de las escuelas públicas, más bien el de los elegantes internados, con especial interés en los Colleges de Oxford. Hasta tal punto cuajan en Giner las costumbres inglesas que no falta en su desayuno el porridge que lo complementa con sopas de ajo.
El 98 marca un hito político en España y en el institucionismo. Giner no participó nunca de forma directa en política, no fue diputado ni senador, pero muchos institucionistas fueron conocidos políticos de la época. El primero de todos: Joaquín Costa, al que Giner ayudó en sus difíciles primeros pasos en Madrid dándole trabajo en la Institución. El costismo debe mucho al institucionismo. Moret y Montero Ríos eran institucionistas y ocuparon la presidencia del gobierno.
El institucionismo tenía un proyecto para regenerar España. El proyecto del liberalismo español. Lo que Vicente Cacho, el primer gran experto en la Institución, ha denominado la “moral de la Ciencia”. Frente a la moral revolucionaria de socialistas y anarquistas o a la moral tradicionalista del carlismo, los liberales (la tercera España) ofrecía una solución alternativa: la educación como instrumento transformador. Pero no sólo la idea de llevar la escuela a todos los rincones, hay algo más: la necesidad de formar una élite de científicos e intelectuales bien formados en universidades extranjeras que actualicen la universidad española y formen una clase dirigente capaz de sustituir a los corruptos políticos del caciquismo.
Los institucionistas tuvieron especiales relaciones con el Partido Liberal y, posteriormente, también con el Reformista fundado por Melquiades Álvarez en 1912. En cierto modo representaba una síntesis de los ideales regeneradores de los institucionistas: una democratización de la Monarquía. Una Monarquía a la inglesa. De momento no haría falta recurrir a la república si el Rey está dispuesto a cambiar la Constitución. En este proyecto estará inicialmente Azaña, que pronto lo abandonará, y, sobre todo, Ortega, que se lanza a la política con su Liga para la Educación Política (1913) y su libro Meditaciones del Quijote (1914), punto germinal de lo que se ha llamado generación de 1914. Además, admira a Giner a quien considera un “santo laico”. Melquiades Álvarez era catedrático de la Universidad de Oviedo, en donde había el núcleo de krausistas más importante después de Madrid. Leopoldo Alas “Clarin”, catedrático de Oviedo, había sido discípulo de Giner a quien tenía una estima extraordinaria.
A través de políticos afines, el institucionismo irá consiguiendo algunos de sus fines. En 1900 se crea el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, por el gobierno presidido por el conservador Silvela. Esa era una de las viejas reivindicaciones del institucionismo. Se ha elogiado mucho la labor educativa de la Segunda República, como si antes no se hubiera hecho nada. Es falso. La obra de este Ministerio no fue escasa. Se reformaron los estudios de Magisterio, se creó la Inspección de Enseñanza Primaria (instrumento muy importante), los maestros dejaron de depender de los ayuntamientos (que pagaban tarde y mal) para ser funcionarios del Estado, se facilitó una carrera profesional para ellos y se fueron creando muchas escuelas, evidentemente menos de las necesarias.
Pero la gran obra del Ministerio en estos años, inspirada por Giner, fue la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas creada por el ministro Amalio Giménez en 1907. Desde hacía años ya se concedían becas para estudios tanto dentro de España como para el extranjero. Ahora se creaba un organismo específico no solo para enviar pensionados a otras universidades sino también para fomentar la investigación científica en España. Si algún lector tiene curiosidad, al final del artículo tiene una lista de algunos de los becados por la Junta.
La Junta quería contribuir a la modernización científica del país, muy atrasado respecto a los europeos más avanzados. Para ello empezó becando a estudiantes y profesores para que ampliaran conocimientos en el extranjero. En 1910 se concedieron las primeras becas. En 1936, unos 2000 españoles habían salido a las mejores universidades extranjeras para ampliar estudios. El primer presidente del Patronato de la Junta fue Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina 1906, quien ostentó la presidencia hasta 1934, aunque le dedicó poco tiempo. No provenía del krausismo ni simpatizó con él. El secretario de la Junta y verdadera alma de la institución fue José Castillejo (1877-1945), krausista discípulo de Giner, a quien conoció en la Universidad de Madrid, y le propuso para el cargo, que ostentó durante todo el tiempo de existencia de la Junta. Castillejo es el prototipo de intelectual institucionista, de familia burguesa, que le permite estudiar Derecho hasta conseguir una cátedra de Derecho Romano. Y casado, como no, con una inglesa, Irene Claremont que, con el tiempo, llegó a ser una reputada psicóloga.
