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  • 29 de enero de 2026
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Decimos basta: primera manifestación feminista en Barcelona (1910)

Decimos basta: primera manifestación feminista en Barcelona (1910)

Foto coloreada de la manifestación de mujeres en Barcelona, 10 julio 1910 / Fuente: https://barcelodona.blogspot.com/

 

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Soledad Bengoechea

 

Mujeres, dejad de ser hembras, diamantes enlodados, flores repletas de detritus nocivos, sol tras plomizos nubarrones, para convertiros en seres pensantes y conscientes, en deslumbradora pedrería, en flores frescas y doríferas, en sol espléndido y vivificador

Ángeles López de Ayala, El Gladiador de Librepensamiento, 1917.

 

Era un día de calor sofocante, el 10 de julio de 1910, cuando Barcelona fue escenario de la primera manifestación importante de mujeres de la historia de Cataluña y de España. El motivo fue la protesta porque algunas asociaciones femeninas religiosas se habían atribuido a la representación de todas las mujeres españolas en materias como la educación. Además, por vez primera, las mujeres reclamaban derechos políticos.

 

Una mujer singular: Ángeles López de Ayala

Aunque con retraso comparativamente con respecto a otros países más industrializados, desde mediados del siglo XIX y a lo largo del veinte, el feminismo en Cataluña tuvo figuras relevantes, algunas de las cuales habían nacido en otros lugares de España. Desde el punto de vista social, el feminismo nació plural. Evolucionó a partir del arco que va de la burguesía intelectual (Dolors Monserdà, Francesca Bonnmaison, Carme Karr) al republicanismo y al anarquismo obrero (Ángeles López de Ayala, Teresa Claramunt).

La sevillana Ángeles López de Ayala había nacido en 1858. Llegó a Cataluña poco después de cumplir los treinta años y fue la promotora más relevante de un cierto feminismo que puso las raíces de lo que vería la luz en los años treinta del siglo veinte. Un primer feminismo librepensador que destacaba por su obrerismo, laicismo, anticlericalismo y republicanismo, y que con estas características rompía los reducidos círculos reformadores de los movimientos feministas burgueses por extenderse también hacia las clases populares.

A través de las páginas de numerosas publicaciones, López de Ayala apoyó la idea de la necesidad de conseguir la emancipación de la mujer. Ellas, las mujeres, debían liberarse de las restricciones que les imponían la Iglesia y la religión. Colaboraba con los diarios El Clamor Zaragozano, La Publicidad y El Diluvio, y en revistas como La luz del porvenir, después de haber conocido a su reconocida editora, también escritora y espiritista, Amalia Domingo Soler. Domingo, ciega de nacimiento, formó parte de algunas logias masónicas que practicaban espiritismo, como “El Gran Oriente Espiritista” fundado en 1891. Con Ángeles López de Ayala y Teresa Claramunt, fundaron en 1891 el primer núcleo feminista del Estado, la Sociedad Autónoma de Mujeres, substituida posteriormente por la Sociedad Progresiva Femenina (1898)

López de Ayala también fundó y dirigió el semanario El Progreso (1896), de ideología republicana y que solía tratar la situación y la problemática de la mujer; El Gladiador (1906), publicación también de carácter librepensador y feminista, que tomó el relevo de El Progreso; El Libertador (1910), que a su vez sustituyó a El Gladiador del Librepensamiento (1914), que desaparecería en 1920 junto con la Sociedad Progresiva Femenina, de la que era el órgano de expresión.

 

Precedentes: Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona (1892) y Sociedad Progresiva Femenina (1897)

La propuesta de la mujer igual al hombre, heredera de la Revolución Francesa y de la Ilustración, apareció en Cataluña ligada a los librepensadores y republicanos. El trabajo comenzado por diversas feministas se consolidó y salieron a la luz nuevas iniciativas. Continuó la actividad periodística, pero hubo un cambio sustancial: las mujeres se dieron cuenta de que sólo con la letra impresa no bastaba para conseguir los cambios que pedían y decidieron salir a las calles. Eran mujeres que habían recibido una formación cultural distinta de la habitual. También surgieron las primeras líderes obreras, mujeres de fábrica y madres de familia, que podían hacer estallar revueltas o salir a las calles cuando éstas ya habían estallado y organizaban o se añadían a huelgas y motines. Normalmente se debían a la falta o a la subida de los productos de subsistencia (como los revuelos del carbón y el pan en enero de 1918), aunque en ocasiones había otras razones (como fue el caso de las mujeres que se manifestaron en la Semana Trágica de 1909 para impedir que sus allegados masculinos fueran a Marruecos).

