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- 5 de abril de 2026
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El Jesús Histórico. 2.000 años de añadidos

Cubierta del libro de David Rabadà.
La falsa resurrección del Jesús histórico
El Jesús histórico nada tuvo que ver con un Cristo resucitado y su Semana Santa. Ambos personajes distan totalmente de ser el mismo. En ello están de acuerdo la gran mayoría de expertos bíblicos. Tras muchos años de investigación hay datos suficientes para detallar que la imagen del Cristo resucitado fue inventada a partir de la visión de los primeros cristianos. Luego el contexto en donde fueron redactados los evangelios, más la presión del amenazante Imperio de Roma y el posterior poder de la Iglesia, cambiaron por completo el pretérito Jesús histórico convirtiéndolo en un falaz Cristo resucitado. Ora un proverbio latino que, “Cave ab homine unius libri”, es decir, ocultaros del hombre de un solo libro, y en Semana Santa quizás debamos cuestionar el Cristo resucitado por un solo libro, la Biblia y su Nuevo Testamento. Ya leyendo los evangelios nos percatamos que existen demasiadas paradojas y contradicciones entre sus párrafos. Hay que saltar a otro nivel, hay que comprender como fueron redactados los evangelios, y con ello, dar un giro a todos los hechos. Si a lo anterior sumamos otras informaciones sobre el contexto social del momento, más otros documentos actualmente disponibles, se llega a comprender la falsedad de la resurrección del nazareno.
Sabemos que los evangelios canónicos fueron escritos sin testimonios vivos de la vida de Jesús, es decir, quienes relataron los hechos no vieron la resurrección ni conocieron a nadie que la atestiguara. Y otro dato, la resurrección guarda fuertes similitudes con arquetipos culturales anteriores, como por ejemplo los dioses egipcios y sus allegados, los faraones que resucitaban. El vino era bebida de faraones y nobles en el antiguo Egipto. El vino era ofrenda frecuente en templos y tumbas, véanse las ánforas en el sepulcro de Tutankamón. El vino estaba asociado a Osiris y con él a la resurrección del faraón. Por otro lado, Osiris, dios del trigo y del vino (ver Textos de las Pirámides), al morir cada año permitía a los egipcios alimentarse con su cuerpo, el pan, y daba de beber su sangre, el vino, a Isis para ser recordado para siempre, es decir, vivir eternamente: quien coma mi carne y beba mi sangre vivirá eternamente (Juan 6, 53-55). Por tanto, los evangelistas tomaron prestado un arquetipo anterior egipcio para resucitar a un Jesús Rey. Además, los fariseos, de cuyas filas surgieron la mayoría de los seguidores de Jesús, no distaban tanto del nazareno como creemos. Ellos deseaban la llegada de un Mesías, obedecían a las tradiciones orales, creían en los ángeles, en el alma inmortal y en la resurrección. No fue pues nada extraño que aceptaran sin problemas el Cristo resucitado, pero ¿cómo se inventó esta resurrección?
En los evangelios se afirmaba que Jesús despertó de su muerte, algo que posteriormente la liturgia llamaría resurrección carnal. Cabe indicar que en los textos griegos originales se habla de egeirein, que en griego quiere decir despertar al muerto del sueño, o de anistanai, que significa levantarse o poner en pie al muerto que yace en el sheol o mundo de los muertos griego. Esta connotación griega no pudo surgir de testimonios judíos en la resurrección. Nuevamente vemos que este ponerse en pie del sheol fue un añadido tardío de las comunidades cristianas (Hechos de los Apóstoles 5, 30-31) (Pablo en Carta a los Romanos 6, 9-10). Pero para los judíos el cuerpo era toda la persona, la física y la espiritual. El Jesús resucitado significaba para ellos inicialmente una experiencia interior y no un cuerpo físico inmortal. Además, y para refrendar esta resurrección, los evangelistas añadieron apariciones del Mesías en donde no hallamos ninguna coincidencia entre los cuatro evangelios (Marcos 16, 9; Mateo 28, 9; Lucas 24, 31; Lucas 24, 50-51; Juan 20, 17 y Juan 20, 27), algo que indica añadidos al gusto de cada redactor y de cada década en que fueron redactados.
