• Literatura
  • 4 de febrero de 2026
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La lucidez como herramienta para herirte, el arte oscuro de Francisco Jota-Pérez

La lucidez como herramienta para herirte, el arte oscuro de Francisco Jota-Pérez

wal_172619 – Pixabay

 

Licencia Creative Commons

 

Cesc Fortuny i Fabré

 

En un ecosistema cultural saturado de autoayuda disfrazada de ficción y de productos diseñados para el consumo rápido (que digo rápido, ultrarrápido), la obra de Francisco Jota-Pérez esgrime una espeluznante idea, pensar tiene un coste y a veces ese coste consiste en asumir que el mundo que hemos construido, funciona demasiado bien como para abandonarnos a la esperanza.

En su trabajo se percibe con claridad una obsesión central, la distorsión. Distorsión de la memoria, del yo, de la percepción del tiempo, pero sobre todo la distorsión inducida por las estructuras socioeconómicas y tecnológicas que organizan la vida contemporánea. Jota-Pérez no se limita a utilizar estas ideas como ornamentos, las incorpora al propio tejido del texto. La sintaxis se vuelve inestable y la puntuación se altera. Encontramos aquí una coherencia radical entre forma y contenido. Si el mundo se fragmenta, el lenguaje no puede permanecer intacto.

Su escritura poética opera como un laboratorio donde la música del poema no nace de la cadencia sino de la tensión (¡ejem!, del choque) entre registros. Hablamos aquí del lenguaje técnico de las ciencias sociales, de la jerga tecnológica, de la imaginería corporal y de una voz que oscila entre el ensayo enloquecido por efectos del LSD y la invocación casi profética. En esta mixtura, la tecnología aparece como mediadora total de la experiencia humana, y no precisamente desde el entusiasmo ni desde el rechazo, sino como un hecho estructural que reorganiza deseos, vínculos y modos de estar en el mundo.

Leer a Jota-Pérez es aceptar que la literatura puede seguir siendo un espacio de pensamiento, pero no necesariamente de consuelo. Que puede construir atmósferas densas, opresivas, cargadas de sentido, sin ofrecer ninguna salida. Que puede operar como un espejo oscuro en el que el lector no se reconoce del todo, pero del que tampoco puede escapar del todo.

Uno de los aspectos más interesantes de su trabajo es precisamente esta manera de diluir la frontera entre géneros. Narrativa, poesía y ensayo se contaminan mutuamente hasta volverse indistinguibles. Este superpoder no parece responder a una pose vanguardista, sino a necesidades internas del texto. Cuando la realidad se presenta como un sistema saturado de estímulos, dispositivos y discursos superpuestos, la literatura que aspira a representarla o discutirla, no puede permitirse formas puras ni compartimentos estancos.

En este contexto, la hiperstición ocupa un lugar clave dentro de su narrativa, ficciones que se comportan como entes reales o ideas que modifican el marco en el que se enuncian. La línea que separa lo real de lo imaginado se vuelve porosa, y el lector se ve obligado a aceptar que ciertas construcciones narrativas no describen el mundo, sino que operan sobre él. Jota-Pérez entiende muy bien que el poder de la ficción no reside en su verosimilitud, sino en su capacidad para reorganizar nuestras creencias muy al estilo de como lo pretende un grimorio.

Sin embargo, la escritura de Jota-Pérez no se entrega a un nihilismo adolescente ni a la nostalgia reaccionaria. No idealiza ningún pasado ni propone soluciones utópicas. Se limita a llevar las premisas de nuestro presente hasta sus últimas consecuencias.

El humor, cuando aparece, lo hace como un gesto despiadado que no alivia precisamente la carga del texto, sino que más bien la subraya. Su ironía funciona como un revulsivo, reír aquí no libera de nada ya que el lector se ve a si mismo banalizando algo que al mismo tiempo le horroriza. Se trata de un humor oscuro, ácido, a veces cruel, que funciona como mecanismo de distanciamiento para tomar cierta perspectiva, y no como una herramienta para descansar de la densidad narrativa (que a veces es mucha), sino para introducir una grieta desde la que observar lo que se dice.

Desde el punto de vista formal, sus textos parecen estar compuestos por bloques significantes que se superponen, se interrumpen y se reconfiguran. Las frases largas y subordinadas, generan una sensación de inmersión o de pensamiento en proceso. El lector no avanza por una narración lineal, sino que se desplaza por un campo de fuerzas semánticas donde cada imagen empuja a la siguiente.

Desde el punto de vista retórico, el trabajo de Jota-Pérez es de una precisión notable. Nada parece improvisado, y aunque el texto adopte la apariencia de un flujo desbordado, cada digresión cumple una función, cada imagen contribuye a la construcción de un paisaje mental coherente en su brutalidad. Un exceso que reproduce, en el plano del lenguaje, la saturación informativa y simbólica del mundo que describe.

Quien se acerque a sus textos haría bien en hacerlo sin buscar respuestas, y a cambio encontrará un trabajo riguroso y exigente sobre el lenguaje, una exploración constante de cómo las ficciones modelan lo real y una notable capacidad para construir atmósferas densas, inquietantes y cargadas de sentido, además de una experiencia estética que no subestima al lector y que confía en la inteligencia como forma de placer.

Su extenso trabajo ha visto la luz en revistas, espacios virtuales, y un buen número de novelas; Teratoma (Orciny Press, 2017), Endo (Orciny Press, 2019), Modulorama (El Transbordador, 2022) y Máquinas de acción perfecta (Dilatando Mentes, 2023) entre otras. Ha participado en diversas antologías de las que destacan; Dionisia Pop! (editorial Grupo AJEC, 2007) y Antifuente (Viaje a Bizancio Ediciones, 2008). También ha cultivado el ensayo; Polybius (Antipersona, 2016), Homo Tenuis (GasMask, 2016) y Circlusión (Dilatando Mentes, 2025). Ha trabajado la poesía en Napalm Satori que fue galardonado con un premio Ignotus a la Mejor Obra Poética, o en su poema largo Luz simiente. Ha trabajado la traducción, ha sido guionista de cortometrajes y novelas graficas e incluso ha sido letrista de la mítica banda de doom metal experimental Pylar.


Fuente: educational EVIDENCE

Derechos: Creative Commons

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