La capacidad organizativa de Castillejo pronto se concretó en nuevas iniciativas vinculadas a la Junta, al crearse nuevos organismos de investigación propiamente nacionales y que deberían contribuir a la investigación científica propia gracias a las aportaciones de los pensionados en el extranjero. Estas fueron las principales creaciones de la Junta:
Centro de Estudios Históricos, creado en 1910, dirigido por Menéndez Pidal y que contó con varias secciones dedicadas a la Lengua Española, Lenguas Clásicas, Literatura, Arte e Historia
Instituto Nacional de Ciencias Físico Naturales, también creado en 1910, dirigido por Ramón y Cajal. En este Instituto se integraron el Museo de Ciencias Naturales; el Instituto de Física y Química, dirigido por Blas Cabrera; el Museo de Antropología y el Laboratorio de Investigaciones Biológicas.
Asociación de Laboratorios, creada en 1910, dirigida por Leonardo Torres Quevedo para lograr la colaboración entre diversos laboratorios ya existentes.
Otros organismos vinculados a la Junta fueron: el Seminario de Matemáticas, la Comisión
Paleontológica y Prehistórica y la Escuela Española en Roma para Arqueología e Historia.

Pero, sin duda, la creación más singular y conocida de la JAE será la Residencia de Estudiantes, creada en 1910. Se instalará con quince residentes en un chalet de la calle Fortuny propiedad del Instituto Internacional de Boston, dirigido por unas animosas misioneras protestantes norteamericanas, que lo cederán a la Junta para la Residencia hasta que se trasladó a los Altos del Hipódromo, al final de la calle Serrano, la Colina de los Chopos, como la llamará Juan Ramón Jiménez, un huésped ocasional de la residencia. Su director hasta el final (1936) será Alberto Jiménez Fraud (1883-1964), otro hombre salido del grupo institucionista. Señorito malagueño, Jiménez Fraud llega a Madrid en 1905 con una carta de recomendación para Giner, malagueño también. Pronto entrará en el círculo íntimo de Giner y de su sucesor al frente de la Institución, Manuel Bartolomé Cossío, casándose con una hija de éste, Natalia, a la que también habían enviado a Inglaterra para que cogiera modos de lady. Cossío y Jiménez Fraud eran admiradores del sistema británico de educación. Jiménez Fraud hizo varios viajes a Inglaterra entre 1907 y 1909. Quizás fue el más dandy de todos.
El chalet de Fortuny se convertirá en la Residencia de Señoritas, el equivalente femenino. Su directora será María de Maeztu, discípula aventajada de Ortega, feminista avant la lettre que no proviene del krausismo, ya que es católica practicante. Inspirándose en el ambiente de la Institución, las residencias querían ser un hogar en donde convivían estudiantes, profesores y hombres de la cultura. El modelo: los Colleges británicos. Se valoraban los buenos modales, la elegancia y hasta un cierto refinamiento. No había lujo en sus estancias, pero sí buen gusto. Las mesas siempre con manteles limpios, vajilla y cristalería comme il faut. Como en la casa de los Giner-Cossío: cuando Giner veía una pequeña mancha en la mantelería, él mismo la limpiaba.
Por la Residencia de Estudiantes pasó lo mejor de la inteligencia española del momento: Ortega, Azorín, Unamuno, D’Ors, Marañón… Y de la europea; allí dieron conferencias: Einstein, Howard Carter, Marie Curie, Keynes, Le Corbusier… Algunos también pasaron por la de Señoritas. A partir de 1913 funcionó una editorial cuyo primer libro fue las Meditaciones del Quijote de Ortega, publicado en 1914. Había veladas de música, alguna con García Lorca al piano, o de cine, con Buñuel de comentarista. Educación exquisita, un tanto esnob, para formar a la élite que debía modernizar España.
