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- 13 de abril de 2026
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Joan Esculies: “En Occidente vivimos con miedo”

El escritor e historiador Joan Esculies Serrat. / Foto: cortesía del autor

Joan Esculies Serrat (Manresa, 1976) es historiador y escritor. Como narrador ha publicado la novela L’Ocell de la pluja (Premio Ciudad de Elche de Narrativa 2002), la recopilación de ochenta y cinco relatos cortos Tràilers (Premio Mercè Rodoreda de cuentos y narraciones 2005), Contes bárbars (2009) y las novelas Un veí ben estrany (2025) i (recién publicada, al igual que las dos anteriores en Ediciones de 1984).
¿Cómo fue que empezaste a escribir biografías? ¿Cómo fue que empezaste a escribir relatos?
He escrito siempre. Desde niño, porque en primer término me entiendo como escritor. Siempre me ha interesado la historia, aunque me licencié en Biología y en Periodismo por circunstancias personales. A partir del año 2006, fui a Londres a realizar un máster en Nacionalismo. Cuando volví hice el doctorado en Historia. Alrededor del año 2010 ya tenía decidido que quería dedicarme a la investigación y la docencia universitaria. Tenía 34 años y tenía que recuperar el tiempo perdido para realizar un currículum investigador y carrera universitaria. A partir de entonces, por tanto, seguí escribiendo ficción para mí, pero empecé a publicar libros y artículos de investigación histórica, entre ellos muchas biografías, con el propósito de tener publicaciones. Ahora, ya con unos años de una estabilidad en la universidad, mi propósito es que la línea de ficción crezca y la de no ficción se relaje.
Armangué ya había aparecido en un texto anterior…
Sí, aparece en La gata con un papel importante pero como secundario y era uno de los dos protagonistas de Un veí ben estrany. Armangué es un joven muy formado al que se le dijo que con mucha preparación tendría un futuro brillante y, como mínimo, con las mismas posibilidades de sus padres, pero que cuando llega a la treintena se encuentra con que tales expectativas no se han cumplido. Y esa frustración le lleva a abrazar el populismo hasta convertirse en alcalde de un pueblo de la periferia barcelonesa. Es un personaje incómodo porque hay elementos en él que a los lectores que no hayan pasado por su experiencia les puede costar entender, pero los de su generación que lo han vivido empatizan con él de forma clara porque, aunque su trayectoria pueda ser rechazada, es ello no obstante comprensible.
¿Qué es la seguridad y qué es la libertad? ¿Por qué escogiste una gata para explorarlas?
Hace diez años releí La llamada de lo salvaje de Jack London y esta novela me hizo pensar que el camino que sigue el perro Buck desde que lo secuestran en una casa de San Francisco hasta que lo trasladan al Yukon, al norte de Canadá, para tensar trineos y en su proceso del animal doméstico hacia el elemento primitivo, salvaje, y la libertad. Contaba las expectativas de inicios del siglo XX, que es cuando London publicó la historia. Pero me pareció que nosotros, la sociedad occidental, ya no hacía este camino, sino uno más bien inverso, de búsqueda de seguridad, de orden, más que de libertad. Durante diez años he ido rehaciendo la historia de La gata y cada año que ha pasado se ha ido confirmando más esa intuición que tuve entonces. En Occidente vivimos con miedo y de ahí que los discursos políticos que nos prometen seguridad, estabilidad, permanencia contra un cambio constante y acelerado que vemos a diario, triunfen en amplios segmentos de la sociedad.
¿Qué está ocurriendo en la Cataluña actual?
Durante los años del proceso independentista, buena parte de los liderazgos políticos y al menos la mitad de la población se fijó unas expectativas (legítimas) para superar una crisis económica dramática iniciada en 2008, unos recortes económicos posteriores brutales y una histórica falta de encaje del autogobierno de Cataluña en el contexto español. Ya hemos hablado con frecuencia de los motivos del fracaso de este proyecto. Lo relevante es que mientras buena parte de los cuadros dirigentes y de los motores de dinamización social estaban focalizados en esto, llegó más de un millón de personas que han dado la vuelta a todo.
La década del proceso no aportó un euro de más para hacer frente al enorme gasto social, educativo y sanitario de esta nueva inmigración, pero la presencia de estas personas se ha notado a todo nivel. Esto junto a la mirada a corto plazo de la política catalana y española ha hecho que no hubiera una planificación de cómo afrontarlo. En Cataluña hay ahora una buena parte de la población cabreada porque no salió adelante su proyecto, otra parte que es nueva y que no sabe qué es Catalunya ni reconoce el nombre de las calles por donde transita, y otra Catalunya que es catalana en tanto que vive aquí, pero que no es catalanista en el sentido de que el autogobierno le da igual y que vive aquí como podría vivir en Cádiz bajo una descentralización. Esto sería muy largo de explicar, pero en conjunto podríamos decir que la Catalunya actual pone parches aquí y allá porque no tiene dinero para hacerse un traje a medida.
«En conjunto podríamos decir que la Cataluña actual pone parches aquí y allá porque no tiene dinero para hacerse un traje a medida»
¿Estás escribiendo una especie de Comedia Humana del Vallès?
Como idea de gran envergadura al estilo de Balzac no. Pero es cierto que el díptico que forman La gata y Un veí ben estrany quiere retratar a los personajes que se mueven por esta periferia de Barcelona. Y también que quiere hacerlo con una perspectiva muy clara: que estas personas son cada vez más centrales en la Cataluña actual. Todo esto que entendemos como extrarradio está cada vez más en el centro de nuestra sociedad. No sólo en el área metropolitana, sino también en los pueblos del interior. El proceso de llegada de la nueva población con la mezcla de la existente y cómo se están desdibujando estos pueblos también tiene una novela.
