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- 20 de abril de 2026
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Ian Tattersall: «Nuestra evolución no ha sido un perfeccionamiento progresivo»

Ian Tattersall. / Foto: Cortesía del autor
CARA A CARA CON
Ian Tattersall, paleoantropólogo y conservador en el Museo Estadounidense de Historia Natural.
Esta entrevista nace de una relación profesional entre Ian Tattersall y yo. El Dr. Tattersall y yo colaboramos en un libro dedicado a la evolución humana en homenaje al fallecido paleoantropólogo José Gibert. El manuscrito fue publicado en 2016 por Publicaciones de la Diputación de Granada bajo el título Homenaje al Dr. José Gibert Clols. Desde entonces, hemos mantenido el contacto por correo electrónico. Afortunadamente, diez años después, en enero de 2026, pudimos encontrarnos en persona en su lugar de trabajo, el American Museum of Natural History de Nueva York. Con inconfundible puntualidad británica, el Dr. Tattersall me esperaba sentado en uno de los bancos de la entrada. A continuación, me guio por el laberinto de pasillos y despachos del museo hasta la sección de paleoantropología. Lo que sigue es el resultado de aquella conversación, posible gracias a su amabilidad personal y a su generosidad intelectual. Su barba blanca y su mirada serena transmitían sabiduría, experiencia científica y una paciencia poco común.
El Dr. Ian Tattersall es un reconocido paleoantropólogo vinculado desde hace décadas al American Museum of Natural History de Nueva York, donde continúa colaborando con el Departamento de Antropología. Su carrera científica se ha centrado principalmente en la evolución humana y la diversidad de los primates, con especial atención a la historia evolutiva de los homininos. Uno de sus intereses más característicos es el estudio de los lémures, primates endémicos de Madagascar. Su prolongado trabajo en esta isla ha contribuido de manera decisiva a comprender la evolución de los primates, la biodiversidad y los procesos de extinción.
Los numerosos libros y mapas de Madagascar en su despacho dan fe de la importancia de este campo dentro de su actividad científica. Tattersall es también ampliamente conocido como autor y divulgador científico. Ha publicado numerosos libros y artículos sobre evolución humana, el registro fósil y la naturaleza del descubrimiento científico, combinando el rigor académico con una notable claridad expositiva. A lo largo de su trayectoria ha desempeñado un papel relevante en la investigación museística, el diseño de exposiciones y la divulgación pública de la ciencia. Hoy continúa plenamente activo desde el punto de vista intelectual, reflexionando críticamente sobre la teoría evolutiva, las interpretaciones paleoantropológicas y las dimensiones culturales del conocimiento científico.
¿Qué son los lémures y qué le llevó a estudiarlos?
Los lémures son primates, parientes lejanos de los seres humanos, endémicos de la gran isla de Madagascar, en el océano Índico occidental. Aunque todos descienden de una forma ancestral que, de algún modo, alcanzó la isla desde el continente africano hace unos 50 millones de años, hoy presentan una gran diversidad, con numerosas especies agrupadas en cinco familias bien diferenciadas. Aun así, conservan ciertos rasgos ancestrales básicos —como cerebros relativamente pequeños y narices bien desarrolladas— que nos permiten imaginar cómo pudieron ser nuestros propios antepasados de hace 50 millones de años. Inicialmente viajé a Madagascar para estudiar los fósiles de algunas especies de lémures recientemente extinguidas, pero encontré a sus parientes vivos tan fascinantes que acabé dedicando varios años a estudiarlos sobre el terreno.
Ha trabajado durante muchos años en el American Museum of Natural History. ¿Desde cuándo está vinculado al museo y en qué calidad continúa colaborando hoy?
Llegué al American Museum directamente tras terminar mis estudios de posgrado, en 1971, como conservador adjunto de Antropología, y desde entonces nunca he querido trabajar en otro lugar. Me jubilé en 2010, pasando a ser conservador emérito. Eso me permitió mantener mi despacho y continuar con mi investigación, y en cierto modo creo que mi etapa tras la jubilación ha sido incluso más productiva que cuando tenía también responsabilidades curatoriales.
«La reconstrucción de “Lucy” (…) será la reconstrucción más precisa y científicamente fundamentada de un hominino extinguido»
En su departamento se está diseñando una reconstrucción completa del esqueleto de Lucy, una hembra de Australopithecus afarensis. ¿Quién dirige este proyecto y cuándo podrá verse?