Según señala el historiador Felipe Belmonte, «una de las instituciones más destacadas a principios de siglo en la defensa del papel de la mujer en la sociedad fue la Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona. Ésta fue la primera asociación feminista en España y había sido fundada por López de Ayala, junto con Amalia Domingo Soler y la anarcosindicalista sabadellense Teresa Claramunt, en 1892, aunque ya se tengan noticias de ella desde 1889”. Esta sociedad se estableció inicialmente en la desaparecida calle Cadena (situada en la zona donde se encuentra actualmente la Rambla del Raval de Barcelona) para trasladarse más tarde a la calle Ferlandina, 20. Sus acciones estaban encaminadas a organizar actos sólo para mujeres, dedicados al debate político o a temas culturales y pedagógicos, y también financiaba una escuela nocturna para adultos –Fomento de la Instrucción Libre de Barcelona– de carácter gratuito y situada en la calle Sant Pau 31, también en la ciudad condal. Ambas instituciones estaban fuertemente vinculadas a la Logia Constancia.

A finales de 1897, la Sociedad Autónoma de Mujeres se convirtió en la Sociedad Progresiva Femenina. Al principio, se consideró la mayor asociación feminista de España, a pesar de que sus actuaciones se circunscribían a Cataluña. Estuvo dirigida por López de Ayala y solía ser punto de encuentro para mujeres miembros de la Logia Constancia. Estaba situada en el barrio de Gràcia y tuvo su primera sede en la calle Séneca 2, hasta el año 1900, en que se trasladó a la calle Torrijos 7, donde se mantuvo activa hasta 1920. Se denunciaba la situación de doble opresión y explotación de la mujer, por su propia condición de mujer y como parte de la clase trabajadora, fraternidad.

 

Primera manifestación feminista (1910)

Hablemos ahora de la primera manifestación feminista que tuvo lugar en Barcelona en 1910. Fue organizada conjuntamente por la Agrupación de Damas Rojas, la Asociación de Damas radicales y la Sociedad Progresiva Femenina de forma que, aunque la principal impulsora fue López de Ayala, la manifestación estaba bajo el mando de una comisión ejecutiva compuesta por una representante de cada entidad organizadora: Laura Mateo, Francisca Gimeno y Ángeles López de Ayala, respectivamente. Contó con el apoyo del partido Radical de Lerroux, como lo demostraba el hecho de la participación en la comisión organizadora de las “Damas Radicales”.

Manifestación de mujeres de Barcelona, convocadas por Ángeles López de Ayala, el 10 de julio de 1910 / Wikipedia

Según algunas crónicas, López de Ayala iba en el epicentro de la manifestación. El evento significó la primera manifestación feminista realizada en España. Asistieron alrededor de 20.000 mujeres procedentes de Barcelona y zonas limítrofes en una exhibición que alguna prensa calificó de «mujeres anticlericales, liberales y radicales». En todo momento, el acto fue pacífico. La Vanguardia, que cubría la marcha, apuntó que entre las asistentes había una niña «vestida de República» y que muchas manifestantes llevaban una caricatura que mostraba a la república dando una patada a un fraile. Muchas circulaban por las calles cogidas del brazo, bajo un sol abrasador; y con aquellas faldas largas, hasta el tobillo, propias de la época, iban gritando consignas y cantando canciones.

La manifestación finalizó frente al Gobierno Civil, donde las convocantes entregaron un pliego de peticiones con 22.000 firmas de mujeres, reivindicando la limitación del poder de la iglesia católica.

Así finalizó ese acto. Buscaba dejar claro que las mujeres no estaban bajo el dominio de la iglesia católica y que pensaban por sí mismas (no olvidemos que la idea de que ‘el confesor dictaba el voto’ fue uno de los argumentos que se utilizaron contra el sufragio femenino y que Clara Campoamor tuvo que escuchar en los años 30 antes de conseguir que la II República reconociera el voto femenino.


Fuente: educational EVIDENCE

Derechos: Creative Commons

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