La última gran creación de los institucionistas, muerto ya Giner (1915), será el Instituto-Escuela, creado en 1918 siendo ministro de Instrucción Pública Santiago Alba, uno de los exponentes del ala izquierda del liberalismo. Con este centro docente se conseguía trasladar a la enseñanza pública el modelo pedagógico de la Institución. Hay que advertir que, entre el grupo de krausistas, hubo siempre algunos catedráticos de Instituto, por ejemplo, el hermano de Giner, Hermenegildo, destinado durante un tiempo en Barcelona. Se instaló en el nuevo edificio construido por el Instituto de Boston en el solar contiguo a la Residencia de Señoritas. Además de la formación de los jóvenes estudiantes, el Instituto-Escuela perseguía la preparación de profesores para la enseñanza secundaria, construyendo un ensayo pionero en el sistema educativo español. Toda la metodología del Instituto Escuela se basaba en la seguida en la Institución. Siguiendo el modelo del Instituto-Escuela se crearon similares centros en Barcelona, Valencia y Sevilla.

El proyecto regenerador del liberalismo español, fracasó, engullido por los dos bloques que acabaron en la Guerra Civil. En 1936, las obras de la Institución fueron depuradas y aunque siguieron sus directores, el control se hizo mayor. Tras el 18 de julio, para evitar males mayores, la Residencia de Señoritas enarboló la bandera norteamericana, gracias a su relación con el Instituto de Boston. En la Residencia de Estudiantes ondeó el pabellón británico, ya que había alojado un grupo de estudiantes ingleses. Ortega corrió a refugiarse allí, donde unos milicianos dirigidos por María Zambrano, le obligaron a firmar un documento de adhesión a la República. En cuanto pudo, huyó de España. Lo mismo hizo Juan Ramón Jiménez valiéndose de su buena relación con Azaña. Melquiades Álvarez, con quien Ortega dio sus primeros pasos en política, fue asesinado por milicianos a los pocos días de iniciarse la guerra en la cárcel Modelo de Madrid.
Unamuno, que admiraba a Giner y llegó a tener habitación en la Residencia para sus viajes a Madrid, se refirió a los “hunos y los hotros”. En la Institución también hubo “hunos y hotros”. A los hermanos Machado, Antonio y Manuel, la guerra les pilla cada uno en un bando distinto. Ambos fueron alumnos de la Institución. Antonio se deshizo en elogios al anarquista Líster mientras que Manuel está entregado a Franco. En el último gobierno de la zona republicana, había un ministro institucionista, nada menos que Bernardo Giner de los Ríos, sobrino de Don Francisco. En el otro bando, en el primer gobierno de Franco, había otro antiguo alumno de la Institución: Pedro González Bueno. Ya se ve que la Institución no consiguió que todos sus alumnos fueran buenos liberales. Pero eso pasa hasta en las mejores familias.
La Junta de Ampliación de Estudios se convertiría en Consejo Superior de Investigaciones Científicas, tras una exigente purga de profesores. La Residencia de Estudiantes pasó a ser residencia de investigadores del Consejo, hasta que, tras una profunda remodelación, reabrió sus puertas en 1986 para convertirse en centro cultural y residencia de profesores en donde he tenido la suerte de alojarme varias veces. La residencia de Señoritas pasó a ser un Colegio Mayor femenino y, posteriormente, sede de la Fundación Ortega Marañón. El Instituto Internacional de Boston albergó en la postguerra a la embajada de los Estados Unidos y en los años cincuenta al Colegio Estudio. María de Maeztu (conmocionada por el asesinato de su hermano Ramiro), Jiménez Fraud y Castillejo (al que buscaban los milicianos para matarlo) huyeron al estallar la Guerra. Los tres murieron fuera de España. Aunque pudieron volver, se organizaron profesionalmente fuera, con algún viaje esporádico. No cabían ni en una ni en otra España.
Sí, en España hubo liberales de verdad (¿los hay?). Fue uno de los primeros países en tener una Constitución liberal y muy avanzada para la época. Pero en la sociedad no cuajó una cultura liberal, como sí pasó en Inglaterra. Ya decía Marañón que ser liberal es, ante todo, una actitud y aquí florecieron otras actitudes. Los institucionistas forman parte de la tradición liberal española que se inicia con las Cortes de Cádiz. No fueron los únicos, pero sí importantes. Todos pretendían que España fuera una democracia liberal. Al menos, lo intentaron. Desde la terminología marxista se dirá que eran unos burgueses. Pero mejor nos hubiera ido si esos burgueses liberales se hubieran impuesto a “hunos y hotros”.
