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- 23 de enero de 2026
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Enseñar en los tiempos de ansiedad

Foto: Pete Linforth – Pixabay

Felipe de Vicente
La prensa de todo el mundo se ha hecho eco de una noticia que suponía una gran novedad: el gobierno australiano estableció que, a partir del día 10 de diciembre, entraba en vigor una serie de medidas limitadoras del acceso de los niños a las redes sociales. La medida fue largamente debatida y estudiada. El gobierno creó una comisión denominada eSafety Commissioner que ha sido la encargada de preparar tanto la información a la opinión pública como sugerir las medidas a los legisladores. El conjunto de esta política digital consta en el documento Política de Límite de Edad para la Creación de Cuentas.
No toda información de los medios sobre el tema se ha ajustado a la realidad de esta política, simplificando la noticia dando a entender una restricción total de los niños a internet. En realidad, no se limita este acceso, que sigue abierto, por ejemplo, para ser usado con fines educativos. Los menores de edad podrán buscar y ver vídeos, leer publicaciones y acceder a la información. Lo que hace la ley es establecer la edad mínima de 16 años para que un adolescente pueda firmar un contrato o abrir una cuenta en redes sociales. La responsabilidad se carga sobre las grandes empresas (Instagram, YouTube, Tic Tok, Facebook y otras) que deberán asegurarse de la edad de quienes quieran abrir una cuenta; para ello el gobierno australiano ha indicado diversas maneras de comprobar la edad. No hacerlo puede acarrear importantes sanciones. Estas restricciones tienden a minimizar los incentivos para pasar más tiempo frente a las pantallas, o acceder a contenidos que puede perjudicar su salud y bienestar.
El 5 de noviembre pasado, el Parlamento Europeo aprobó un informe no legislativo por 483 votos a favor, 92 en contra y 86 abstenciones, expresando su preocupación por los riesgos para la salud física y mental que enfrentan los menores en internet y pidiendo una mayor protección contra las estrategias manipuladoras que pueden aumentar la adicción y que son perjudiciales para la capacidad de los niños para concentrarse. La resolución, en la línea de la australiana, establece los 16 años como edad a partir de la cual los adolescentes pueden abrir cuentas en las redes sociales. En su resolución, el Parlamento Europeo hace las siguientes recomendaciones:
- la prohibición de las prácticas adictivas más dañinas;
- la prohibición de los sitios que no cumplan las normas de la UE;
- medidas para abordar las tecnologías persuasivas, como los anuncios dirigidos, el marketing de influencia etc…
- la prohibición de los sistemas de recomendación basados en la participación de menores;
- protección de los menores frente a la explotación comercial;
- medidas urgentes para abordar los desafíos éticos y legales que plantean las herramientas de IA generativa, incluidos los deepfakes, los chatbots de compañía, los agentes de IA y las aplicaciones de desnudez impulsadas por IA (que crean imágenes manipuladas no consensuadas).
Tanto el gobierno australiano como el Parlamento Europeo han tomado estas medidas en base a unos informes muy alarmantes sobre el acceso de los niños a la red. En el caso australiano, la eSafety Commissioner publicó un interesante informe con estos datos:
- El 96% de los niños de 10 a 15 años había utilizado redes sociales y la mayoría había utilizado una plataforma de comunicación para chatear, enviar mensajes, llamar o realizar videollamadas a otros (94%).
- El 86% había jugado videojuegos en línea.
- El 71% había encontrado contenido asociado con daños.
- El 57% había visto odio en línea.
- El 52% había sufrido acoso cibernético.
- El 25% había experimentado personalmente el odio en línea.
- El 24% había sufrido acoso sexual en línea.
- El 23% había sufrido seguimiento, vigilancia o acoso sin consentimiento.
- El 14% había experimentado un comportamiento de acoso en línea.
- El 8% había sufrido abuso basado en imágenes.
El informe del Parlamento Europeo destaca que el 97 % de los jóvenes se conecta a internet a diario y el 78 % de los jóvenes de entre 13 y 17 años revisa sus dispositivos al menos cada hora. Al mismo tiempo, uno de cada cuatro menores muestra un uso problemático o disfuncional del smartphone, es decir, patrones de comportamiento que reflejan una adicción. En España, según el Instituto Nacional de Estadística, el 85% de los niños entre 12 y 14 años tienen un smartphone. Seis de cada diez menores duermen con el móvil y un 49% de los adolescentes pasan más de cinco horas al día en internet. El Consejo de Ministros remitió en marzo a las Cortes un proyecto de ley orgánica para proteger a los menores de edad en los entornos digitales, pero de su tramitación no se ha vuelto a saber nada.