La reconstrucción de “Lucy” está siendo dirigida por mi antiguo colaborador Gary Sawyer, junto con un equipo internacional de expertos. Cuando esté terminada —previsiblemente en los próximos meses— será la reconstrucción más precisa y científicamente fundamentada de un hominino extinguido desde que Gary realizó, hace unas dos décadas, la primera reconstrucción completa de un esqueleto de neandertal. Espero que, una vez finalizada, podamos incorporarla a la actual Spitzer Hall of Human Origins.
Darwin y otros teóricos evolucionistas describieron el bipedismo humano como una adaptación con múltiples ventajas. Pero ¿cómo pudo surgir sin anticipar esas ventajas? ¿Cómo explica usted su origen?
Estoy convencido de que nuestros antepasados homininos no habrían adoptado la bipedestación en el suelo si no hubieran estado ya habituados a mantener el tronco erguido en los árboles a los que estaban adaptados. Se han propuesto muchas ventajas concretas —como ver más lejos o disipar mejor el calor—, pero lo cierto es que solo habrían adoptado una postura erguida en tierra si ésta ya era la forma más natural y cómoda de moverse para ellos.
Veo en su despacho un cartel sobre variedades de uva, y sé que ha escrito un libro sobre el vino. Incluso mencionó vinos del Penedès. ¿De dónde surge ese interés?
El vino forma parte de mi vida desde siempre, aunque no viví en un país productor hasta que llegué a Estados Unidos en los años sesenta. Mi padre era un gran aficionado y, cuando trasladó a la familia a Uganda en los años cincuenta, se aseguró de disponer de un suministro fiable. Desde entonces, mi trabajo me ha llevado a muchos países productores —entre ellos Cataluña—, y descubrir sus vinos ha sido uno de los grandes placeres de mi vida.
Durante nuestra conversación apareció el nombre de Stephen Jay Gould, a quien usted conoció. ¿Cómo era, en lo científico y en lo personal?
Cuando llegué al American Museum, Gould ya se había trasladado a Harvard, así que coincidimos poco, aunque guardo un buen recuerdo de nuestras partidas de tenis de mesa, muy competitivas, en un castillo en una montaña austriaca. Mi principal vínculo con él fue a través de mi colega Niles Eldredge, con quien desarrolló la teoría del equilibrio puntuado en 1972. Con Niles aprendí mucho sobre teoría evolutiva, pero sobre todo la importancia de la sistemática, que ha guiado mi trabajo desde entonces.
«Me he ido alejando de la visión dominante en mis años de formación, marcada por la Síntesis Evolutiva, que entendía la evolución como un cambio gradual dentro de un único linaje»
Traje desde Barcelona su libro Becoming Human, que tuvo la amabilidad de firmarme. ¿Diría que la evolución humana ha sido un proceso lineal?
Me sentí muy halagado al ver su ejemplar, además en edición catalana. Como se aprecia en el libro, me he ido alejando de la visión dominante en mis años de formación, marcada por la Síntesis Evolutiva, que entendía la evolución como un cambio gradual dentro de un único linaje. Lo que esa visión pasaba por alto —y que el equilibrio puntuado ayudó a poner de relieve— es que el registro fósil no muestra un cambio continuo, sino más bien un patrón de diversificación: aparición y desaparición de linajes. Mi relación con Niles y mi trabajo con los extraordinariamente diversos lémures reforzaron esta idea. Aplicada al registro humano, sugiere que nuestra evolución no ha sido un perfeccionamiento progresivo, sino un proceso de experimentación constante, con especies que surgen, compiten y, con frecuencia, se extinguen. De hecho, las especies más especializadas suelen ser también las más vulnerables.
Los antiguos responsables de Atapuerca, Drs. Arsuaga, Carbonell y Bermúdez sostienen que la Sima de los Huesos refleja el primer enterramiento intencional. Otros, ente los que me incluyo, lo interpretan como acumulación por carnívoros y transporte por agua dentro de la cueva. ¿Qué le parece más plausible?
No puedo valorar directamente las pruebas, ya que no las he estudiado. Pero el enterramiento intencional sería un comportamiento excepcional para esa época, y las interpretaciones simbólicas que a veces se proponen no encajan bien con el conjunto del registro arqueológico tal como yo lo entiendo.
