- Portada
- 28 de septiembre de 2026
- Sin Comentarios
- 16 minutos de lectura
Carmen Fontaneda: «El antipedagogismo es un tema incómodo»

Carmen Fontaneda escribe su tesis doctoral en la Universidad Autónoma de Madrid bajo la dirección de la Dra. Bianca Thoilliez. / Imagen: Giovanni Pelegi

Andamos buscando un sitio tranquilo dentro de la facultad. No es fácil, porque estamos a principios de junio y tienen lugar los exámenes de la selectividad, ahora con distópicos inhibidores de frecuencia para teléfonos móviles, pero también porque el edificio, laberíntico, es un sinfín de salas ocupadas y de pasillos. Finalmente, en una especie de entreplanta, encontramos unos bancos desiertos. Al hablar sobre antipedagogismo nada más ni nada menos que en la Facultad de Pedagogía tenemos la tensa sensación de que en algún momento alguien vendrá a echarnos la bronca.
Carmen Fontaneda (Madrid, 2000) es Maestra en Educación Infantil y Máster en Calidad y Mejora de la Educación (UAM) y también en Memoria y Crítica de la Educación (UNED y UAH). Obtuvo la beca de formación especializada del Ministerio de Educación en el Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado (INTEF). Actualmente escribe su tesis doctoral, también en la Universidad Autónoma de Madrid y bajo la dirección de la Dra. Bianca Thoilliez, primero con el contrato FPI de la Comunidad de Madrid y ahora con el FPU del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades.
Quizá la primera pregunta que debería hacerte es sobre qué tema trata tu tesis.
Mi tesis doctoral se centra en el movimiento antipedagogista español, pero más concretamente sobre los discursos de los docentes y sobre cómo estos teorizan sobre la educación. Parto de la idea que, tradicionalmente y en el seno de la investigación educativa, se tienen en cuenta las voces de los docentes desde una perspectiva externa. Es decir, el investigador educativo va al aula y pregunta a un docente sobre, por ejemplo, el concepto de innovación. Sin embargo, no se tiene en cuenta cómo, dentro de la teoría educativa, los propios docentes crean o aplican su conocimiento pedagógico. La práctica docente articula un conocimiento pedagógico que está apareciendo, cada vez en mayor medida, como una teoría educativa. Las publicaciones de Ediciones AKAL o de profesores que están escribiendo libros como por ejemplo Alberto Royo, Pascual Gil, Olga García y Enrique Galindo están ofreciendo una visión crítica ante la realidad educativa actual que muchas veces teoriza contra la visión hegemónica de la educación en las universidades.
¿Esa visión hegemónica es el pedagogismo?
Sí. El pedagogismo se ha configurado a través de políticas, de discursos y de prácticas por una doble vía. Por un lado, a través de la crítica a la escuela como una institución tradicional y desfasada. Ese mantra de «la letra con sangre entra» como crítica a un supuesto sistema violento y autoritario anterior al actual –no quiero negar las violencias que se han ejercido–. Por otro lado, desde una visión neoliberal, al tildar la escuela de desactualizada porque no cumple con su supuesta función: preparar para el mercado laboral o para las exigencias del siglo XXI.
La escuela se vacía de conocimientos tan elementales como enseñar a leer y escribir
¿Cuál es la consecuencia de esta visión?
La escuela ha perdido el objetivo de ser escuela, es decir, se reniegan sus objetivos pedagógicos elementales de tinte académico, porque la institución se está sobrepasando con otras funciones, especialmente para paliar carencias que no están remediando otras instituciones. Se ha sobrecargado la escuela de objetivos amplios y a veces tan ambiguos que se ha perdido la noción de su sentido más primario. La escuela se vacía de conocimientos tan elementales como enseñar a leer y escribir.
Entiendo que hay un abandono de la idea de enseñanza que buscas poner en valor.
Sí. Al final, mi tesis busca ser una defensa de la escuela y eso implica una defensa del conocimiento y de la cultura para gente que solo puede encontrar eso en la escuela.
¿Es decir, que en última instancia el pedagogismo genera una desigualdad social?
Se está promoviendo un cierto antiintelectualismo. También, una pérdida de valor hacia las humanidades o hacia aquellos conocimientos que no resultan provechosos para el mercado laboral. Esto aumenta la segregación sociocultural de la población porque si no se accede en la escuela pública a ciertos aprendizajes o a ciertos contenidos, las familias pudientes van a pagar clases particulares o van a llevar a sus hijos a escuelas de élite para que sí sea posible. Pero el hijo del trabajador no va a poder acceder a ello.
El pedagogismo es principalmente un movimiento neoliberal porque busca promover un sistema educativo ineficaz
En relación a eso, tú comentabas que el pedagogismo es neoliberal, ¿verdad?
