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  • 16 de octubre de 2026
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Treinta años de LOGSE. Cuando Cataluña vivía de créditos

Treinta años de LOGSE. Cuando Cataluña vivía de créditos

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Felipe de Vicente

 

En un artículo anterior hacía referencia a la efeméride que se cumple este inicio de curso: treinta años de generalización de la LOGSE en toda España. Pero su implantación previa no fue igual en todas las comunidades. A la vanguardia de la revolución pedagógica logsista se puso Catalunya, en donde años antes de la implantación definitiva de la ley ya empezó a experimentar su aplicación en las sufridas aulas catalanas.

En 1986 el gobierno socialista, con José María Maravall de ministro de Educación, crea una Dirección General de Renovación Pedagógica al frente de la cual se nombra a Alfredo Pérez Rubalcaba. Al año siguiente se publica el Proyecto para la reforma de la enseñanza. Educación infantil, primaria, secundaria y profesional. Propuesta para el debate.  Al amparo de este proyecto se abre la posibilidad de experimentar una reforma de gran calado que va desde la educación infantil a la FP superior.

Cataluña fue la primera comunidad autónoma junto al País Vasco en tener competencias plenas en educación, concretamente desde el 1 de enero de 1981. El volumen del traspaso era enorme: centros, profesores, inspección, planificación. Hubo que crear también un Departamento de Enseñanza para gestionar tamaña competencia. Para gestionarlo, el presidente Pujol sin duda escogió a la persona más indicada: Joan Guitart. Además de ser militante pata negra de Convergencia, Guitart no tenía ni idea del mundo de la educación: era químico de profesión, había trabajado en empresas químicas y en el mundo editorial. Fue Conseller hasta 1988 año en que le sucedió otro gran experto en el mundo educativo: Josep Laporte, médico y catedrático de Farmacología, que fue Conseller hasta 1992. Sin menoscabo de la valía personal de ambos, no parece que fueran las personas más adecuadas para gobernar el nuevo Departamento y mucho más en los años de la experimentación de la LOGSE.

Así que, en realidad, quien dirigía el Departamento fue lo que los italianos llaman sottogoverno. El lego Guitart nombró Directora General de Bachillerato a Carmen-Laura Gil, directora de un instituto de Sabadell y militante de Convergencia. La señora Gil, espabilada como pocas y buena trepa, convenció al inexperto Guitart que Cataluña debería volver a ser la pionera de la renovación pedagógica no solo en España sino en el mundo entero. Ya lo intentó durante la Segunda República, con el Institut Escola (en realidad una sucursal del homónimo de Madrid), pero la guerra lo impidió. Ahora, con competencias plenas y con una ley nueva a desplegar, era el momento. Había que seguir la senda de los grandes pedagogos catalanes: Alexandre Galí, Pau Vila, Joan Bardina y otros. Cataluña iba a sorprender al mundo entero con su renovación pedagógica. Y, efectivamente, lo consiguió.

El caldo de cultivo era el idóneo. En Cataluña proliferaban los movimientos de renovación pedagógica como la Escuela de Maestros Rosa Sensat, un auténtico lobby, cuya fundadora, Marta Mata, era el icono de maestra entregada al aula, hasta que labores seguramente más importantes (y remuneradas) exigieron una costosa renuncia a su abnegado trabajo: desde 1977 fue diputada en Madrid y Barcelona, senadora, concejala y Presidenta del Consejo Escolar del Estado. Jamás volvió a la enseñanza, aunque no paraba de dar consejos a los abnegados maestros ejercientes.

La señora Gil tenía a su Rasputín particular: el inspector Pere Solá, que fue Secretario de la Comisión para la Experimentación e Implantación de la Reforma Educativa en Catalunya, el puesto idóneo para poner en práctica el modelo que pasaría a la Historia. Luego sería premiado con el cargo de Director General de Ordenación Educativa, de donde depende todo el currículum.

¿Y en qué consistía la singular aplicación de la LOGSE en Catalunya? Recordemos que en esta ley desaparecieron los cursos académicos sustituidos por ciclos de dos años: dos en la ESO y uno en Bachillerato. La unidad curricular era el ciclo. Las asignaturas como tales desaparecen sustituidas por “créditos” o módulos formados por un determinado número de horas. Había créditos comunes, que se correspondían con las materias obligatorias del currículum estatal de la LOGSE, y créditos optativos o variables. Cada alumno se hacía su propio itinerario crediticio, es decir, a la carta, gracias a una variada opcionalidad. Nada de un currículum pret a porter, sastrería a medida.

A los centros se les daba una gran autonomía organizativa. ¡Ay, cuántas barbaridades se han hecho en nombre de esta autonomía!  El caos estaba servido. En general, los créditos eran trimestrales, es decir, que cada trimestre cambiaban el horario y los créditos. Ni K, el misterioso protagonista de El Castillo, de Kafka, se hubiera encontrado con un microcosmo tan surrealista. Un ejemplo: un alumno podía hacer en el primer y segundo trimestre créditos de Matemáticas, en el tercero hacer uno sobre El Teatro en Roma (no lo invento) y el año siguiente, en el primer trimestre hacer uno sobre El Franquismo (tampoco lo invento) y en el segundo y tercer trimestre volver a las Matemáticas. Es decir, pasarse 9 meses sin saber nada de las Matemáticas. Y eso podía ocurrir con otras materias.