«Los investigadores han tenido que reconocer cada vez más que se necesitan más especies para explicar la diversidad observada»
En el contexto de mi próximo libro, que publicará la Universitat Autònoma de Barcelona, comentamos los sesgos científicos en la evolución humana. ¿Cree que todas las especies paleoantropológicas propuestas son reales, o que algunos investigadores van demasiado lejos al nombrar nuevas especies?
Ya en 1950, el ornitólogo Ernst Mayr dijo a los paleoantropólogos que la imagen de la evolución humana era estrictamente lineal, consistente en un único linaje que evolucionaba gradualmente e incluía solo tres especies sucesivas. Ya entonces estaba claro que esta idea era errónea, y sin embargo ha influido en el pensamiento paleoantropológico desde entonces, imponiendo una forma de minimalismo sistemático. No obstante, a medida que el registro fósil humano se ha ampliado de forma espectacular, los investigadores han tenido que reconocer cada vez más que se necesitan más especies para explicar la diversidad observada. Yo iría más allá y sostendría que también necesitamos más géneros de homininos para organizar esa diversidad.
¿Cuál es su opinión sobre Homo antecessor de Atapuerca? ¿Lo considera una especie diferenciada o una variante biológica de Homo erectus?
Consideraría que cualquier concepto de Homo erectus que incluyera fósiles de fuera de Asia oriental es una especie de cajón de sastre. Por ello, me siento bastante cómodo con Homo antecessor.
Algunos paleontólogos sostienen que ciertos libros sobre evolución humana contienen más creencias del autor que pruebas sólidas. ¿Cómo consiguen algunos autores que narrativas evolutivas muy cuestionables resulten convincentes?
Los seres humanos somos una especie que cuenta historias, y a todos nos gusta una buena historia. Las narraciones son la forma en que damos sentido al mundo. Pero la ciencia es un tipo particular de relato: uno que puede someterse a contraste con los hechos observables. Siempre habrá un elemento subjetivo en la paleoantropología, que puede ser explotado por un narrador hábil; pero, afortunadamente, cualquier relato científico sólido está limitado por la evidencia empírica, algo que debería resultar evidente para el lector.
La evolución humana ha sido un proceso excepcional, y algunas personas la interpretan erróneamente como dirigida por una inteligencia no humana. ¿Cómo pueden refutarse estas ideas?
Los seres humanos somos, en efecto, excepcionales; pero creo que el proceso por el cual hemos llegado hasta aquí ha sido completamente ordinario. De hecho, recuerdo a mi colega Niles Eldredge comentar que no hay ningún proceso evolutivo que no pueda ilustrarse a partir del registro humano. No hay necesidad evidente de una dirección consciente e inteligente.
«No podemos saber por qué pensamos lo que pensamos hoy si no entendemos lo que pensábamos ayer, y mucho antes»
¿Cómo relaciona su éxito profesional con la importancia de una sólida formación académica, la transmisión del conocimiento y una cultura del esfuerzo sostenido?
He tenido la gran fortuna de formarme en algunas instituciones excepcionales con personas excepcionales —incluso con algunas con las que, en retrospectiva, discrepo—. Que te enseñen a pensar es infinitamente preferible a que te enseñen qué pensar. Mi trayectoria fue posible gracias a culturas intelectuales muy sólidas en el Reino Unido y en Estados Unidos, y es fundamental preservar esas culturas, incluso frente a algunos desarrollos recientes preocupantes.
Por último, muchas gracias por esta entrevista. ¿Podría hablarnos de su proyecto, libro o línea de investigación más reciente o futura?
Los intereses evolucionan de manera idiosincrásica con la edad; pero una constante es que, invariablemente, se desarrolla una mayor apreciación por la historia. No podemos saber por qué pensamos lo que pensamos hoy si no entendemos lo que pensábamos ayer, y mucho antes. Por ello, mi atención se dirige cada vez más hacia el pasado y hacia las contribuciones de nuestros predecesores, que finalmente nos han convertido en quienes somos hoy. No siempre sabemos quiénes fueron esas personas; y mi proyecto actual consiste en averiguar todo lo posible sobre un recolector que trabajó casi de forma anónima en Madagascar a mediados del siglo XIX y que contribuyó a configurar nuestras concepciones modernas sobre la diversidad de los lémures.
Fuente: educational EVIDENCE
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