Sí. El pedagogismo es principalmente un movimiento neoliberal porque busca promover un sistema educativo ineficaz. El docente ya no es quien enseña, sino un técnico que tiene que aplicar ciertas metodologías. La burocracia que ha emergido es una forma de justificar de cara al público todo lo que se hace, independientemente de que de verdad se esté haciendo. Al poner el alumno en el centro, aparece esa visión individualista de construcción de su propio aprendizaje. El docente se parece entonces a un coach. Son mantras de dinámicas de empresa. Por ejemplo, tenemos el enfoque competencial, que está centrado en la vida real, cuando muchos de los aprendizajes importantes no son siempre aplicables en la vida real, pero no por eso dejan de ser valiosos.
¿Qué es la vida real?
Eso es, ¿qué es? En nuestra sociedad, lo que sea útil, lo que pueda producir dinero de la noche a la mañana. La educación se transforma en un instrumento para formar a los futuros trabajadores, y esa formación lleva implícita ya no solo habilidades, sino también una mentalidad neoliberal. A eso hay que sumarle la bajada radical del nivel. Si bajamos el nivel del aula con un falso igualitarismo o con distracciones temáticas, estamos desprestigiando procesos valiosos para la educación, como es el aburrimiento, el esfuerzo o la memoria.
¿Qué deberíamos hacer para devolverle a la escuela su «motor»? ¿Revalorizar la tradición? ¿Dar la palabra a los docentes?
Yo creo que lo que estamos viendo en la educación es un reflejo de lo que está ocurriendo en la sociedad. Precisamente el problema es afirmar que la escuela se debe adaptar a la sociedad. Yo creo que la educación debe de ser una isla. Que no se tiene que adaptar a la sociedad, sino que tiene que ser el lugar donde se lleve a cabo lo escolar. No estoy diciendo que no sea valioso lo no formal en lo educativo, pero hay que recuperar los objetivos pedagógicos. Obviamente nunca ha habido una escuela ideal, la escuela siempre ha tenido sus desafíos y sus problemas, pero yo creo que vale la pena repensar la educación desde lo escolar. Y para ello me parecen imprescindibles las voces de los docentes, porque muchas veces se tacha al que defiende la escuela desde este prisma de reaccionario, cuando el docente muchas veces ya aplica un sistema de aprendizaje efectivo y variado. Aun así, me parece peligroso intentar entender el problema como una cuestión de polos opuestos: o tradicional o innovador. Ni todo lo innovador por nuevo es bueno, ni todo lo tradicional por ser tradicional es malo.
Me parece peligroso intentar entender el problema como una cuestión de polos opuestos: o tradicional o innovador
Podríamos decir que el pedagogismo se basa en un prejuicio negativo de la figura del docente y de su actividad.
Efectivamente. Lo que me motivó a escoger el tema de esta tesis fue el malestar docente que vi en los centros educativos y las acusaciones que reciben por todo lo que sale mal en la sociedad. Están esos discursos de «el docente no sabe» o «el docente necesita formación» que vienen de organismos que no pisan un aula, es decir, de ministerios, de consejerías, de facultades de educación, de empresas, de gente que no está en un instituto. Se proponen políticas de persecución hacia los docentes, de justificación de todo lo que hacen con un exceso de burocracia, incluso de lo que piensan, de su reflexión práctica y mientras tanto se les está quitando tiempo de preparar la clase. La reflexión pedagógica es necesaria y yo creo que los docentes la hacen; el problema es cuando se utiliza como un instrumento de control.
Me gustaría que hablaras del tema de las evidencias en educación; la controversia que hay sobre lo que son las evidencias educativas, porque el pedagogismo siempre se justifica en sus supuestas evidencias.
Tiene mucho que ver con quién habla sobre educación y quién redacta las leyes educativas, porque no hay que perder nunca el contexto en el que una evidencia educativa tiene sentido o no. El que una metodología funcione en un contexto no significa que funcione en todos los grupos, niveles, asignaturas, centros o profesores. El pedagogismo busca centrifugar y generalizar metodologías. Los indicios contextuales se transforman en verdades. Se niega la libertad de cátedra: si no está gamificando, no es un buen docente. Si no está utilizando ABP, no es un buen docente, independientemente del curso, del grupo, de la asignatura, del centro educativo, etcétera. Por otro lado, las evidencias que se escogen son muy selectivas. Por ejemplo, se sigue hablando de inteligencias múltiples cuando se ha demostrado que no existen. El problema de un sistema de la sospecha es que ya nada tiene fundamento.
Y aparecen los neuromitos.