Nota final

Estos artículos no hubieran sido posibles sin la relación del autor con el Profesor Vicente Cacho Viu (1929-1998), catedrático de Historia en Barcelona y en la Complutense. Cacho fue el pionero en el estudio riguroso de la Institución, con su obra “La institución Libre de Enseñanza. Orígenes y etapa universitaria”. Se publicó en 1962, cuando la Institución padecía aún la maldición del franquismo. El profesor Cacho se dedicó posteriormente al estudio de la historia intelectual del liberalismo español, contagiándome de este interés. No olvido sus conversaciones en Barcelona y en Madrid, en su despacho de la Fundación Ortega Marañón. El me facilitó el acceso a la Fundación (de la que fue patrono) y un encuentro con Soledad Ortega, hija del maestro y presidenta honoraria del Patronato. Agradecimiento también al profesor de la Greenwich University Esteban Ayala (1938-2018); sus largas conversaciones en su casa de Londres y en San Sebastián, tras su jubilación, me ayudaron a comprender el trasfondo anglosajón de la Institución y el sistema educativo en que se inspira. Para el artículo he utilizado, sobre todo, la ingente obra en cuatro tomos de Jiménez Landi sobre “La Institución Libre de Enseñanza y su ambiente”. Sobre el liberalismo español he escrito dos libros: Viva la Pepa. Los frutos del liberalismo español y El catolicismo liberal en España en los que trato ampliamente el krausismo, la Institución y su proyecto regeneracionista.
RELACIÓN DE ALGUNOS PENSIONADOS POR LA JAE
(Fuente: José Luís Abellán, Historia crítica del pensamiento español, vol. V-2
| MEDICINA Severo Ochoa, Francisco Grande Covián, Rodríguez Lafora, Pío del Río Ortega, Jiménez Díaz, Teófilo Hernando, Isaac Costero, Felipe Jiménez de Asúa, Luís Calandre, Pedro Ara, Laín Entralgo, Sixto Obrador, Orts Lorca, Pérez Lorca, Rof Carballo, Varela Gil, Novoa Santos, López Ibor |
| PEDAGOGÍA Lorenzo Luzurriaga, Manuel Bartolomé Cosío, José Castillejo, Luís de Zulueta, Rodolfo Llopis, Luis Álvarez Santullano, Virgilio Hueso, Ángel Lorca, Rosa Sensat, Félix Martí Alpera, A. Rubiés, Pedro Roselló |
| GEOGRAFÍA, HISTORIA Y ARTE Eduardo de Hinojosa, Pere Bosch Gimpera, Manuel Gómez Moreno, Claudio Sánchez-Albornoz, Ciriaco Pérez Bustamante: Ramón Carande, Manuel de Terán, Castelao, Francisco Esteve, Francisco Murillo y Herrera, Elías Tormo, González Martí, Timoteo Pérez Rubio, Joaquín Folch i Torres, Ernesto Halffter, Ruíz Casaux, Rafael Benedito, Adolfo Salazar, Nicanor Zabaleta, Regino Sainz de la Maza, Conrado del Campo |
| FÍSICA, QUÍMICA, BIOLOGÍA y MATEMÁTICAS Enrique Moles, BIas Cabrera, Esteban Terradas, Eduardo Hernández Pacheco, José Royo Gómez, José Cuatrecasas, Gabriel Martín Cardoso, Julio Rey Pastor |
| FILOSOFÍA Julián Besteiro, Ortega y Gasset, García Morente, Xabier Zubiri, Bonilla San Martín |
| LINGÜISTAS Y ESCRITORES Navarro Tomás, Juan Corominas, Emilio García Gómez, Antonio Machado, Rafael Alberti, Ramón Pérez de Ayala |
Más información:
150 años de la Institución Libre de Enseñanza (I). Los orígenes
Fuente: educational EVIDENCE
Derechos: Creative Commons