De hecho, los primeros textos que mencionan la resurrección como las cartas a los Corintios y otras de Pablo (54-58 d.C), no afirman ninguna resurrección carnal de Jesús. En ellos se mencionan visiones, apariciones o percepciones espirituales de Jesús, no su presencia carnal. En cambio, los textos en donde se afirma el sepulcro vacío, o los contactos físicos con Jesús, corresponden a escritos de décadas más tarde y muy elaborados como los canónicos en dónde el momento de la resurrección se produce sin testimonios, algo muy extraño si se quería dar veracidad a lo ocurrido. De hecho, lo único que detallan los evangelios es el sepulcro vacío, los ángeles y las apariciones, y no se describe ninguna resurrección carnal de Jesús observada por nadie. En ninguno de los evangelios se describe que alguien viera resucitar el cadáver del nazareno, todo lo contrario, el relato sólo narra lo que la primera y segunda generación cristiana creía: Jesús de Nazaret, el crucificado, ha sido resucitado por Dios. Más que hechos históricos en estas epopeyas, lo que hallamos es los deseos creyentes de los primeros cristianos (Hechos de los Apóstoles, 2, 23-24; 4, 10; 5, 30). Pero la muerte y resurrección de Jesús resultó vital para la expansión del cristianismo dada la vinculación del señor Cristo con la divinidad sobrehumana.
Hacer revivir a Jesucristo resultaba todo un mensaje en contra del gobierno imperial romano y en contra de su vasallo judío, el Sanedrín, quienes además veían la resurrección como una superstición hebrea. Resucitando a Jesús al tercer día se cumplían las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento y se dejaba muy bien asentado un hecho. Si el blasfemo hijo de Dios había revivificado era señal que el hombre había errado y que las profecías se habían cumplido, en fin, que el nazareno era realmente el Mesías. Pero no sólo las profecías nos hablaban de tres días para que se produjera un prodigio así. Lo de al tercer día resucitó pertenecía a arquetipos culturales anteriores. Los Megalienses colgaban a su dios Atis (Adonis en Siria) de un pino sagrado (¿crucificaban?) para luego enterrarlo y celebrar que al tercer día resucitaba. Los Antesterias dejaban enterrada una imagen del dios Dionisio durante tres días para que transcurridos estos resucitara. Plutarco nos habla que los egipcios enterraban un icono de Osiris envuelto en una sábana y ungüentos con mirra para esperar su resurrección al tercer día. Si a ello añadimos que Osiris estaba asociado al vino como símbolo de resurrección tenemos ya todo el corolario de insignias que nos muestran con suma claridad lo que la fe ideó en las primeras comunidades cristianas como plagio de otras resurrecciones precedentes, otro arquetipo ancestral. En tal contexto no fue nada extraño que el cronista romano Celsio se indignara en el 170 d. C. con las comunidades cristianas acusándolas de añadir todo lo que se les antojaba con tal de resucitar a su mártir Cristo. Hitler prometió la supremacía aria, los cristianos de aquellos tiempos la resurrección.
Quizás los primeros cristianos afines a la cultura griega obtuvieron de esta cultura y vecinas los arquetipos con los cuales elaborar la resurrección cristiana. El enunciado más antiguo sobre los cuatro sucesos fundacionales del cristianismo, muerte, sepultura, resurrección y apariciones de Jesús fue redactado en un texto que pertenece al Nuevo Testamento y que se salvó de la quema canónica, un escrito anterior a los evangelios y que éstos utilizaron posteriormente. Este testimonio se halla en la Primera Carta a los Corintios (15, 3-5) redactada entre el 50 y el 52 d. C. Lo más relevante de la epístola fue que en ella se reconocía que la resurrección física debía ser obligatoria, necesaria y acorde con las profecías. En la carta se afirmaba que aquello sucedió para que se cumplieran las escrituras, algo que indujo y expandió posteriormente la idea de una resurrección corporal en el libro de los Hechos de los Apóstoles: palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo, añadiendo que los discípulos comieron y bebieron con el nazareno que resucitó de entre los muertos (Hechos 10, 40-41). Los evangelios canónicos fueron posteriores a la carta por lo que ya sabemos el origen de la resurrección. Estos fueron la carta de Pablo a los Corintios más la trasposición de otros arquetipos en Marcos, y finalmente la ampliación tardía en Lucas. Por tanto, el apóstol Pablo y su entorno fueron los inventores de la resurrección de Jesús. Más tarde la fe, la Iglesia y las predicaciones extendieron la resurrección. De esta manera el concepto Christos, ungido en griego, dio nombre al cristianismo, pero no por un deseo de Jesús sino por razones paulinas. Jesús jamás pudo imaginarse que le iban a resucitar para fundar una de las doctrinas más extendidas por el planeta. Fue Pablo y sus seguidores quienes se inventaron su resurrección.
Título: El Jesús Histórico. 2.000 años de añadidos
Autor: David Rabadà
ISBN: 8412856414
Editorial: Editorial Hilos de Azul.
Idioma: Castellano
Número de páginas: 322
Fecha de publicación: 2025
Fuente: educational EVIDENCE
Derechos: Creative Commons