Y también las prácticas directamente absurdas. Ya no solo el enfoque centrado en lo útil, sino también la obsesión del bienestar, de la psicología positiva, esta especie de Mr. Wonderful. Lo importante es que el alumno esté bien y que no se frustre, cuando esto forma sujetos individualistas, pequeños narcisos. Se rechaza exponer a los alumnos a determinadas situaciones que les puedan causar frustración y se evitan situaciones valiosas para el aprendizaje. Ya no importa el bien común del aula, sino el sujeto egoísta. La idea de que el alumno tiene que aprender por descubrimiento… Todo el mundo buscamos atajos para hacer las cosas lo más fácil posible. La psicología del bienestar hace que evitemos procesos valiosos como por ejemplo sentarse por primera vez a leer un texto donde igual no entiendes ninguna palabra. Pero el mantener la concentración y buscar el significado de las palabras va a hacer que luego puedas acceder a textos más complejos. Son procedimientos que evitamos para no frustrar al alumno. La IA no hace más que facilitar procesos y eso no es escolar.
La psicología del bienestar hace que evitemos procesos valiosos como por ejemplo sentarse por primera vez a leer un texto donde igual no entiendes ninguna palabra
¿Qué relación tiene el pedagogismo con la digitalización?
Se vende la digitalización como una innovación y se generaliza a todos los centros. Lo que decíamos antes sobre las evidencias: se ha evidenciado que el uso de pantallas tiene efectos negativos en los niños y en los adolescentes, pero da lo mismo porque es nuevo y por ser nuevo es bueno. Más allá del tema de los datos de los alumnos que se regalan a empresas privadas como Google. La escuela está alimentando la formación de ese sujeto consumidor que rechaza la idea de la educación como una isla de la sociedad. Puede que no sea deseable que la escuela se parezca a la sociedad. El pedagogismo es profundamente neoliberal, su impulso es en el fondo un pensamiento económico individualista que piensa constantemente en innovar.
¿Qué definición da la pedagogía a innovar?
Es un significante vacío, como «calidad educativa», pero que tiene siempre una acepción positiva. Se puede entender como una metodología o como una situación disruptiva. Es tan absurdo que hablar ahora de introducir el libro de texto o de una clase magistral podría ser una innovación educativa porque sería algo nuevo después de haberlo eliminado. Aunque se relaciona más con metodologías activas, con la digitalización, con la idea del docente como guía.
¿Qué es lo que más te ha llamado la atención sobre cómo los docentes que están en el aula hablan del pedagogismo?
Muchos critican el discurso hegemónico pedagogista defendiendo al alumno que no tiene por qué ser extrovertido ni participativo. Es decir, que con todas estas metodologías activas se marginaliza al alumno tímido, discreto, el que normalmente quiere aprender, otro resultado de esta sociedad antiintelectualista. Yo he sido una alumna tímida e introvertida y nunca me ha gustado que me hicieran terapias de grupo ni que hablaran de cosas mías personales delante de todos, porque a mí lo que me gustaba era ir a clase y aprender. Este perfil es ahora el maltratado por el sistema. Y me parece muy importante hacer hincapié en ello porque se culpa de los problemas de convivencia escolar a los alumnos provenientes de contextos socioculturales más bajos cuando no tiene por qué ser así. Muchas veces los casos de bullying vienen de alumnos de clases socioeconómicas más altas a los cuales jamás se les ha puesto un límite conductual o de simple método académico. Los problemas de convivencia escolar se han multiplicado por este enfoque de “alumno como centro” o “como cliente”. Se pierde la visión del bien común (si alguien habla todo el rato los demás no van a poder aprender). Se está quitando responsabilidad al alumnado de sus actos, porque todo se sobrecarga al profesorado. El hecho de estar sentado y de mantener la concentración junto a tu grupo-clase también es un aprendizaje necesario.
Los problemas de convivencia escolar se han multiplicado por este enfoque de “alumno como centro” o “como cliente”
¿Cuál es el ambiente en las facultades de pedagogía sobre el pedagogismo y el antipedagogismo?
Cuando yo digo que hago la tesis sobre el movimiento antipedagogista, me contestan: «ah, lo haces para criticarlo». Es un debate non grato dentro de las facultades. Pero en las jornadas de doctorado presenté un análisis de libros que hablaban sobre el pedagogismo, allá había muchos profesores de instituto que están haciendo el doctorado y muchos me comentaron que estaban viviendo ese malestar docente que yo señalaba. Se hace investigación sobre, por ejemplo, cómo se enseña la célula en cuarto de la ESO con esa metodología en el aula o con esos otros recursos a través del microscopio. O las etnografías de cómo un centro ha mejorado la convivencia. Creo que todo ello es valioso, porque investigar sobre cómo mejorar la educación siempre es positivo, sin olvidar la propia naturaleza del fenómeno educativo. Pero algunos de esos trabajos pueden caer en el riesgo de reproducir mantras pedagogistas. Y el antipedagogismo es un tema incómodo.
Fuente: educational EVIDENCE
Derechos: Creative Commons