La toma de posición de los políticos sobre el acceso de los niños a la red es fruto de estudios y análisis efectuados por especialistas que han alertado de los daños que puede producir un prematuro e indiscriminado acceso a determinadas plataformas que tienen solo fines comerciales y, por lo tanto, generando adición entre los menores. Un análisis pionero fue el de un neurólogo, Manfred Spitzer, (Demencia digital, Barcelona, 2013). Para el científico alemán, los ordenadores no mejoran el rendimiento del alumno, más bien reducen nuestras capacidades de concentración, disminuyendo nuestro nivel de análisis y razonamiento general. Michel Desmurget, experto francés en neurociencia fue otro de los pioneros al publicar La fábrica de cretinos digitales: Los peligros de las pantallas para nuestros hijos (Barcelona, 2020) y que fue un superventas en Francia, Desmurget dice en el prólogo que, en los países occidentales, los adolescentes entre los 12 y los 18 años se pasan más de seis horas al día con dispositivos digitales. Francisco Villar, psicólogo clínico y experto en suicidio infantil, en unas declaraciones a El País, mostraba también las influencias negativas de las conexiones constantes de los menores a internet y pedía restringir el acceso hasta los 16 años.
Pero quien más ha influido recientemente en los gobiernos ha sido Jonathan Haidt, autor de La generación ansiosa, publicado en 2024. Haidt es psicólogo, profesor universitario de Liderazgo Ético en la Universidad de Nueva York y su incursión en el tema ya viene de antes (La transformación de la mente moderna, 2018). En el Foro Económico de Davos de 2024 Haidt fue invitado estrella y disertó ante un amplio público sobre los problemas del acceso prematuro a internet. Una llamativa frase resume su intervención : «Hemos sobreprotegido a los niños en el mundo real y los hemos dejado desprotegidos en línea». Para Haidt los jóvenes de hoy son más infelices, tanto en comparación con las generaciones anteriores como con sus pares mayores; son una generación ansiosa. Tras más de una década de estabilidad o mejora, la salud mental de los adolescentes se desplomó a principios de la década de 2010 en Estados Unidos. También lo han hecho las visitas a salas de emergencia por autolesiones. En su libro, cuya lectura recomiendo sobre todo a los docentes y más si son padres de hijos adolescentes, hay numerosos datos de esta “ansiedad”. La descripción que hace Haidt de los cambios producidos en los adolescentes y jóvenes norteamericanos pueden extrapolarse a otros países en donde el uso de internet entre los menores se ha convertido en una epidemia. Y nos da la clave sobre muchas cosas que pasan en nuestras aulas.
Haidt propone cuatro soluciones para aplicar a los niños y su relación con las tomadas por Australia y las recomendaciones del Parlamento Europeo no son mera coincidencia:
- No darles un teléfono inteligente hasta que tengan al menos 14 años;
- no permitir que usen redes sociales hasta que tengan al menos 16 años;
- las escuelas deberían ser un ambiente libre de teléfonos;
- darles mucha más independencia en el mundo real.
Veremos el alcance de estas políticas, pero en muchos países ya se han empezado a formar grupos de padres, porque si eres el único que dejas a tu hijo sin teléfono es muy difícil aplicar los consejos. En Barcelona surgió el movimiento Adolescencia libre de móviles que ya se ha extendido por varias CCAA y cuenta con varios miles de seguidores. En La Generación Ansiosa, Jonathan Haidt investiga la naturaleza de la infancia, incluyendo por qué los niños necesitan el juego y la exploración independiente para madurar y convertirse en adultos competentes. Dice Haidt que hemos sustituido la infancia basada en el juego por la infancia basada en el teléfono. Me parece interesante terminar el artículo con un párrafo de su intervención en el Foro de Davos y que expone el objetivo final de estas cuatro medidas:
“En última instancia, nuestra misión es restaurar la infancia: el tipo de infancia maravillosa, divertida, emocionante que todos tuvimos, que estaba llena de conflictos, fracasos, exploración, aventura, tomar riesgos, emociones intensas y todas esas emociones que experimentaste no con tus padres, sino cuando estabas afuera, lejos de tu lugar seguro en casa».
Con permiso del autor, añadiría: hemos pasado de una infancia y adolescencia llena de libros, conocimientos, esfuerzo, fomento de la concentración a otra llena de pantallas, competencias digitales y dispersión total. Enseñar en los tiempos de ansiedad es tan difícil como amar en los tiempos del cólera. Dudo que en Tic Tok se enteren los usuarios de quién era García Márquez.
Fuente: educational EVIDENCE
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