• Opinión
  • 21 de enero de 2026
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La martingala de la jornada escolar partida y la escuela-convento

La martingala de la jornada escolar partida y la escuela-convento

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Licencia Creative Commons

 

Xavier Massó

 

Hay una serie de instituciones y lobbies paraeducativos que no descansan desde el mismo día que el Departament d’Ensenyament (hoy de Educación) de la Generalitat de Catalunya autorizó que los institutos que así lo decidieran -por mayoría en el consejo escolar del centro y con el voto ponderado de los diferentes sectores que están representados- podían optar por la jornada continua o compactada -jornada lectiva sólo de mañana, atención, no jornada laboral del profesorado-. A lo largo de los últimos años la campaña a favor de la imposición forzosa de la jornada lectiva partida -clases mañana y tarde- ha ido in crescendo, hasta convertirse en una especie de obsesión enfermiza. Hay mucho en juego, claro. Incluso el Departament d’Educació parece haberse contagiado –por cierto que muy a gusto- y todo indica que sólo está esperando el mejor momento para revocar la jornada continuada reimplantar la obligatoriedad del horario lectivo de mañana y tarde. Todo el día en el instituto, de nueve a seis.

Los argumentos que se han ido aduciendo son de lo más variado, desde los más pacatos hasta los presuntamente avalados «científicamente». Que si los alumnos comen tarde y esto repercute en su salud, que si van dormidos por la mañana, que si por la tarde no están en el centro les pervertirán las malas influencias -el mal siempre acecha, pero sólo fuera de la escuela, al parecer- y el instituto debe ser una especie de guardería de adolescentes; que si la «comunidad educativa» y las familias son contrarias a la jornada continua y a los únicos que les va bien es a los profesores… Incluso, en un auténtico apaño propio de delirium tremens, se llega a justificar la jornada lectiva de mañana y tarde en aras a la «racionalización» horaria y a la conciliación familiar y la mayor autonomía del alumno; una auténtica contradictio in termini, como si dependiera de los horarios escolares y no de los laborales… Vamos, que ni autonomía de centro ni puñetas, clases de mañana y tarde y se acabó lo que se daba… Que no aprendan y que académicamente sea contraproducente no parece que les importe para nada; ni lo que hagan allí; lo único importante es que estén en el instituto.

Pero luego resulta que a poco que tengamos en cuenta que la mayoría de institutos tienen actualmente jornada continuada, pues, la verdad, no parece que la «comunidad educativa» ni las familias estén tan en contra: si sus representantes en el consejo escolar del centro votan a favor -no olvidemos que se requiere el voto ponderado- será porque no les parece tan mal; es un proceso democrático y participativo, y si cuestionamos esto, estamos cuestionando los sillares de la democracia participativa. De hecho, los conflictos que se han producido han ido siempre en sentido contrario: cuando el Departament, la mayoría de las veces precipitadamente y sin previo aviso, ha notificado a ciertos institutos su reconversión a institutos-escuela y les ha prohibido seguir con la jornada continua, las familias han protestado porque preferían seguir con ella. Curioso, ¿verdad? Ha habido bastantes saraos en este sentido. ¿No será que la autonomía de centro sólo sirve para votar servilmente las directrices de un Departament que funciona al dictado de los lobbies pedagocràticos? Por cierto, no deja de ser sorprendente que en estos tiempos de alumnocentrismo nadie se lo haya preguntado a los alumnos…

Por otra parte, los hechos son tozudos. Sabemos que las clases de tarde eran un infierno -convivencial y climático (la mitad del año)- y que con la jornada continuada los actos disruptivos y de indisciplina de los alumnos, que se producían con mayor frecuencia por las tardes, disminuyeron significativamente; que si muchos alumnos van dormidos por la mañana en clase no es porque se hayan levantado a las siete, sino porque han estado hasta altas horas de la madrugada en su habitación jugando con el ordenador, el móvil y en redes sociales; que con la jornada continua tienen más tiempo para poder dedicarlo a actividades extraescolares, al ocio y que deben aprender a administrar su tiempo por sí mismos –estamos hablando de adolescentes que pronto serán adultos-; que los resultados académicos, en el peor de los casos, se mantienen -el modelo educativo no está para milagros, aunque sí, según parece, para milagreros-… Y, en definitiva, que un instituto no es un internado, ni un convento ni una comuna hippy.

Pero no, de nada sirve argumentar con evidencias. Porque todo lo que se aduce en favor de la jornada partida no es sino el trasunto del auténtico leitmotiv, inconfesado e inconfesable: su concepción de fondo sobre lo que debe ser un sistema educativo y la función que se le asigna a la escuela pública por parte de la ingeniería social hegemónica, una función que no es precisamente la de transmitir conocimientos, sino la de guardería y, ya que estamos, adoctrinamiento. Éste es el porqué de toda la martingala que se están montando. Lo importante es que estén en el instituto, lo que hagan no tiene ninguna importancia.

Y tenemos un problema, porque en este leitmotiv convergen ávidamente dos pulsiones peligrosísimas para la enseñanza pública: el pedagogismo y el ánimo de lucro. En el caso del pedagogismo, el objetivo es obvio: el control de la totalidad de los procesos del alumnado, de su tiempo, convirtiendo a los institutos en reservoirs de adolescentes. En el caso del afán de lucro, y muy especialmente en una educación cada vez más mercantilizada, basta con pensar en empresas de catering y de actividades de ocio, que al hincarle el diente a las escuelas tienen la posibilidad de cooptar clientela cautiva. Lo tienen en la privada y lo quieren en la pública. Y el modelo escolar que concuerda con estas dos pulsiones en auténtica afinidad electiva es el de la escuela-convento: escuela a tiempo completo, eso sí, con pedagogos haciendo de comisarios espirituales en vez de frailes, y con pase de pernocta, al menos por ahora: todo a su tiempo.

Lo decía hace poco el antropólogo Manuel Delgado en un tuit «Da miedo el poder que están logrando los pedagogos y su manía de convertir a los críos en escolares a tiempo completo. A los críos y a todos»[1].

¡Cuánta razón tiene! Basta con añadir la oportunidad de negocio y el cóctel está servido.

___

[1] En el original en catalán: “(…) Fa por el poder que estan assolint els pedagogs i la seva dèria en convertir les criatures en escolars a temps complet. A les criatures i a tothom”. https://x.com/Fortpienc1/status/2008473288574447789


Fuente: educational EVIDENCE

Derechos: Creative Commons

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