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- 17 de febrero de 2026
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Educación escocesa y con faldas a lo loco

Imagen creada mediante IA.
Con faldas y a lo loco fue una gran comedia dirigida por Billy Wilder que nada tiene que ver con las faldas escocesas para los días formales de gala, el kilt. Y es que en Escocia se tomaron muy en serio el tema educativo, tanto, que lo reformaron y reformaron hasta convertirlo en una comedia. Fue entonces cuando un nuevo primer ministro, muy innovador, laborista y progre, decidió cambiar las cosas.
Fue recién estrenado el siglo XXI, y todavía con el celofán envolviéndolo, que Jack Wilson McConnell pasó a dirigir el Ministerio de Finanzas y Educación con la obsesión de ser el primero de la clase, es decir, dotar a Escocia del mejor sistema educativo del mundo, algo que no poseía, pero que sí rondaba. Nuestro ministro pensó que podía mejorarlo cambiando simplemente la esencia de la enseñanza escocesa con el constructivismo pedagógico y más elementos a disposición en el mercado de las modas educativas. Para ello decidió acogerse a las innovaciones pedagógicas del momento, y que corrían por Estados Unidos desde principios del siglo XX. Véase por ejemplo la escuela por proyectos, la educación por competencias y el constructivismo en general, ideas todas ellas nada innovadoras dado que ostentaban más de cien años de vejez.
Para todo ello McConnell se inventó un nuevo currículo con faldas y a lo loco, es decir, sin pensar ni contrastar los hechos con las consecuencias, y claro está, nadie es perfecto. De ahora en adelante ese currículo para la excelencia redujo los contenidos a impartir, es decir, se cargó la transmisión de conocimientos, para centrarse en las ambiguas competencias. Y aunque ya se sabía que sin conocimientos no pueden desarrollarse las competencias, la política escocesa perseveró en aquel error y crónica de una muerte anunciada. Pongamos el ejemplo en historia. Ahora ya no sería necesario memorizar los hechos históricos, sino simplemente el alumno debía proyectar sus emociones ante algún hecho histórico. Es decir, ya no importaba que supieran historia si aprendían a sentirla en su interior. Ahora debían buscar el sentido del pasado en el presente olvidando el riguroso conocimiento pretérito, y claro está, sin lo acaecido no hay forma de entender el presente histórico y ni mucho menos darle sentido. Intente explicar la Segunda Guerra Mundial sin conocer la Primera, o intente desvelar la Revolución Francesa dejando a un lado la Ilustración.
Como vemos el cambio pedagógico en Escocia consistió en algo absolutamente radical que abolió lo que funcionaba a cambio de algo de sólo sonaba bien. Si antes el sistema se fundamentaba en docentes expertos en su materia para impartirla a los alumnos, ahora la cosa se tornaría totalmente al revés, ya que serían los alumnos el centro del sistema educativo, algo que suena muy bien pero que deja al docente docto fuera del foco de la enseñanza. Me explico, si antes un docente instruido era quien enseñaba a los alumnos, ahora los alumnos serían los que aprenderían por sí mismos sin un profesor experto en la materia. Estábamos ante el constructivismo de la educación por descubrimiento y su learning by doing en donde habíamos pasado del docente como centro del sistema educativo al alumno en ello. Ahora ya no se tenía en cuenta el valor de los conocimientos a aprender, sino las lamidas competencias para preparar a los alumnos en los trabajos que todavía no existen, algo paradójico teniendo en cuenta que, si no se conoce el futuro de algo, ¿cómo se prepara a los alumnos restándoles los conocimientos antecedentes? Pero es que además no hay estudio con datos contrastados que demuestre tal suposición. A lo sumo la OCDE, y en su informe de 2016, afirmaba sin aportar dato alguno ni evidencias analíticas, que el 65 % de los chavales actuales trabajará en oficios que todavía no han sido inventados, afirmación totalmente sí inventada.
En 2010 comenzó a aplicarse la flamante reforma educativa en Escocia bajo la perplejidad de los docentes, más su impotencia para comprender en qué consistía, pero acompañado de una tormenta burocrática descomunal. En fin, más informes para enseñar peor. En España se ha vivido idéntico sinsentido desde la LOGSE de los 90 hasta la LOMLOE actual. Y lo mismo puede decirse del Quebec, Portugal, Francia, Noruega, Suecia, Finlandia, Dinamarca y Países Bajos. ¿Será que las reformas educativas son un virus contagioso? ¿O quizás la falta de imaginación política copia los errores de los vecinos?
La consecuencia de todo aquello fue que en pocos años el sistema educativo de Escocia se desmoronó y McConnell se lavó las manos al mejor estilo Poncio Pilatos. Actualmente esta tendencia sigue a la baja sin ningún síntoma de recuperación junto con sus hermanos ibéricos, quebequenses, galos, nórdicos y de los Países Bajos. Estos últimos ya habían avisado a los demás de las consecuencias de adoptar las batutas contructivistas con el alumno como centro del sistema educativo. En los años noventa los Países Bajos ostentaban unos resultados excelentes en matemáticas, pero al aplicar en 1998 la reforma alumnocentrista suenabién, y en tan sólo un año, provocaron la debacle y la ira de familias y estudiantes ante aquella tomadura de pelo. La sociedad holandesa, muy culta y crítica, no tragó con la estafa y en diciembre de 1999 salió a la calle. En Nueva York, y bajo la misma reforma educativa, tardaron cuatro años en salir a la calle y en España la gran mayoría de las familias todavía no se han enterado de lo obvio, que este sistema educativo pretende que nos creamos cultos, pero que sigamos ignorantes.
Está claro que dejar de valorar los conocimientos otorga el fracaso educativo de un país y que el trasvase del centro educativo desde el profesor hacia el alumno suena muy bien, pero deviene una gigante sandez bajo un constructivismo muy mal utilizado. La clave para solucionar este efecto dominó entre países bajo la hecatombe educativa es revalorizar la transmisión de conocimientos a través de profesores doctos, libros de texto de calidad y un currículo exigente, más unas pruebas nacionales de nivel a final de cada etapa. Una auténtica y eficaz reforma pedagógica será la que defienda al docente como autoridad académica, la transmisión de los conocimientos y el dominio profundo de la comprensión lectora entre sus estudiantes. Sin un vocabulario rico y extenso, sin una cultura del esfuerzo y sin referentes doctos de quien aprender, sean libros o educadores, resultará muy difícil aprender a aprender nuevos conocimientos. En ello uno de los estados más pobres de Estados Unidos ha logrado revertir los malos resultados académicos aplicando justamente todo lo anterior. El estado de Mississippi empezó en el año 2013 un plan fundamentado sobre todo en la comprensión lectora, los libros de texto, las pruebas de nivel, la repetición de curso, el currículo riguroso, las ayudas a los rezagados y la formación de docentes doctos y excelsos. En la actualidad los resultados académicos de las escuelas del Estado de Mississippi están siendo de los mejores de todo Estados Unidos a un coste por debajo de la media nacional. Es decir, Mississippi representa a nivel educativo norteamericano el bueno, bonito y barato.
Por suerte, y en Escocia, se han puesto seriamente las faldas de gala, el kilt, y ahora han decidido revalorizar los conocimientos en el currículo, la lectoescritura de sus alumnos y el sistema de evaluación con pruebas a final de cada etapa. Veremos si ahora sus países compinches educativos, que no llevan faldas, pero sí competencias falaces, abandonan de una vez por todas esta comedia educativa de con faldas y a lo loco.
Fuente: educational EVIDENCE
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