La idea de repetir La llamada del bosque de Jack London pero entre Santa Perpètua y Sabadell, ¿te vino de un afuera o la cazaste tú?
Es mía. Hace media docena de años que vivo en Sabadell. Antes viví una década en La Florida, la urbanización de Santa Perpètua de Mogoda que me sirve para ambientar las novelas. Como decía, hace diez años empecé a escribir La gata, sustituyendo al perro de London por un felino porque me permitía explorar mejor la vecindad en un entorno urbano. En la novela el protagonista absoluto es la gata. No es un libro de humanos que se vayan pasando un animal, sino que es la vida del animal la que transita por diferentes espacios en los que hay personas y su paso permite que los conozcamos. Historias de hombres con gatos hay muchas, pero la idea aquí es otra. Mientras la escribía apareció Armangué y hubo un momento en que ganaba tanto protagonismo que la novela dejaba de ser de la gata para pasar a ser la suya. Así que decidí separar sus historias.
En este sentido, La gata es previa a Un veí ben estrany, aunque tomamos la decisión editorial de publicarlas en orden inverso. De todas maneras no importa, porque se leen de forma independiente aunque se complementan. La primera toma de referencia la historia de Jack London de forma crítica y la desmonta. Un veí estrany, a su vez, tiene por modelo El gran Gatsby, en el que un vecino cuenta la historia de un recién llegado. La de Francis Scott Fitzgerald es la novela que he leído más veces.
¿Cómo relacionas tu vertiente de investigación con la de creador?
La ficción permite plantear tesis o lanzar hipótesis de que el ensayo histórico no se puede permitir. Esto te da más libertad creativa. Pero por otra parte, la explicación del pasado en los ensayos y biografías históricas forma un continuo con las novelas sobre la actual Cataluña. Lo mismo que cuando escribo en la prensa. Al fin y al cabo sólo intento explicar dónde estamos.
Prat de la Riba, Ernest Lluch, Fornas, Andreu y Abelló, Tarradellas, Pau Casals, Joan Solé i Pla, Josep Fontbernat, Joan Selves, Artemi Aiguader… ¿Qué biografía te costó más escribir? ¿Con cuál de estas figuras simpatizas más?
Por volumen, porque tiene mil páginas y porque fue un proceso de más de diez años que partía de mi tesis doctoral, Tarradellas. Una certa idea de Catalunya es la que más me costó. Mi trabajo como historiador no es simpatizar con los personajes que estudio. Me da igual si acaban bien o mal, sólo quiero entender lo que hicieron y las motivaciones. Sin embargo, la figura que me interesa en primer término es Francesc Macià.
«El hecho de pasar por la escuela o la universidad da algunas herramientas, pero no nos hace más civilizados o mejores personas»
¿Somos civilizados?
No. La civilización, como la democracia, es un estadio en el que nunca se llega. Parte de la falsa idea de la Ilustración de que todo el mundo puede ser educado y leído y que, en consecuencia, se puede ir a un estadio mejor de vida o de convivencia. Sin embargo, los hechos demuestran que el hecho de pasar por la escuela o la universidad da algunas herramientas, pero no nos hace más civilizados o mejores personas. La violencia y la idiotez son consustanciales en el hombre. La cultura es sólo un elemento para frenar estas pulsiones más primitivas. Sin embargo, es evidente que su alcance es limitado. Lo vemos todos los días en los noticiarios.
¿Qué narradores catalanes te interesan ahora mismo?
Ahora voy a quedar mal. No leo a ninguno. Por la vertiente de historiador y por mi trabajo de crítico de libros de no ficción en la prensa, leo obras de ensayo o de biografía, claro, pero de ficción catalana poco. Me interesan autores como Michel Houellebecq o Amelie Nothomb, aunque son muy distintos. Ian McEwan y Martin Amis. De hecho, releo mucha ficción. Philip Roth sobre todo, John Steinbeck, John Fante y todo el grupo de autores del realismo americano, que son mis preferidos. Leo básicamente literatura norteamericana actual original o traducida.
«A finales de mayo publicaré una monografía sobre Estat Català, el partido de Francesc Macià de los años veinte»
¿Qué estás escribiendo actualmente?
A finales de mayo publicaré una monografía sobre Estat Català, el partido de Francesc Macià de los años veinte. Ahora lo estoy terminando. Después, tengo el encargo de escribir para el próximo año una biografía de entre dos y trescientas páginas sobre el presidente Josep Irla. Tengo un volumen muy avanzado, monográfico, sobre los hechos de Prats de Molló. Si lo acabo a tiempo saldrá el próximo año, pero no tengo prisa. Y estoy con el esquema de una novela que será más larga que estas dos que he publicado ahora. Con esto tengo trabajo para este año y lo que viene. Pero, como decía, la idea es publicar cada vez menos libros de no ficción. Ésta tiene cada vez más sólo tiene un sentido académico. Y con este propósito no hace falta hacer tantos títulos. Al grueso de los catalanes les basta con los reportajes que se hacen en la prensa sobre los libros de no ficción que se publican o a partir de investigación inédita. El alcance del afán por conocer la propia historia se queda aquí. Un libro de ensayo o biografía en catalán rara vez supera la bolsa de los trescientos lectores que lo leen todo. Si no son encargos bien pagados, las palmaditas en la espalda no compensan el mucho trabajo que lleva hacerlos.
Fuente: educational EVIDENCE
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