Los informes de los centros experimentales fueron en su gran mayoría negativos y desaconsejaron tamaño despropósito. Es igual. El problema es el profesorado que no estaba preparado y necesitaba formación. Así salió una legión de devotos conversos que ofrecieron sus servicios, haciendo el esfuerzo de dejar la docencia directa para evangelizar pedagógicamente a aquella multitud de paganos que desconocían la maravilla de un currículum por créditos. La propia doña Carmen-Laura hizo bolos por Catalunya explicando su invento. Yo la escuché en uno de estos mítines. Y tuve ocasión de hablar con ella de forma privada en entrevistas que, como vicepresidente de la Asociación de Catedráticos, tuve en su despacho, entonces en la Diagonal. La verdad es que era de hablar seductor, convencida con fe de carbonero que su currículum era el más progresista, progresismo de peluquería upper Diagonal.

En 1992 cesó el bonachón Conseller Laporte y todo el mundo daba por hecho que la gran pedagoga ascendería al mandarinato supremo de Enseñanza. Dicen las malas lenguas, generalmente bien informadas, que el equipo de pelotas que rodeaban a la señora (librándose de las clases y bien pagados) tenían preparadas unas botellas de Moet et Chandon brut imperial para descorcharlas en el momento de la fumata blanca. Pero no fue así. El designado por El Supremo (es decir, Pujol) fue Joan María Pujals, que de alcalde de Vilaseca-Salou se quedó en sólo alcalde de Vilaseca. Poca cosa para quien pasaba por ser el delfín de Pujol. Así que otro experto en educación se hacía cargo del desastre crediticio.

Pero Pujals no era tan ingenuo o tan bonachón como sus antecesores. Se dio cuenta que Gil mandaba mucho o era la Consejera en la sombra y prefirió prescindir de sus encumbrados servicios. Mientras tanto, el experimento había pasado del laboratorio al Diario Oficial de la Generalitat y todos los centros debían seguir el currículum por créditos. No se podía dar marcha atrás.

La estupefacta y dolida (por no utilizar un calificativo más duro) señora Gil se vio obligada a regresar a su profesión: catedrática de Latín. Por cierto, y lo dejo para un psicoanalista: nadie ha hecho tanto mal a las lenguas clásicas como ella. Pero ahora tenía la gran oportunidad de comprobar por sí misma las bondades del currículum que había salido de su privilegiada mente. Qué gran ejemplo: una ex Directora General, madre putativa de aquellos maravillosos créditos (con poca presencia del Latín, por cierto), disfrutando de su invento. ¡Qué poco duró aquello! Dicen, también las malas lenguas, que corrió presurosa a la presencia del president Pujol clamando por un cargo acorde a sus servicios a la patria. Las lenguas malísimas incluso dicen que fue airada y chillona a presentarse ante el jefe. Así que pasó a ser comisaria del Museo de Historia de Catalunya, diputada en el Congreso de los Diputados y, por fin, en 1999, Consejera de Enseñanza sustituyendo al anodino Xavier Hernández, de profesión funcionario de prisiones. Probablemente la nombró Pujol para que fuera arreglando el estropicio que había creado. Nunca volvió al instituto. ¿Por qué los grandes gurús pedagógicos huyen de la docencia?

Cuando Gil volvió a la Consejería como jefa, su gran aspiración vital se había conseguido, pero el invento hacía agua por todas partes. Empezaron a proliferar normas que iban corrigiendo el artefacto en forma de cataplasmas sobre un cuerpo gangrenado. La conciencia de que aquello había sido un fracaso iba abriéndose camino en la opinión pública. Con la Ley Orgánica de Calidad de la Enseñanza (2002), que corregía la LOGSE (entre otras cosas, desaparecían los ciclos), el final estaba cantado. Sí: se había pasado a la Historia, pero como ejemplo de un fracaso.

¿Quién se acuerda de este desbarajuste al que fue sometida una generación de niños y adolescentes catalanes? ¿La señora Gil, o su Rasputín, o alguno de los arribistas que se subieron al carro han pedido perdón? Quién más se ha acercado a pedir disculpas fue Jordi Pujol. Cito unas frases de sus memorias (vol II, pág. 256): No es malo pero hemos de tener en cuenta que a veces ir delante no es necesariamente una ventaja, y, en este caso, no lo fue. (…) Los experimentos educativos pueden salir bien cuando se hacen con pocos alumnos y maestros muy bien preparados y motivados. Pero la generalización experimental, en sociedades tan complicadas como la catalana, es otra cosa.  No me cabe la menor duda que la señora Gil ha leído estas palabras y tampoco que no le habrán hecho mucha gracia. Además, teniendo en cuenta que Gil es la única persona del gobierno a la ni tan siquiera cita Pujol en sus memorias.

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→ 30 años de LOGSE o el experimento de Avito Carrascal


Fuente: educational EVIDENCE

Derechos: Creative Commons

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