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  • 9 de abril de 2026
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Gabriel Bertotti: «Borges es Dios»

Gabriel Bertotti: «Borges es Dios»

El escritor Gabriel Bertotti. / Foto: Cortesía del autor

 

Licencia Creative Commons

 

Andreu Navarra

 

Gabriel Bertotti (Bahía Blanca, Argentina, 1963) vive en Mallorca, es autor de varios libros inclasificables, y acaba de reeditar la novela Luna negra (Sloper).

 

Empecemos por la peripecia misma de Luna negra. ¿Cómo nació y se publicó este texto por primera vez?

Nació en mis años de vagabundeo por la Península vendiendo ranitas en las Fiestas (desde la Magdalena hasta el Pilar), en las reclusiones invernales en Cadaqués y Tenerife, en la guarida impermeable del Chino de Barcelona, cuando nadie imaginaba que se terminaría llamando el Raval, y en mi reinicio existencial en Porreres, en Mallorca. Fue escrita en papelitos, servilletas y hojas sueltas, reescrita en una máquina de escribir electrónica, y corregida hasta la extenuación en el ordenador monocromo del hijo pequeño de un amigo, con un teclado pegoteado de mermelada, en Bahía Blanca. Cumpliendo un periplo obligatorio e iniciático felizmente dejado atrás. Fue finalista del Primer Premio Jóvenes Narradores de Tusquets y pasó por la agencia literaria de Antonia Kerrigan hasta que doce años después de haber sido terminada  cayó en las bondadosas manos de Toni Xumet quien la editó en una editorial que alzó el vuelo demasiado alto, Editorial El Sol de Ícaro, hasta que después de la edición de Luna Negra en 2012, cayó abatida por la Katrina de las crisis económicas.

¿Cómo definirías a Eva Mariscal, tu protagonista?

Como a una mezcla de Eva recién salida del Paraíso y Lilith, aún húmeda pero no humillada por atreverse a cabalgar a un Dios.

¿Cómo es el Buenos Aires por donde deambulan tus personajes? ¿Qué les pasa?

Es el único Buenos Aires real, el de ficción, el recordado, y por lo tanto inventado en base a las experiencias tan semejantes a los sueños vividas en los primeros años del retorno de la Democracia entre 1983 y 1990, y el de los años nefastos de Menem, cuando todos estaban hipnotizados por una falsa prosperidad que ocultaba un Apocalipsis zombi que años después derivaría en el triunfo de los no muertos representados por Milei. La ecuación es ignominiosa: desaparecidos versus zombis.

¿Qué opinas de Borges y Aira?

Borges es Dios y Aira el bufón de las canciones de Dylan.

“Regresar, sí, pero un regresar distinto. Nada que ver con Volver y con Gardel. Nada de viaje al pasado, a recuperar un tiempo perdido. En el Narigón se daba un proceso de corrimiento, de comprensión” (p. 97). Coméntalo…

La casa de la infancia era en realidad una casita. Los padres no eran tan bondadosos. Muchas miradas eran oblicuas y no horizontales. Un sitio mitológico al que se vuelve con la convicción de que no existirá la sombra y de que las puertas se abrirán al revés. Reconstruir el pasado, desde la literatura o mediando un viaje en avión, te da el privilegio otorgado a los viajeros en el Tiempo, pero también una estricta obligación: no actuar ni interactuar, no tocar ni cambiar nada porque el retorno te sirve para comprender y es un acto de puro egoísmo existencial que deja una herida abierta en los que se quedaron y nunca pudieron salir. Se debe comprender que uno es un fantasma que adquiere cierta materialidad que caduca con un pasaje de avión o con las primeras luces del alba.

¿Cómo es el diseño temporal de tu novela?

Es un caos organizado. La interacción entre la simultaneidad de las cosas que suceden al mismo tiempo y la organización sucesiva de las categorías del cerebro. El hilo temporal va de Junio del 93 hasta los hechos que se narran en la tercera parte, un año después, pero en ese Buenos Aires mítico, todos los tiempos son simultáneos, y doblando en una esquina por la que no tendrías que haber doblado te topas de bruces con los represores del Proceso, los personajes de una novela inconmensurable de Bioy Casares o los fantasmas sin nombre.

¿Cómo interpretas el final de Luna negra?

No lo interpreto.

Pasemos a Pasar el rato, que publicaste hace dos años. ¿Es filosofía, poesía, narrativa, o todo lo contrario?

La respuesta perfecta  está contenida en la segunda pregunta.

¿Qué opinas de Nietzsche?

Un Profeta y un Poeta y un Músico que hizo el camino inverso de las Bacantes y que inmoló su parte humana para consagrarse como el Dios del exceso y del canibalismo, persistiendo durante diez años en una mirada vacía digna de Dionisos, en quien se había convertido gracias a los gusanos sifilíticos que perforaron su cerebro.

¿“No hay relato sin curiosidad ni conocimiento” (p.45)?

Me remito a los Griegos. Todo Platón y Aristóteles.

“La obra de arte como resolución de un misterio” (p.297). ¿Es así?

Desde Edipo Rey es posible que así sea.

Una pregunta de actualidad: “Inglaterra tiene a Falstaff, España a Torrente. No es una broma, es una reivindicación y un elogio” (p.230). ¿Lo crees de verdad?

No.

¿Los escritores son estafadores?

Sí. Pero esta respuesta es equivalente a la de la Paradoja de los Mentirosos.

Además, siento informarte que mientras leías mis respuestas te robé la billetera, en la que encontré curiosamente un caracol.


Fuente: educational EVIDENCE

Derechos: Creative Commons

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