- Ciencia
- 14 de enero de 2026
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El origen del habla articulada

El habla articulada hunde sus raíces en estructuras previas que modificaron su función y que sí fosilizaron. Foto: Daniel Vargas Ruiz / Pixabay
Abordar el origen del habla articulada humana no es nada sencillo debido a que ésta no fosiliza. No existen ni textos ni grabaciones que nos muestren cuando los humanos empezaron a utilizarla. Entonces, ¿qué hacemos? No queda otra que agudizar el ingenio. Sabemos que la evolución trabaja con lo que previamente tiene. Algunas estructuras adquieren funciones por las ventajas que ofrecen en conjunto, mientras que otras las pierden o las cambian. El habla articulada hunde sus raíces en estructuras previas que modificaron su función y que sí fosilizaron. Se hace entonces necesario buscar varias pruebas y ver en qué tiempo convergen para establecer el origen del habla articulada.
Una primera pista nos la ofrece nuestra laringe. Ésta, en los adultos, mantiene una posición baja y amplia, característica que le permite emitir sonidos vocálicos. Sin ellos el habla articulada apenas se produciría. En cambio en nuestros bebés, y en el resto de simios, la laringe está elevada y estrecha. Tal diseño permite tragar y respirar al mismo tiempo al estar situada su laringe más arriba de la nuestra. Los adultos, si bebemos y respiramos al mismo tiempo nos atragantamos, en cambio nuestros bebés maman y respiran simultáneamente. Poco antes de los dos años esta facultad se va perdiendo a medida que la laringe desciende hasta la posición adulta. En cierto modo nuestros cachorros describen la evolución ancestral de la laringe para conseguir la capacidad del habla, un rasgo, por tanto, derivado y reciente en nuestra evolución.
Así pues, fue la expansión de la laringe y el bajo riesgo de atragantarse la que permitió la capacidad del habla articulada. Resultó también evidente que esta facultad fue superior en ventajas evolutivas que atragantarse. Es decir, para la evolución fue más rentable el habla articulada que el bajo riesgo asociado de atragantarse eventualmente. De no haber sido así no estaríamos ahora hablando de esto. Pero la pregunta clave es, ¿cuándo evolucionó tal destreza? Por suerte esta gran laringe deja huella en algo que sí fosiliza, la base del cráneo. Por un lado, algunos expertos hablan de una base craneal más redondeada cuando evolucionó dicha estructura. Esto, aunque discutible, empezó a ocurrir en los últimos erectus y ya en todos los Homo modernos. Pero por otra parte, esta gran laringe necesita un amplio espacio detrás del maxilar. Algunos expertos indican que a partir de los primeros sapiens arcaicos ya se encuentra esa fuerte flexión entre el maxilar y la base del cráneo. Hablamos de hace unos 500.000 años. Veamos si existen otras pruebas que apoyen este medio millón de años para el origen del habla articulada.
Otra estructura asociada al habla articulada son los nervios vertebrales. Concatenar fonemas, palabras y frases requiere un control muy eficaz durante la respiración. Para esto es fundamental una hiperventilación de los pulmones que regule la vocalización de palabras y la entonación de frases. Los primeros que necesitaron un sistema pulmonar para ventilar con eficacia los pulmones fueron los que conquistaron los espacios abiertos, los erectus. Para tal hiperventilación fue necesario un gran control del músculo del diafragma. Esta adaptación fue muy útil para el siguiente salto evolutivo, el habla articulada. Para ésta son necesarios unos nervios aún más gruesos que nacen de la columna y pasan entre las vértebras. En el esqueleto de un erectus, el KNM-WT 15000, se observan unos canales muy estrechos para albergar estos nervios. Lo mismo ocurre en los australopitecos y antropomorfos. Por lo tanto debemos suponer que los erectus primitivos no ostentaron la capacidad del habla articulada. Pero eso sí ocurre en los Homo de hace unos 500.000 años.
Otra estructura asociada al habla son ciertas áreas del cerebro humano, en concreto las zonas llamadas de Broca, Wernicke y el área motora suplementaria. En el encéfalo de los sapiens éstas albergan muchas de las funciones del lenguaje. Por suerte Broca y Wernicke presentan protuberancias que dejan impresiones endocraneales. De hecho, tales impresiones se insinúan en moldes endocraneales fósiles. Así se observa en Homo heidelbergensis de 500.000 años y en el resto de Homo modernos. De todas formas esto no significa que las áreas cerebrales de Broca y Wernicke hayan tenido siempre la misma función en todos los tiempos y especies. Además el área de Broca existe en muchos primates, con el añadido de que los repliegues cerebrales a menudo lo esconden y confunden. Por tanto, y aunque esto se insinúe cerca de los 500.000 años, no es una prueba contrastada.
Otro hecho que podría tener como correlato el habla articulada es la manufactura de líticos y la asimetría cerebral. El aumento en diversidad durante la evolución humana y complejidad de las tallas de líticos podría reflejar un incremento en la capacidad de abstracción del cerebro. Éste era quien gobernaba la habilidad de coordinar ambas manos, algo que concuerda con la asimetría cerebral. En los humanos actuales existe una dualidad entre zurdos y diestros tal que si son diestros el lenguaje trabaja mayormente en el hemisferio izquierdo, y si son zurdos en el derecho. Esta misma asimetría cerebral se encuentra detrás de la habilidad de tallar líticos. Muchas de las esquirlas encontradas indican que la mayoría de nuestros antepasados eran diestros, con el añadido de que después de los erectus la asimetría cerebral fue evolucionando.
