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  • 19 de marzo de 2026
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Ficción y realidad en la escuela catalana

Ficción y realidad en la escuela catalana

Imagen creada mediante IA.

 

Licencia Creative Commons

 

Joan Nonell

 

Si lo simbólico es lo que aguanta lo real y no lo real lo que aguanta lo simbólico, todo es una ficción. Ésta es una de las aportaciones de Mark Fisher a la reflexión sobre las condiciones propias impuestas por el capitalismo tardío y la posmodernidad a nuestro tiempo[1]. Trasladado al mundo educativo, mundo que Fisher conocía bien, la máxima se traduce en profesores realizando todo tipo de funciones (psicólogos, orientadores laborales, asesores paternos, mentores, monitorajes, etc.) que, ficcionadamente, han sustituido la función instructora y transmisora ​​de conocimientos que define su tarea. Sabemos a ciencia cierta que todas estas funciones no puede hacerlas adecuadamente el profesorado, por falta de formación y por falta de tiempo. Pero también sabemos que en el marco mental de la sociedad no se entiende que un docente no afronte, con valentía, todos los retos y desafíos que le reporta su trabajo y que, en un contexto de precariedades y penurias sociales como el actual, redunda en alumnos con mayores necesidades educativas que nunca.

Así pues, le atribuimos simbólicamente al docente cualidades más propias de superhéroe[2] del asistencialismo social que de maestro garante de la continuidad de una tradición cultural y del saber que la caracteriza, tal y como se hacía en tiempos pretéritos. Sin embargo, la realidad se empeña en mostrar una caída continua de la calidad de la enseñanza impartida en las aulas públicas catalanas. En parte, la caída se explica por la falta de recursos -la famosa educación inclusiva aplicada, en nuestro país, sin invertir el mínimo necesario para cumplir con sus elevados propósitos sociales y morales-, pero en parte es consecuencia de anteponer la ficción de una tarea imposible de cumplir, a saber, que el alumnado cada vez más precarizado en conocimientos y procedimientos alcance las anheladas competencias que establecen los currículos pedagógicos. Como la ficción de la capacitación del alumnado debe mantenerse a cualquier precio, los docentes –cuando no lo hace el propio sistema pedagógico[3]– tendemos a relajar los estándares evaluativos con los que otorgamos titulaciones o promociones de curso. Hacemos ver, finalmente, que el paso por el aula durante el tiempo escolar estipulado con prácticas metodológicas ‘chupiguays’ pensadas más para entretener y distraer que para trabajar la atención y la cognición, servirá para suplir la adquisición de saberes que la escuela debería promover, ocultando la ignorancia inducida a la que, realmente, abocamos al alumnado más vulnerable, al que no tiene una red familiar o social capaz de compensar los no-aprendizajes académicos con que finaliza sus estudios.

La realidad de la escuela catalana es, en consecuencia, que las creencias simbólicas que el pedagogismo y las instituciones de gestión pública construyen sirven más para ocultar, maquillar y disfrazar los hechos que todos vemos a diario en las aulas, que para impulsar los cambios educativos que dicen perseguir. Cuando lo real ya no se ajusta al relato que se impone desde arriba, lo sensato siempre es cambiar de relato, a fin de volver a someter el orden simbólico al orden de la realidad. Esto dice, al menos una de las reglas de aquella moral provisional que Descartes adoptaba en su Discurso del Método[4], justo cuando trataba de dar a conocer el nuevo simbolismo racionalista que marcaría el advenimiento de la modernidad. Nuestros expertos educativos, en cambio, remueven cielo y tierra para esconder la realidad tras un simbolismo pseudocientífico empapado de tecno-fe en las milagrosas artes taumatúrgicas de las inteligencias artificiales y los futuros avances de las neurociencias que, aplicadas con los métodos emotivistas ya mencionados, conducirán a nuestros jóvenes a la plena capacitación si apenas esforzarse.

Nada que no encaje con otros simbolismos puestos en funcionamiento para fingir, más que para mostrar, lo real que habitamos. Así, nos podemos también detener en el tratamiento de las noticias que hacen los medios, sobre todo aquellos que se aguantan gracias a las subvenciones públicas o que forman parte de multinacionales del entretenimiento y la comunicación, promoviendo estrategias más propias de la propaganda y el marketing que de la veracidad y la objetividad del periodismo, tal como hemos visto, últimamente, con el pacto  firmado por el Departament d’Educació y los sindicatos UGT y CCOO, vendido como un gran acuerdo de país, que hará avanzar la educación, en lugar de analizarlo a fondo para mostrar las falsedades que lo convierten en un nuevo desatino que precariza aún más a los docentes y draconiza los recursos reales a invertir en la escuela[5].

El peligro de hacer depender la realidad del simbolismo construido para ocultarla es que el cinismo se esparza, venciendo toda resistencia hasta detener el espíritu crítico, convertido en desperdicio de vertedero, a pesar de la permanente invocación que nuestros políticos hacen de él en aras a preservar el simbolismo democrático en el que viven. Cuando todo es ficción, incluso la democracia, estamos más cerca que nunca del marco mental totalitario. La infantilización de la juventud, con ficciones educativas paralizantes más que emancipadoras, siempre ha sido el primer sendero a seguir en esta dirección. El segundo, hacernos creer que no existe alternativa, que no hay otra forma de ver la realidad escolar que la que nos imponen con su reformismo. Desvelar esta ficción es el objetivo de fondo de la lucha que los docentes estamos llevando a cabo este año. Y lo que está en juego no es sólo la realidad de nuestra profesión, sino todo el marco simbólico que le da sentido al hecho educativo, es decir, la garantía real de que la capacitación alcanzada por nuestra juventud, en su paso por la escuela, no les acabe convirtiendo en nuevos cínicos que perpetúen la ficción en la que vivimos.

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[1]     Mark Fisher, Capitalist Realism. Is There No Alternative? Collective Ink, 2009. Hay traducción al catalán: Realisme capitalista, Vitrus Editorial, 2022, págs. 98-99.

[2]     Los superprofes – Educational Evidence https://educationalevidence.com/los-superprofes/

[3]     Véanse los cambios introducidos en las pruebas de competencias básicas en 4º de ESO: https://elmon.cat/societat/educacio/educacio-redueix-alumnes-competencies-basiques-1083498/ 

[4]     La 3ª regla de la moral provisional de Descartes dice: «intentar siempre vencer-se a uno mismo antes que a la fortuna y alterar los propios deseos antes que el orden del mundo».

[5]     https://secundaria.info/portal/article.php?sid=20260309205531


Fuente: educational EVIDENCE

Derechos: Creative Commons

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