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  • 20 de marzo de 2026
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Resistir

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Docentes catalanes frente al Palau de la Generalitat durante la manifestación de esta semana. / Foto: Sindicat Professors de Secundària

 

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Andreu Navarra

 

José Luis Villacañas, catedrático de Historia de la Filosofía en la Universidad Complutense de Madrid y uno de nuestros pensadores más completos e influyentes, que no para de editar libros, acaba de publicar Senderos que se bifurcan (Arpa), donde traza las coordenadas básicas de dónde se encuentran actualmente nuestra sociedad y nuestra educación. Su ensayo lo sustenta una idea básica: durante la historia de la Humanidad, los proyectos imperiales se han opuesto a los proyectos gubernativos, de manera que podemos explicar las encrucijadas políticas desde la llegada del Homo Sapiens y los faraones hasta las calles de Minnesota.

En sus conclusiones, nos explica que “todos y cada uno de estos poderes imperiales siempre han tenido necesidad de una cosa: de producir homogeneidad mental capaz de garantizar la obediencia de los sometidos. Del primero al último, desde los faraones a Trump, han intentado crear una teología política, una unión firme de religión y política capaz de gobernar los cuerpos y las almas. La teología política es la aspiración de lograr el gobierno del alma para domesticar tanto como sea posible la libertad humana”.

Y, atentos a este párrafo clave, añade a continuación: “Toda forma de domesticar la libertad tenderá siempre a limitar el trabajo psíquico autónomo del individuo singular. El mayor medio de dominar el alma es la generación de desorientación. Cuando la confusión reina en el psiquismo, siempre se promoverá la autoridad irrestricta de alguien”. Este es el verdadero sentido de las reformas competenciales, también en nuestro país: recortar el “trabajo psíquico”, anular cualquier veleidad de autonomía personal, imponer la estandarización mental, instaurar un estado permanente de confusión en el estudiante y en el docente.

El emotivismo que preside nuestras políticas pedagógicas queda así desenmascarado: “Por lo demás, en medio de la confusión, la manifestación pulsional es mucho más probable, lo que tiene la ventaja de proporcionar al sujeto una cierta sensación de libertad. Pero, como sabemos, la manifestación pulsional es la más distante de cualquier comprensión madura de la libertad. Pues la pulsión siempre obra contra el propio sujeto: es una forma mucho más eficaz que el terror para dominarlo”. En la antigua sociedad disciplinaria, bastaba con la policía y con los docentes sádicos. En la actualidad, la anulación individual se produce por la saturación libidinal y la propaganda anarcocapitalista.

¿Cuál es el papel de las nuevas tecnologías en todo esto? Villacañas tiene también una respuesta para ello: “El programa de domesticación de la libertad hoy se sirve, como ayer, de las innovaciones técnicas. En la Antigüedad fue el hierro, la rueda, el estribo, lo que imponía obediencia con el terror de la guerra. Luego, la innovación técnica estuvo relacionada con el arte de lograr la cura de las almas, la capacidad de eliminar angustias, miedos, de ofrecer autoridades frente al desorden y el caos mental, organizando neurosis y psicosis colectivas mediante formas absolutas de fe. La finalidad siempre fue la misma: que el interior secreto de las almas pudiera ser conocido, controlado y revelado al poder para de esta forma prevenir sus acciones y garantizar la obediencia”. Su propuesta es inequívoca: la IA y unas redes henchidas de toxicidad forman hoy la “teología política” más adecuada para la “domesticación de la libertad”, esta bancarrota del espíritu humano y su capacidad para autodefinirse, generar confianza mutua y convivir.

El pedagogismo llegó para someternos y convertirnos en seres dóciles. Insistamos en lo que nos parece esencial: el pedagogismo y su modalidad competencial, orientada hacia lo que llamamos “empleabilidad”, constituyen el dispositivo concreto de la “teología política” actual, imperial y globalista. A nuestros Imperios (EUA, China, Rusia) ya no les interesa tanto conquistar nuestros territorios como someter nuestras mentes, y esta es la verdadera función de las nuevas tecnologías y las burocracias pedagogistas asociadas a ellas. Que estas se presenten como herramientas para el progreso y la emancipación ya debería empezar a producirnos risa y prevención. La ventaja de las reflexiones de Villacañas, y su originalidad, consiste en el lanzamiento de esta alerta: una tecnología que sustituye nuestra conciencia y nuestra libertad de pensamiento por modismos automatizados e información mutilada y sesgada sistemáticamente, orientada a la generación de fanatismo extremista, no tiene absolutamente nada de inocente. El vector autoritario de hoy promueve esa sustitución de la cultura por el estándar digital impuesto.

Muchos de nuestros políticos, publicistas y cargos intermedios deberían empezar a entender qué están haciendo realmente cuando colaboran acríticamente con estos nuevos poderes totalmente verticalistas y autoritarios. Obviamente, la solución a esta amenaza pasa por reinstaurar todo lo que el imperialismo detesta: literatura, filosofía, ciencia base, diálogo, historia razonada, antiindividualismo, sentido colectivo, abstracción matemática, reflexión sociológica y antropológica, compañía humana, debate, diálogo, diversidad, escritura crítica, todo lo que constituía la vida propia de las instituciones educativas y que se ha visto interrumpido por la utopía absolutista del tecnopoder.


Fuente: educational EVIDENCE

Derechos: Creative Commons

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