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  • 28 de octubre de 2026
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¿Empieza a tambalear el decreto de plantillas?

¿Empieza a tambalear el decreto de plantillas?

La evolución del perfilado, la nueva estabilidad docente y el cambio de paradigma en un futuro próximo en los claustros de Cataluña. / Foto: creada por IA.

 

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Xabier Ferrer Meseguer

 

El mapa del poder en los claustros catalanes está cambiando de forma irreversible. Lo que durante más de una década se ha convertido en un engranaje de obediencia articulado en torno al perfilado de plazas y de la provisionalidad laboral se enfrentará, en breve, a un muro imprevisto: la consolidación masiva de miles de nuevos funcionarios de carrera. Con la pérdida del miedo a la no renovación, el modelo gerencial del Decreto de Plantillas se tambalea definitivamente por la base.

El círculo se estrecha, y más de lo que muchos llegan a figurarse. En 2010 la visita de un delegado sindical nos avisaba como aquél que prevé el apocalipsis de la peligrosidad del Decreto de Plantillas. Nos aseguró que habría muchas plazas que no saldrían a concurso. Muchos no le creímos, pensando que, al ser funcionarios del MECD y no de la Generalitat, aquella afirmación no podría tener un cariz real. Íbamos errados: tiempo después empecé a comprenderlo cuando el director me pidió que perfilara una plaza ad hoc para una profesora que quería que se quedara en el centro. Hoy, quince años más tarde, permanece allí.

Cuando en el 2014 se aprobó el Decreto de Plantillas (Decreto 39/2014) -despliegue de la Ley de Educación de Cataluña (LEC)-, el relato oficial se envolvió de un aura de modernidad y de autonomía de centro. Aparentemente, todo sonaba muy bien e incluso tenía sentido. Sin embargo, en la trinchera de las aulas se convirtió en un instrumento de poder absoluto. Por primera vez, el principio de igualdad, mérito y capacidad del Concurso General de Traslados quedaba supeditado al criterio discrecional de la dirección de turno.

Esta discrecionalidad llevada a cabo con toda impunidad desde hace años, ha introducido una grieta gravísima en la función pública. ¿Cómo es posible que en un sistema democrático un docente con la puntuación 100.000 pueda pasar por delante de otro con 7.000 de igual especialidad? Bajo la apariencia de especialización técnica, el perfilamiento se ha utilizado con demasiada frecuencia como un traje hecho a medida. Mientras muchas direcciones han actuado con honestidad, otras han traspasado líneas rojas incluyendo a familiares, amigos o parejas en las plantillas, ante la mirada pasiva de la Inspección Educativa.

Por si fuera poco, la reserva de plazas perfiladas ha «congelado» vacantes que deberían haber salido a concurso abierto, lo que ha impedido la movilidad de funcionarios con años de servicio y ha generado una volatilidad que ha impedido construir proyectos educativos a largo plazo.

Esta dinámica se ramificó en la vida diaria. Con el amparo del decreto, la participación en proyectos agotadores o la gestión de viajes se convirtieron en condición implícita para ser «propuesto» en junio. Se tejió, pues, una paz social ficticia, mantenida no por el consenso, sino por la vulnerabilidad de unos claustros precarizados que, al final, también estaban de acuerdo con este decreto ya que esto les permitía trabajar a pesar de, quizás, tener números más altos que otros.

Sin embargo, el terremoto real no ha venido de una reforma legislativa, sino de los procesos extraordinarios de estabilización. La consolidación masiva de personal fijo ha puesto al descubierto una hipocresía mayúscula: muchos de aquellos que defendían el decreto acérrimamente para salvar la plaza, ahora que tienen la plaza funcionarial asegurada, se han girado como un calcetín y se marchan del instituto al primer concurso de traslados. ¿Dónde han quedado esas famosas «líneas de centro»? Se trataba de un constructo teórico para justificar el control, que se derrumba cuando el docente recupera la emancipación laboral.

Llegados a este punto, ¿qué nos estamos encontrando y qué nos encontraremos a partir del próximo curso? Es fácil de ver: cuando un docente sabe que tiene el trabajo garantizado y que lo peor que le puede ocurrir si se planta ante una imposición es pedir un cambio de destino, la capacidad de presión de la dirección se derrumba. El Decreto de Plantillas sigue constando en el DOGC, pero ha sufrido una herida mortal de necesidad. Como decía Lluís Llach en L’estaca, quizás no ha caído por un golpe de hoz institucional, pero el terreno sobre el que se asentaba ha cambiado definitivamente. En la enseñanza pública catalana, el reinado de obediencia por miedo ha terminado.


Fuente: educational EVIDENCE

Derechos: Creative Commons

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