La prueba de que el hemisferio izquierdo, que controla la mano derecha, fuera cada vez mayor, podría guardar relación con el habla humana. De hecho, en el hemisferio izquierdo se dan la mayoría de funciones abstractas entre gramática, memoria verbal y lógica. Por ejemplo, las áreas cerebrales de Broca, Wernicke y la motora suplementaria se encuentran en la izquierda. Además, sabemos que el lenguaje requiere de un amplio pensamiento abstracto capaz de imaginar antes lo que se dirá, tal como una herramienta, una receta o un dibujo. Quizás todas las funciones anteriores, la fabricación de líticos, la asimetría cerebral y el habla articulada, se amplificaron durante la evolución humana. Fue en torno a los 500.000 años que la asimetría de ambos hemisferios se insinuó. Esto pareció preparar las primeras manifestaciones de arte, otro dato interesante para el habla articulada.
A menudo se ha pensado que el arte es un tema reciente y centrado en Europa hace unos 40.000 años, pero existen yacimientos que superan los 300.000 años con uso de pigmentos para dibujar bajorrelieves o pinturas. Sirvan como ejemplo los bajorrelieves de cabañas y fogatas en Bilzingsleben, Alemania, de unos 370.000 años de antigüedad, o las cabañas dibujadas de Amata, Francia, de 400.000, o los diferentes yacimientos con ocre destinado, seguramente, a pintarse el cuerpo más allá de los 200.000. Y cabe matizar que la costumbre de pintarse el cuerpo con motivos rituales o estéticos no fosiliza. Es decir, que no por no encontrar pinturas en las cuevas hay que pensar que los humanos ancestrales no practicaran el arte conceptual en otras superficies. Hoy en día los tatuajes triunfan en las dermis de mis alumnos.
En definitiva, hace en torno a los 500.000 años, los humanos poseían capacidad de plasmar lo que imaginaban en una realidad. El habla articulada requería de la misma destreza junto a la creatividad y el simbolismo cerebral. Además, cuando los humanos actuales confeccionamos herramientas activamos zonas motoras del sonido, abstracción y planificación. O sea, el lenguaje articulado se encuentra cerebralmente asociado con la coordinación motora, el simbolismo y la elaboración de herramientas. Imaginar útiles, futuros múltiples o frases encadenadas se encuentra conectado en nuestro encéfalo. Todo esto empezó a evolucionar conjuntamente hace unos 500.000 años.
Hay que añadir a todo lo anterior la neotenia, o conservadurismo de rasgos infantiles. Ésta permite que el niño que llevamos dentro siga imaginando en la fase adulta y tejiendo nuevas conexiones neuronales. En otras palabras, el cerebro humano es capaz de aprender cosas nuevas durante gran parte de su vida. Así, la creatividad forma parte de nuestras destrezas en artefactos, planificación y lenguaje bajo un gran grupo de neuronas conectadas. Es más, la flexibilidad cognitiva, memoria y control de la atención trabajan simultáneamente cuando conversamos, planificamos o elaboramos utensilios.
Todo ese contexto rompe con otro prejuicio en evolución humana. Han sido muchos los expertos que indicaban a Homo sapiens como único autor del arte conceptual. Como vemos, algunos Homo ya manifestaban esa habilidad antes que los sapiens. De todos modos, ya partir de los sapiens, se diversificó en gran medida la creatividad abstracta y artística. Ejemplos de ello, y atribuidos a sapiens, han sido los ocres para pintarse el cuerpo de Pinnacle Point, Suráfrica, con 165.000 años de antigüedad, el óxido de hierro sobre conchas hallado en Blombos, Sudáfrica, fechado sobre los 100.000, las piezas de collarín de Shkull, Israel, también de unos 100.000, y el arpón decorado en hueso de Katanda, Congo, de unos 80.000. Algunos expertos relacionan tal proceso con la evolución de ciertos genes asociados al aumento de complejidad en la cultura simbólica humana. En concreto, el alelo ApoE3 parece difundirse hace unos 200.000 años coincidiendo con la expansión de las expresiones simbólicas anteriores. Posteriormente lo hizo otro gen, el ApoE2, reforzando la misma tendencia en la complejidad simbólica y en la plasticidad cerebral humana.
Pero quizá el hallazgo más relevante en lo referente al habla articulada haya sido el gen FOXP2. Este gen que se encuentra en la mayoría de los mamíferos es en nuestro caso es una mutación lo que lo hace esencial para articular frases. Además, esta misma mutación se ha detectado en los neandertales de la cueva del Sidrón, España. Si ambas variedades de Homo ostentaron tal rasgo, esto significa que lo heredaron de un ancestro común. Por genética se establece que ese antepasado debió vivir más allá de los 500.000 años, algo que encaja bastante bien con todos los datos anteriores. Es decir, un posible punto de partida para el habla articulada quizás fueran los Homo sapiens arcaicos y sus coetáneos de más allá del medio millón de años.
Fuente: educational EVIDENCE
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